Los sueños son ciertamente el motor insustituible que impulsa continuamente a las sociedades a alcanzar lo que un día se pensó inalcanzable, a crear aquello que se asumió como imposible, y a llegar más allá de los límites de un mapa que por muchos siglos estuvo inconcluso.
Soñar es abrir una ventana de infinitas oportunidades y esperanza, y un claro horizonte al que queremos llegar. El ser humano no para de soñar, no detiene su naturaleza y ansias de seguir creciendo y conquistando senderos que nunca antes había explorado. Coartarle a alguien la oportunidad de soñar es, sin duda, negarle su más inalienable libertad inherente a su condición humana.
Nuestra historia a través de los siglos nos muestra cómo hombres y mujeres tuvieron la valentía y el coraje de enfrentar el rechazo y la incomprensión con el firme objetivo de cristalizar ese sueño que apasiona el alma, que provoca que los niveles de adrenalina se agiten, que nos hace crecer y desarrollarnos cada día más. Esos hombres y mujeres hoy son considerados los grandes ‘héroes’ de la historia de la humanidad, y no tuvieron súper poderes ni un traje llamativo, tampoco surcaron los cielos de su época volando con una capa y máscara; sin embargo, nos demostraron que el límite de la capacidad creativa de cada uno está donde empieza nuestro miedo a lo diferente.
En un Ecuador cambiante, con un claro desafío para las próximas décadas, dejar que los sueños de cada ciudadano sean respetados, aceptados y motivados desde toda esfera de poder político es, quizá, la mayor política pública que aún queda pendiente desde el buró revolucionario.
Somos claramente una sociedad de emprendedores; ni los devastadores incendios en la temprana edad republicana, ni la corrupción de una casta política irresponsable que dilapidó nuestra identidad más formal como sociedad, han permitido que los ecuatorianos nos quedemos impávidos ante episodios que han trastocado nuestra estabilidad. Ante las inverosímiles crisis que tiñen nuestra historia hemos sabido responder con absoluta convicción, entereza y pasión para levantarnos y seguir creciendo como la próspera nación que hoy somos, y queremos libremente serlo.
Lograr una economía sólida, sostenible, flexible ante shocks exógenos no es una tarea sencilla, ni mucho menos de pronto cumplimiento; es, por el contrario, la consecuencia del empoderamiento absoluto de los sueños de cada ciudadano en el día a día, en la agenda política y el discurso de quienes, en representación nuestra, ejercen la responsabilidad de conducirnos hacia ese horizonte trazado desde lo más íntimo de cada individuo. Sin embargo, Ecuador tiene un dilema que resolver a corto plazo, o el poder de conducir la sociedad lo tiene un burócrata, o lo tenemos los ciudadanos.
Sin duda la solución más creativa, aunque suene descabellado mencionarla de esa forma, está en la capacidad que tenemos todos de soñar y de cristalizar esos sueños. Aquel individuo que se atreve a pensar distinto, a ver el vaso medio lleno cuando está medio vacío, a ver oportunidades donde muchos vemos crisis, aquel individuo lo conocemos como un emprendedor.
El emprendedor no tiene miedo a las circunstancias que podrían afectarlo, puesto que se nutre de ellas para seguir avanzando. En una economía en transformación como la ecuatoriana es tan necesario que proliferen ciudadanos emprendedores; ciudadanos comprometidos y convencidos que su sueño es además el motor de otros sueños. Si en una economía no existe esa continua regeneración de ideas, de conceptos, seguramente nos enfrentaremos a un futuro bastante triste, puesto que caeremos en la rutina y nuestro desarrollo habrá quedado en una utopía de quienes alguna vez se atrevieron a pensar distinto.
Los emprendimientos son inagotables fuentes generadoras de empleo, por lo que podríamos decir que son el engrane que da estabilidad a los hogares de nuestra economía. Son además el espacio perfecto donde cada uno puede mostrar sus habilidades y aportar al mejoramiento continuo de ese emprendimiento. El emprendedor es, por consecuencia, el agente perfecto de redistribución de riqueza dentro de la economía; es quien libremente asume el riesgo de invertir tiempo y recursos a cambio de la satisfacción de ver a sus clientes disfrutar de la producción derivada de su inversión.
Muchas veces el término empresario, en la sociedad ecuatoriana, está estigmatizado por unos cuantos que hicieron de su ‘poder’ económico una ventaja inmoral para conseguir beneficios ilícitos. Sin embargo, el empresario es un servidor importante para la sociedad; es quien asume libremente el riesgo de invertir para poder generar un sinnúmero de beneficios, para hacer que muchas historias estén llenas de sonrisas, y para que nuestra vida, en cierta forma, sea un poco más sencilla.
