Sé que acabo de decírtelo, y que esas dos palabras no son suficientes para expresar todo lo que siento por ti, o tal vez sí, no estoy seguro ahora, creo que al final de esto, tú podrás decidir si son suficiente o no, pues en las próximas líneas haré mi mayor esfuerzo por expresarte todo lo que me haces sentir, así como la manera en que te veo, aunque creo que al final son cosas que ya te he dicho, y otras que aún no, me gustaría tenerlo aquí, y que tú supieras que está aquí, que no se perderá con la cotidianidad de los mensajes o serán palabras que puedan ser olvidadas, esto siempre estará aquí, y, así como lo que siento por ti, eso no va a cambiar.
Me gustas, eso es un hecho, junto todo lo que implica eso. Me gustas cada que hablamos, me gustas más cada que te veo; me gustas para compartir muchas cosas, así como me gustas para imaginar todo lo que quisiera poder hacer contigo si te tuviera cerca. No sé exactamente el momento en que empezó a ocurrir todo esto. En un principio, era algo demasiado obvio que me agradabas bastante, quería conocerte, me parecías muy interesante, así como me parecían curiosas las grandes similitudes que teníamos relacionadas a varios temas, me fue muy fácil sentir empatía contigo, así como sentirme identificado con alguien, y eso nunca me había pasado. Mucho tiempo me he sentido solo, que realmente no tengo con quién hablar o a quién pudiera contarle exactamente lo que pienso, sin tener en mente la idea de que pensaran que hay algo malo en mí, tal vez. A nadie había podido mostrarle lo que escribo aquí, ni en ninguna parte, pero eso cambió contigo, desde un principio sabía que me entendías de alguna manera, contigo perdí cierto miedo, cierta pena a mostrar lo que realmente pienso y siento, tú me hiciste sentir seguro por primera vez, al menos que recuerde, y eso es algo que de por si, ya te agradeceré lo que me resta de vida.
Mientras más hablaba contigo, más quería saber de ti, nunca me sentí fastidiado o cansado de hablar contigo, así como tampoco satisfecho, recuerdo muchas noches (y hasta la fecha) esperar tan ansioso el momento en que me fuera a acostar, para saber que dentro de poco más iba a poder tener esa plática contigo que cada vez se volvía más parte de lo cotidiano, siempre lo he apreciado mucho, aunque obviamente en un inicio nuestras charlas no se trataban para nada de lo relacionado a esto, aún así podíamos pasar horas al teléfono hablando de otras cosas, y aunque yo no identificaba aún todo lo que sentía por ti, era algo innegable que yo me sentía sumamente cómodo, tranquilo y feliz cada que podía hablar contigo.
Fueron pasando los días, y podía darme cuenta que cada vez quería saber más de ti, cada día me preocupaba un poco más por ti, cada día que pasaba me dormía hablando contigo y despertaba escribiéndote, pues cada día, pensaba más en ti, hasta el punto en que, actualmente, no puedo dejar de pensar en ti durante todo el día. Pude darme cuenta de que la manera en que te veía, no se limitaba ya simplemente a la relación que suelo tener con una amiga, sabía que era diferente, pero prefería ignorarlo, no quería complicar ese asunto, pues siempre he tenido muy en cuenta todo lo que esto conlleva, así como pensar en la muy alta probabilidad de que tú no sintieras ni por asomo, algo similar a lo que yo sentía, y pensaba también en que podría arruinar esta relación que ya había formado contigo en tan poco tiempo y que tanto disfrutaba, sólo por pensar en esto cada vez más.
Contigo aprendí que no puedo ignorar mis sentimientos, en especial cuando son tan persistentes y fuertes. No podía ignorar la manera en que te veía, ni cómo me sentía cuando hablaba contigo, tampoco podía evitar sentirme sumamente nervioso cuando algunas cosas fueron dichas por primera vez, y que hasta el día de hoy me siguen provocando estos latidos fuertes en mi corazón, así como incontables suspiros cada que las vuelvo a leer o escuchar; como la primera vez que me dijiste que querías poder dormir conmigo, la primera vez que te dije que te quería, o la primera vez que me dijiste que me querías. Nada de esto era normal, no en mi persona.
Hasta que este día, en que las cosas simplemente ya no volverían a ser iguales, no lo pude soportar más. Yo era un manojo de nervios diciendo muchas palabras, contando un sueño sumamente extraño en el que sucedía algo que ni siquiera había podido imaginar con claridad, pero que ya había ocurrido en sueños; ese primer beso del que tanto hablamos ahora y que no podemos dejar de pensar en ello. A pesar de ser tan consciente de la situación, y de tal vez, las repercusiones que tendría decirte todo lo que estaba a punto de decirte, en un acto sumamente egoísta, te lo dije, te dije tantas cosas que había querido evitar tocar en algún tema previo, que no me sentía contigo de la misma manera que me siento con cualquier otra persona, que no te veía de la misma manera, y lo más importante, que no me sentía así, como si se tratara de dos personas sólo siendo amigos. Tú siempre fuiste amable, y me trataste bien, fuera de eso, no puedo recordar que dieras siquiera el más mínimo indicio de que tenías cualquier tipo de interés más allá de lo amistoso conmigo, yo, simplemente me dejé llevar por todo lo que sentía y me hacías sentir.
