La gente de las esquinas duerme en hombros
del viento de sombrero alón,
Pero no por eso viajes en malas compañías
no viajes a la zaga del viento trapero
o el viento pajarero
porque dejarás de escuchar
lo que dice de embrujo el suburbio
y ella no saldrá de la bañera dejando atrás su cola de sirena
para concederte su amor.
Allí donde los puentes elevan sus arcadas
color rosa
sobre las aguas oscuras del río citadino.
lejos de las consignas que preconizan a diario
la abolición de la poesía y el ensueño amorosos
a cambio del uso ciudadano o político
del bulldozer y la retroexcavadora
en el parque venusino del vecindario,
donde ayer apenas era posible tocar un panal de abejas
o escuchar la queja de la tórtola en la estación invernal.
No viajes en hombros del viento de sombrero alón,
a espaldas del viento
trapero o pajarero, el viento de rapiña de la guerra,
que hace del claro de luna una pila de escombros
y un desierto del jardín de tu casa de campo,
porque dejarás de escuchar lo que dice
el cielo estrellado
a los viajeros del Sahara, el Atacama,
el Gobi, o el Mojave.
A medianoche cuando el tiempo es una burbuja de jabón
en boca de un niño y el horizonte el seno turgente y areolado de la vía láctea.
DESIERTO
Raúl Henao






















