nadie nunca me va a poder sacar este dolor. Por más que lo intente, por más que haya momentos de lucidez, de amor, de felicidad y de olvido, siempre caigo en el mismo recuerdo, siempre me tropiezo con la misma piedra.
El tiempo cura, dicen, pero también da espacio al pensamiento y a la realización, al darse cuenta y al abrir los ojos.
En todo ese tiempo mental, hay una idea recurrente: poder volver el tiempo atrás. Tan atrás como sea necesario para nunca tener que sentir cómo mi corazón se rompe en mil pedazos, tan atrás que no tenga que lidiar con juntar mis piezas para volverme a armar en soledad, en oscuridad y desesperanza, perdiendo partes en el camino, no encontrando la manera de hacerlas encajar.
Tengo que lidiar con la noción de que no voy a volver a ser la que era nunca más. No voy a ser más esa chica loca, que quiere llamar la atención, que grita y que le gusta ser mirada, ya no me reiré de las mismas cosas, ni me mostraré igual, porque últimamente busco esconderme, lo más difícil de encontrar posible. Que nadie pueda verme, que nadie pueda oírme ni saber de mí. Porque siento sus ojos encima, todo el tiempo. Siento su desprecio y su odio. Quizás es un reflejo de mis propios sentimientos. Estoy segura que mucho tiene que ver con eso.
Releo, busco, encuentro y pienso en todo lo que no tuve en ese momento, en todo lo que existió en ella que te atrajo tanto, que acaparó tanto tu atención como para descuidarme, como para dejarme tirada y olvidarme, y después volver a casa, mirarme a los ojos y con los mismos labios que la besaste a ella, decirme "te amo" y besarme a mí.
Y también pienso en ella. Estuve en su lugar alguna vez, también fui la segunda mujer. Pienso en su tristeza y en su dolor pero, a pesar de todo, me es imposible empatizar. Solo quisiera verla, mirarla a los ojos para poder entender. Pero no creo encontrar nada ahí. Nada fructífero, nada bueno para mí, supongo. No se. Me gustaría poder sentarnos a tomar un café y terminar con la guerra fría y silenciosa que alguna vez empezamos, no porque quiera su perdón sino porque quiero darle un fin. Porque me siento atrapada. Me siento controlada. Mientras ella puede tuitear lo que se le da la gana y él puede hacer sus canciones, a mi me quieren dejar sin nada. Ella pide que yo deje de escribir y eso es como arrancarme el alma. No puedo permitirme dejar de hacer lo que hago desde que tengo uso de razón. No puedo negarme este escape. Si escribo es para sacarme este dolor, para sacarlo de mí como el denaje de una herida infectada, llena de pus y gusano, que matan la carne y adormecen el alma. Escribo esto porque necesito sacarlo de mis entrañas. Necesito decirlo tanto, tanto, tanto que en algún momento ya se acabe, se agote, y ya no quede nada que decir y pueda así, quizás al fin, estar en paz adentro mío.