Rebelión a fuego lento, muy lento
Durante mi época de secundaria, recuerdo que muchos de mis amigos tenían una cuenta de Tumblr, un blog personal en el que compartían fotos, reposteaban publicaciones lindas y hasta compartían algún pensamiento romántico.
Para mí, este espacio servía como fuente de inspiración; un mapa de imágenes y trazos que me alentaban a hacer mis propios dibujos.
Pero con el paso de los años, mis lápices y acuarelas quedaron quietos. No fue solo que el interés fuera para otros rumbos, sino la excusa de la falta de tiempo. Me convencí de que no tenía horas suficientes, pero hoy me doy cuenta de la verdad: el tiempo no se perdió, simplemente me lo arrebaté.
Es cierto que a comparación de la secundaria, tanto la preparatoria como la universidad son mucho más demandantes; aún así tengo el lujo de rescatar un par de horas libres para abrazar el tan necesario ocio. El problema es que mi ocio dejó de ser un acto creativo, como lo era dibujar, para convertirse en puro y duro scroll infinito.
No quiero decir que en el ocio uno siempre deba estar siempre produciendo, ni caer en la ridiculez de que no hacer nada es perder el tiempo. Tenemos todo el derecho a aburrirnos, a despojarnos del sentimiento de tener que ser útiles. Pero el problema real aparece cuando ese "no hacer nada" es invadido por la inercia de pasar de un video a otro en ráfagas de cinco segundos, perdiendo la conexión con nosotros mismos durante horas.
Este blog nace un poco de ese pensamiento, nace de un golpe de realidad: descubrir que podía pasar hasta ocho horas al día saltando entre videos de treinta segundos, uno tras otro, sin pausa. Me di cuenta de que ya no hacía nada de lo que amaba bajo el engaño de no tener tiempo, cuando en realidad era yo quien me lo arrebataba.
¿Dónde quedaron los dibujos? ¿Dónde quedó el espacio para habitarme? Recuerdo esos años con mucho cariño, varios dibujábamos, otros devoraban novelas enormes en una semana y algunos hasta se atrevían a escribir sus historias.
Y aunque claro que el tiempo libre no es el mismo de antes, hoy elijo recuperar ese terreno. Como dije antes, no se trata de renunciar al descanso ni al ocio, sino de vivirlo distinto. Seguiré teniendo mis ratos de desconexión y mis dosis de videos graciosos, pero abrazar este ocio activo en el que escribir pesa más que esa inercia, ese es mi pequeño acto de rebelión.
Disminuir el consumo excesivo para empezar a crear, aunque sea a fuego lento, muy lento.