Siguió pasando el tiempo, hasta lo que nos acontece en estos días, que ambos tendemos a expresar más cosas, creo que sobre todo yo, te agobio, repito e insisto con todo lo que tú representas para mí, la manera en que te veo, y el innegable hecho de lo mucho, pero muchísimo que me gustas.
Pasaste a ser alguien con quién sólo me escribía una carta diaria a una persona bastante importante para mí, para mi vida, y lo que me pasa día a día. Hay cosas que pasaron de ser pensamientos efímeros a ideas que no puedo quitar de mi mente, y que ocupan mi cabeza la mayoría del tiempo, todos los días, sin falta alguna. No puedo dejar de pensar en lo muy rápido, o muy lento que pasa el tiempo, pues en este punto no tengo idea de si los días pasaron sumamente lentos y pudimos hablar y conocernos tanto en tan poco tiempo, o si los días pasaron demasiado rápido así como lo que empecé a sentir por ti, sólo sé que pasó. Ahora, hoy en día, no dejo de pensar en lo hermosa que te ves cada que te veo, y también lo hermosa que seguramente te ves cuando no te estoy viendo, pues no puedo borrar esa imagen tuya que he visto ya en numerosas ocasiones. Conozco la forma de tu cara, tus cejas, tu nariz, el color de tus ojos así como su forma; la forma y grosor de tus labios; tus orejas y la manera en que se ve tu pelo cuando decides tenerlo suelto, o cuando lo traes sujetado. Recuerdo muy bien tus expresiones, la forma en que me miras y lo mucho que eso me hace suspirar, cómo frunces un poco el ceño cuando me estás haciendo cierta expresión que me causa demasiada ternura, cada que me sacas la lengua y pensar en lo mucho que me gustaría sentirla con la mía o en mis labios... también cuando te acercas mucho a la cámara y sonríes, tienes la sonrisa más bonita que he visto, me hace sentir algo que inunda mi pecho rápidamente, me siento agitado, y después eso disminuye de a poco, todo esto mientras no quito la mirada de encima tuyo y pienso una y otra, y otra vez lo mismo: “en verdad me gusta muchísimo”. El simple hecho de pensar en tu nombre, ni siquiera pensar en tu persona, sólo tu nombre, me hace sentir mariposas en el estómago y cierta intranquilidad, pues sé que ese nombre te pertenece, al punto, en que para mí no existe ninguna otra Laura en quién pueda pensar.
Sé que he hablado demasiado últimamente, y también aquí, de lo relacionado a lo mucho que me gusta tu aspecto físico, que es indudablemente hermoso, y que nunca me cansaré de decírtelo, pero quisiera decir, que obviamente, no sólo eres eso para mí, eres muchísimo más que un rostro bonito (el más bonito que he visto en mi vida), eres toda una idea que tengo, eres el ser humano más bello que he conocido, y con el cual me he sentido más afortunado de conocer. Eres, todo el concepto del “jugo de tomate” del que te he hablado y del cual me enamoré, eres una persona maravillosa, con muchísimo que dar; creo que eres alguien bastante inteligente y que se esfuerza por conseguir lo que quiere, lo cual respeto muchísimo, tienes días malos, o no siempre te sientes bien, y eso no evita que todos los días me preguntes cómo estoy y cómo me siento, y si pudieras hacer algo por mí, que lo harías. No me dejas sentirme solo, y la verdad, no me he sentido así desde que te conozco, has hecho tanto por mí, y creo que en parte por eso no puedo evitar sentir todo esto por ti, pues creo que nunca antes alguien me había tratado o me había hecho sentir tan bien, no de la manera en que tú lo haces.
Por último, y más importante, al menos a mi parecer, es que has resultado ser alguien inspiradora para mí, y todavía más importante, sin ánimos de querer inspirarme, lo has logrado. Has logrado que una persona desconfiada, confíe; que una persona insegura se sienta segura de algo; que esta misma persona, tan realista, con tendencias más orientadas a lo pesimista, se sienta motivada a lograr algo y tenga una idea sumamente optimista a algo lo cual es, tal vez, poco probable que suceda, pero que haré todo lo que esté en mis manos, y hasta lo que no, para lograrlo, me has motivado querer ser mejor persona y querer superar incontables cosas con el simple y sencillo objetivo de algún día poder estar contigo, pues estoy sumamente convencido de que al final todo habrá valido la pena el día que pueda estar contigo. Estoy muy seguro de que no existe ninguna otra persona ni medianamente parecida a ti, y ya soy lo bastante afortunado para que el destino me permitiera conocerte, así que no pienso soltar esta oportunidad de una vez en la vida, porque tú, y sólo tú, puedes hacerme sentir todas estas cosas.
Al final, me encanta cómo te ves, me encanta tu sonrisa y tus expresiones. Me encanta cómo te ves con tus gafas puestas y cómo te ves sin ellas. Me encanta tu risa, tu voz y sus diferentes tonos. Me encanta tu sentido del humor y cómo me haces reír tan seguido, Me encanta la manera en que me haces sentir. Me encanta todo de ti, todos esos pequeños detalles que en conjunto forman a tu persona, y, por sobre todas las cosas, me encantas tú.
Dicho todo esto, creo que sólo decirte “me encantas”, no es suficiente para poder expresar todo esto que siento y pienso de ti, entre muchas otras cosas más, que en un futuro tanto lejano, como cercano, continuaré diciéndote. Pero, por el momento, sólo puedo decirte que: me encantas, Laura.