Si me hubieras escrito hace nueve meses, ahora mismo ya estuviéramos dando a luz a ese amor. Pero la cagaste, y yo aborté esa forma tan individualista en que ofrecías lo que sobraba de tu tiempo y espacio. Se llamaba algo así como “la estamos pasando chido, no hace falta comprometerse”.
Pero yo no hablaba de comprometernos, yo hablaba de arriesgarse a vivirlo. Y hoy regresas reclamando un lugar que ya no tienes en mi vida, aborté el cariño que estaba gestando hacía ti.















