No podía evitar sonreír cada que la profesora hacía algo inusual, pero esa era la verdadera magia de la escuela, las cosas más improbables siempre podían ser. Escuchaba atentamente pero a veces ella era demasiado rápida y apenas le daba tiempo de tomar notas, siempre anotaba todo lo que fuese importante y en ese momento todo era importante.
Se presionó para saber si su sapo era una persona, la verdad no tenía idea de que estaba haciendo. Miró todos los frascos, miró las notas para saber como mezclar la cantidad exacta. La verdad le resultaba un poco extraño que utilizaran personas para ese tipo de experimentos pero bueno de alguna forma tenían que aprender además seguramente cumplían un castigo.
Por algunos momentos miraba al techo como si ayuda divina llegaría, pero realmente tenía magia así que era aún más grande la paradoja. Cuando vertió el brebaje sobre el sapo este comenzó a balbucear.
-Ay demonios. -Dijo Lander en voz alta intentando comprender todo, tenía una cara de asco porque realmente odiaba a los sapos, también era de confusión porque no sabía que hacía y de felicidad por haber preparado bien la fórmula.
La rana comenzó a hablar y hablar se dio cuenta que era un humano porque un sapo no tendría una dicción y vocabulario tan amplio en unos minutos. Le contó que había sido transformación a través de un hechizo. Levantó su mano.
-Profesora, estoy seguro que mi amigo sapo es un humano fue un hechizo así que solo necesita otro hechizo para revertirlo. -La miró y mientras esperaba una respuesta pensó en la paciencia que debió tener para convertir a cada humano en sapo solo para la clase eso era vocación.
No solía quedarse en silencio; es decir, era una drag queen, aquello no compaginaba bien con su personalidad, o al menos la de Bianca, la cual había decidido optar aquel día. Sin embargo, decidió quedarse en silencio, observando detenidamente a sus alumnos. De vez en cuando escuchaba disparates sin sentido provenir de las mesas del fondo; y no tenía muy claro si era debido a la estupidez de sus alumnos repetidores, o si de los sapos que intentaban engañar a los jóvenes magos para poder transformarse en humanos.
De reojo, y curioso, observó a Lander, el cual parecía estar bastante nervioso. Cuando vio que estuvo a punto de mezclar el ingrediente incorrecto, el cual probablemente había transformado su mano en una aleta si no hubiese tenido cuidado, no pudo evitar sentirse inquieto, deteniéndose justo a tiempo para no ir a echarle una mano. Mas luego el desastre se pudo evitar, así que decidió darle un voto de confianza.
Se paseó por la clase viendo los avances de sus alumnos, y cuando vio al mismo chico que mencionó lo de darle un beso a su sujeto, estaba a punto de hacer lo mismo, no pudo evitar quitarle el sapo de las manos. “¡Ryan, eso es violación! Que no hayas conseguido que tu sapo hable no te da permiso para que intentes otros métodos. ¿Acaso te ha dado su consentimiento?” Se lo llevó consigo, dejándolo dentro de la caja de su propio sapo. Mas pronto una voz conocida le llamó la atención, antes de poder seguir haciendo su ronda. Se acercó a él, sentándose sobre el borde de su pupitre. “Pregúntale qué tipo de hechizo fue, o si sabe qué palabras fueron las que utilizaron para convertirle.”
No quería admitirlo, pero acababa de darle a Lander una pista muy grande. Porque no quería decirle directamente que se había equivocado. Los sapos del mundo mágico eran mucho más inteligentes que cualquier otro sapo normal, y estaría a punto de averiguarlo cuando, después de decirle el tipo de hechizo que se supone que habían usado en él, Lander fuese lo suficientemente inteligente como para investigar en su libro, y no caer en la trampa de recitarlo en voz alta.