Épica de la vida cotidiana
La heroicidad se encuentra en la vida corriente del común de los mortales; los que no están -no estamos- dotados para el heroísmo, para las empresas hercúleas, los desafíos grandiosos, los cambios de timón de la historia.
Existe una épica del anodino día a día; la que se encuentra en asumir los desafíos que nos plantea un progreso (desnudo de sentido político o de mero amejoramiento) que no controlamos. De ese material se nutre la buena literatura.
Dos ejemplos. El primero, grandioso. "Stoner" de John Williams. Un relato conmovedor de un fracaso vital tal vez sólo aparente. Estamos ante una de esas obras inexplicablemente postergadas que, de improviso, son recuperadas décadas después. Con Stoner me sucedió un hecho inédito: dejé las últimas veinte páginas sin leer durante semanas porque no quería terminarlo. No por intriga, sino por bueno. La capacidad de los narradores estadounideses de recoger la desazón humana de la posmodernidad y la posterior licuefacción social y moral no tiene parangón. Ya se sabe: De Lillo, Ford, Roth, en cierta medida Auster... Williams y la sensación de vacío, abandono, zozobra, naufragio que logran expresar. El segundo, un absorbete fárrago: "Los hijos", de Gay Talese. De uno de los padres del "nuevo periodismo" había leído la detallada historia de los Bonano en "Honrarás a tu padre", reportaje novelado (como corresponde al discutible género aludido) precursor, al parecer, de "El Padridno", "Los Soprano" y demás ficciones creativas del género de mafias.
Talese costruye una historia de la emigración italiana a los Estados Unidos a partir de la de su familia.
Revelador y consistente relato con curiosidades: la obsesión por los que denomina "Borbones españoles" (la rama Borbón-Dos Sicilias) y un cierto desconocimiento de la influencia de culturas en Sicilia. Por ejemplo, olvida (no sé si por ignorancia supina) el papel de la Corona de Aragón y salta de los Hohenstaufen y los Anjou a la Corona Española sin mayores matices. Disgresiones: Lo del "nuevo periodismo" me ha sonado siempre a marca comercial, a etiqueta y a coartada. Tanto y tan poco. A estas alturas, no voy a quejarme de la mezcla entre realidad y ficción literaria. El periodismo es ficción, pero no todas las ficciones tienen la misma cualidad. Periodismo es periodismo y novela es novela, ambas copian la realidad con la condición de verosimilitud. Pero el periodismo aspira a narrar lo sucedido y la novela a lo que pudiera ser. El periodismo novelado es un oxímoron... me parece.













