entraste a mi vida
casi de apuro,
sin pedir permiso.
yo estaba ahí,
pura ingenua,
creyendo que tu llegada
no escondía ninguna treta.
al tiempo tu presencia
se fue tornando oscura
así como tu historia
se volvía de aguas turbias.
fue entonces que,
poco a poco,
mi luz
fue encontrando la sombra
en la que te convertiste tú.
es así como,
de pronto,
la estela de la lámpara,
mientras oscilaba colgada,
fue mostrando tus verdaderas caras.
ahí entendí que
debía resguardarme de ti,
que tu alegría por mi
siempre fue un genuino ardid.
tu querías todo lo que yo tenía,
tu querías todo lo que yo quería,
y yo simplemente
quería una buena amiga.
finalmente diré
que ni con tus arreglos podrás
volverte una vez más
una persona de fiar
ya que así tu esencia
no es más que solamente
una precaria escena.














