Empanadas crocantes de yuca
-¡Hijueputas! Lo mataron, mataron la risa.
Todos voltearon ante el grito repentino. En empanadas crocantes de yuca, un local pequeño ubicado en la calle 63 entre 30 y 24, todos se quedaron callados por un momento. Al fondo se escucha el sonido de las noticia en el televisor y el comienzo de los murmullos.
1
-¿Cómo pudieron haberla matado?
- A bala: la mataron. La balearon. La silenciaron.
5:35 a.m. sale de su casa elegante como siempre, preparado para morir en cualquier momento. Camisa blanca con rayas cafés, camioneta Cherokee con destino a Radionet. Jaime Garzón recorre la 26 a la velocidad con la que cualquiera lo haría a esa hora. A tres cuadras de la emisora y después de encontrarse en el camino con Yamid Amat, entonces director de Radionet, se escuchan seis disparos después de un llamado: ¡Jaime! Los criminales de la moto blanca le dispararon de frente, viéndole la cara. La risa y la sátira son a prueba de balas, su fabricante no. El viernes 13 de agosto de 1999, el país recordó que está acostumbrado al luto. Otro asesinado por buscar la paz. Otro más.
2
-¡Mataron a Jaime! Humoristas hay muchos, Jaimes hay muchos. Pero ese man era único.
-¿Se acuerda de lo que decía? Eso de no tomarse en serio la vida porque era un juego.
En su infancia, a Jaime le encantaba jugar al bus con sus primos y hermanos. Era el conductor preferido. Imitaba a la perfección el arranque del bus, las frenadas, el sonido de las puertas. Su sentido del humor hacía todo más ameno. Nunca se tomó la vida en serio, desde chiquito era inquieto y le gustaba hacer reír. Al crecer comenzó a ser más crítico con la realidad del país. Lo echaron de la Normal Nuestra Señora de la Paz porque su conducta y pensamientos eran difíciles de manejar. Leía historietas y literatura de vanguardia en lugar de prestar atención a clase. Alguna vez, cuando una profesora trató de decomisarle los libros, él le dijo: “Se puede robar el de historietas, pero el otro no”.
Siempre le gustó hacer bromas. Una vez llamó a Gabriel García Márquez haciéndose pasar por César Gaviria y le dijo que lo necesitaba para las conversaciones con las FARC y el ELN. El nobel le creyó. Después, para ser perdonado, pidió excusas personalmente declamándole a Gabo el comienzo de Cien años de soledad. Ninguno de los dos vio el acuerdo firmado con las FARc ni los inicios de las conversaciones con el ELN, pero ambos creyeron que pasaría.
3
-Jaime no creía en armas sino en pedagogía. A su modo, fue un héroe.
-Y acá los héroes se mueren a bala.
Tenía fe como pocos y sabía del poder de los jóvenes. Rara vez se le veía decaído en las entrevistas o en su programa de televisión. Su trabajo y vida fueron un espectáculo. Cuando dijo ante un auditorio que “nadie podrá llevar por encima de su corazón a nadie, ni hacerle mal en su persona aunque piense y diga diferente”, la audiencia no pareció dudar. Entre aplausos y risas expuso los pesares, problemas y desdichas de Colombia. Hoy sigue siendo un referente para la juventud. Su rostro acompaña al del Che en la fachada del Auditorio León de Greiff en la Universidad Nacional.
4
-El problema de este país es que no resiste la verdad.
- No, el problema no es la verdad o la mentira, es la guerra.
Su padre murió a los 40 años. Esa muerte lo marcó tanto que decidió no tener hijos para evitarles el sufrimiento de una ausencia paterna. Terminó por creer inmoral e irrespetuoso vivir más que su padre. No lo hizo, vivió 38 años. Poco después de los disparos el edificio Colombia se quedó sin portero, el país sin embolador, el presidente sin cocinera y nosotros sin Jaime.
Se escucha de fondo el sonido del televisor en la cafetería.
- “Y hasta aquí los deportes… País de mierda.”












