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the only acceptable bed
Entrenando con Franz
La otra noche junto al río un espíritu me contó la siguiente historia:
“... existe una Diosa -casi olvidada- que en sus manos lleva una antorcha de luz vieja y tenue de color rosa. Antiguamente la llamaban Eos. Ella hacía cantar a los pájaros y advertía a los demonios de terribles pesares. Ella hacía posible que el sol naciente surgiera victorioso. A ella ahora la conocen como Aurora.”
Esa historia la recordé mientras entrenaba junto a Franz y Antonieta.
Ay querido Franz, te veo tan seguro y confiado en tus poderes -que por cierto los tienes- pero no logras ver las uvas bajo la noche. Actúas sin memoria, como si jamás hubieras sentido el beso debajo de la piel. El control que proyectas te distancia de tu propio Dios. Dracon te dejo una ventana abierta y te niegas a mirar más allá de tus narices. Si Dracon te pidió que cuidaras a la dulce Antonieta, es para que la uses.
Ay querido Franz, el brillo de tu armadura solo conoce la luz pálida de la luna. Pero recuerda la Aurora, ella puede hacer que vuelva a salir el sol.
En esta guerra no solo escucharemos el sonido del metal y el grito de la carne.
Usando la vicisitud en mi pelo
The Eternal Slumber by Alex Konstad
Ofrenda a los espíritus
Escribo en este diario luego de abrir el cubo que tomé prestado de Ulrich.
Estoy sentado frente al río oyendo el torrente. Miro en la tierra y veo mi cuerpo derramando la sangre de Ludmila y Milena. La sangre toca el río y observo como se diluye en el agua, se esparce y se va lentamente, como si fuera un baile, quizás una danza fúnebre.
Miro la orilla del río y sus cuerpos aún están ahí, atravesadas por su columna vertebral, crucificadas en un solo cuerpo, unidas por la vicisitud. Sus ojos miran al vacío.
Pienso que las palabras y su arquitectura albergan demonios.
Pienso en el pecho abierto de Franz, su carne maldita y sus huesos de barro.
Pienso en su cuerpo sobre la tierra de los Cárpatos.
Pienso en la pesadilla de la otra noche.
Soné que estaba con Dracon, Antonieta y Aurora paseando por el castillo. Yo miraba por una ventana y veía algo acechando en el río. Salía y me encontraba con Lenuta. Ella tenia un pez en su boca, sus ojos estaban completamente blancos. Luego ella se sumergía en el agua atemorizada. Me sentía confundido. Subía a la Torre de los Gritos y estaba llena de gusanos. En ese momento el castillo se derrumbaba y yo desperté sudando sangre.
Pienso en esas noches y en la de hoy.
Pienso en las noches que vendrán.
Me levanté y caminé hacia el río. Ví a la luna reflejada en el río; un sueño de las estrellas. Puse el cuerpo de Ludmila y Milena sobre el agua, las sumergí conmigo, y nadando hacia el fondo, las dejé ir y vi aquel cuerpo siamés hundiéndose como una preciosa ofrenda a los espíritus.
By rich_e_lord.
@szlachtas
El Bezoar
Shrunken Head Sculpture by Tomàs Barceló
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Frankenstein by Hassan Hameed Tabrizi
Franz
Illustrations by Hassan Hameed Tabrizi
Conversaciones de pasillo
Entre en Frenesí y me sumergí en el río. El miedo vibraba en la sangre de mi cuerpo putrefacto. El destello sombrío de la bestia.
Tengo una serie de imágenes inconexas y no sabría muy bien como explicar lo que paso y bueno, claro que tuvo consecuencias, la primera de ellas esta a la vista, mis palabras se deslizan a través de mi lengua con cierta dificultad.
Acompañé a Antonieta porque ella me lo pidió. No es que yo tenga… otras intenciones ¿sabes?
Sí, creo que hay una presencia que habita por encima de este mundo. La he podido sentir de maneras sutiles. Algunos espíritus que he visto dan la sensación de ser parte de otra cosa. Y claro, no son los únicos seres. Todo eso es un desconocimiento del que me gustaría seguir teniendo muchas preguntas… Antonieta pone signos de interrogación allí donde no los había, ese efecto para mí es, a lo menos, interesante.
¿Que a qué sabe la sangre de cocodrilo? Contestaré con lo primero que se me ocurre. Esta no-vida que nos determina no es un símil a lo que se conoce como la muerte. No estamos muertos como otros creen, de eso estoy convencido. La vida humana que tuvimos se arrastra como un cadáver por nuestros pensamientos, por nuestro cuerpo. Nuestra no-vida es el momento exacto en el cual casi nos atrapa la muerte. Son las consecuencias de su toque. Esa es la real maldición de Dios sobre nuestro padre y ese es el mensaje que nos toca transportar en este mundo. Cada uno a su forma. Quizás los Capadocio sean los más fetichistas y obvios en esto. ¿Nunca te has preguntado que tiene la sangre que nos produce ese placer tan exquisito? La bestia puede que en parte no sea más que un niño asustado. Esa es la forma en la que por ahora puedo verla, pues piénsalo, cada vez que te acercas al fuego, cada vez que tienes hambre, algo burbujea escandalosamente. Es la muerte haciéndonos danzar frenéticamente. La sangre, que es la vía de otra cosa de la cual no hablare acá, por un lado, calma, pero, así como un niño hambriento es capaz de beber leche hasta desgarrar el pezón de su madre dañándola sin ninguna dosis de culpa, la bestia se desata sin medir consecuencias. Hay que domeñar a ese niño. Hay que darle otro cuerpo. Te contaré un secreto: la bestia necesita nuevos ropajes. Esta forma humana la mantiene intranquila.
Ah… si, perdón. La sangre de cocodrilo no estaba nada de buena, pero tienen bonitos ojos.
“Skeletons”
contained in “Kyosai Manga”
by Kawanabe Kyosai
Four Horsemen by Ching Yeh
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unos koldun
A Dance With The Beast by Odobenus
H.R. Giger
Hacia tierras salvajes de la mano de @pela-schmidt. 🌄🌲🌲🌲
Conocí a Antonieta.
Viajé junto a Milena de los Carpatos hacia el Castillo. No fue fácil pero lo logramos. Mi cuerpo se transformó en una maquina marina.
Cuando llegamos al Castillo conocí a una niña. No la había visto antes y por alguna razón, llamó mi atención. Le pedí una copa de sangre.
Después, mientras yo recorría tranquilamente, bajo la luz de la luna, los pasillos del Castillo, volví a topármela. Me comenzó a hablar. La escuche. Me pidió que la acompañara. La acompañé.
Nos adentramos por un jardín interior.
El viaje fue extraño. Me sentí inseguro. Vi a un humano con cabeza de león y sospeché de él pero no se lo dije a ella.
Hablé con un espíritu del mar negro que habitaba en un árbol de grandes raíces que protegía una tablilla. En la tablilla había símbolos musicales. Ruidos armónicos.
Lleve a Antonieta sobre mi lomo en forma zulo. Corrimos de un ser oscuro.
Bailamos en silencio.
Nos topamos con un cisne negro y debajo de él, un hueco de tierra se abría. Entramos. Le conté algo a Antonieta y confundida se le cerraron los ojos.
Me dormí.
Regrese al castillo. La Torre de los Gritos ya no es mía.
¿Realmente quiero recuperarla y volver a dormir como lo hacia antes?
Pienso que el cambio debe ser perpetuo.
Dormiré debajo del río acompañado de espíritus.