Es de noche y el viento empezó a arreciar, las hojas desprendidas danzan al pasar, tan dichosos fragmentos otoñales. Poco a poco y sin saber cómo, se precipita desde donde nacen las estrellas.
Se siente un frío que congela sus átomos y, a su vez, logra ver el pasar de sus días mientras cae y entonces se apagan las luces, se baja el telón... Sigue cayendo y va ganando cada vez más velocidad. Se precipita con tanta fuerza que el frío de su cuerpo se convirtió en calor abrasador y sus restos en ceniza candente... No era un final si no un nuevo principio, más unas alas se formaban para sobrevolar el abismo, así ha renacido. Su vuelo empieza algo torpe, pero con instinto innato logra superar dicho obstáculo. Joven y osado rebelde, rebosante en virtud y carente de miedo cuyo fuego ahora es permanente y en su presencia todo arde pues anhela encontrar tus latidos nuevamente.
Pasión irrefrenable y ardiente deseo eterno de beber de tus labios. Imparable e incomparable locura, así es como empieza su camino a lo que sus corazones y cuerpos exigen fervientemente. Beber(te) hasta embriagar mi ser.
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