El emprendedor es apasionado, no escatima en esfuerzo, tiempo y recursos para lograr las metas que se ha trazado. La pasión es lo que lo mueve a pensar incansablemente cómo puede seguir solucionando la vida de los demás. Es esa visión holística lo que hace de él un individuo en constante aprendizaje y comprensión de su sociedad. Está dispuesto siempre a escucharla y a aprender de ella, observando detenidamente su evolución; lo que implica una constante obligación a ser creativo, a innovar.
Las necesidades de la sociedad no son, ni fueron siempre las mismas; se han transformado siglo tras siglo, y los emprendedores son quienes viven el registro de esa transformación. No sólo han inventado, sino han reinventado su aporte adaptándolo a las nuevas demandas de los consumidores. Es ahí donde se identifica claramente el espíritu emprendedor, que en su máximo esplendor desarrolla en el individuo un amplio sentido de oportunidad.
No obstante, muchas veces el emprendedor se enfrenta a escenarios que nunca contempló y se ve obligado a darse cuenta que él por sí solo no es capaz de sobrellevar la crisis, necesita un equipo. Su liderazgo busca que dentro de su equipo se unifiquen ideas, que se generen consensos, que haya armonía para encontrar la mejor solución, y poder demostrar una vez más, que no hay crisis para el emprendedor, hay sólo experiencias vividas.
Motivar la proliferación de emprendedores es una política de Estado y una responsabilidad para con las futuras generaciones. Si un Estado, de cualquier ideología que profese ser, no centra su atención en el emprendedor, estará creando silenciosamente la peor recesión que puede vivir una economía. Poner trabas burocráticas a la libertad de cristalizar tus sueños es como decir que no eres lo suficientemente capaz para demostrar que puedes administrar tu sueño, por el contrario, es el Estado quien asume ese rol inherente al ciudadano.
Si queremos que nuestra economía evolucione sanamente y crezca a pasos agigantados no es necesario un endeudamiento agresivo por parte del sector público, basta simplemente con mirar al factor mayoritario dentro de la economía: el sector privado. Es a él a quien se le encomienda la satisfacción de las necesidades de los ciudadanos a través de lo que conocemos como mercados.
Una economía de mercado tiene fallas graves en cuanto a asignaciones equitativas y justas del bienestar, no obstante es una buena herramienta para lograr esa redistribución de la riqueza, tan discutida hoy en día. ¿Cómo? La respuesta es aún más obvia pero poco sencilla de comprender: abriendo nuevos mercados, nuevas oportunidades. Sólo abriendo oportunidades en igualdad de acceso a todos los ciudadanos podremos asegurarnos que estamos dando las herramientas necesarias para que ellos puedan competir y así lograr crecer dentro de una dinámica de mercado.
Y es aquí donde nos damos cuenta que todos somos héroes de nuestra economía cuando nos ponemos la camiseta tricolor y asumimos la responsabilidad de prepararnos para poder dar lo mejor de nosotros a la sociedad. Los emprendedores son, quizá, el mejor ejemplo de aquellos quienes supieron comprender que para ser un país de grandes no hace falta tener grandes fábricas automotrices, sino la tenacidad y perseverancia para perseguir ese sueño que cada uno tenemos.
Cada ciudadano, desde su trinchera, es un contribuyente insustituible para la economía; cada uno aporta diferentes habilidades y competencias que, juntas en un marco jurídico garante de la libertad de emprendimiento, generan valor a nuestras actividades, desde las más simples hasta las de mayor envergadura.
Ser emprendedor, al final del día, no es más que tomar las riendas de tus sueños y perseguirlos hasta lograrlos. Ser un héroe de la economía, no es más que tener el privilegio de atreverse a soñar.
El factor clave del líder es su capacidad de comunicar
Una de las claves para que nuestros proyectos y emprendimientos sean exitosos es tener clara la manera en que vamos a comunicarlos. La manera en que expresamos lo que decimos dice mucho más que las propias palabras. He aquí el famoso dicho “no es lo que dices sino cómo lo dices”.
Estudios confirman que en la comunicación humana las palabras sólo conforman el 7% del mensaje que se quiere transmitir, el tono de voz 38% y el lenguaje corporal un 55%. He aquí la importancia de dominar herramientas que nos permitan una sinergia entre nuestras expresiones corporales y la tecnología.
Desde ponencias en congresos, proyectos para tu empresa o defensa de tesis; en cualquiera de las circunstancias necesitamos una buena presentación, ya sea frente a un auditorio o en una reunión privada. En la vida de muchos profesionales este recurso es utilizado permanentemente para persuadir a los tomadores de decisión sobre el desarrollo de un nuevo proyecto, para mejoras implementadas en procesos existentes, o sencillamente para explicar un concepto o una nueva tecnología, tanto en el ámbito académico como en el industrial.
Como cualquier otro tipo de comunicación, las presentaciones deber ser efectivas. Deben trasmitir de manera correcta a los receptores aquello que el profesional busca informar, y en muchas ocasiones, deben lograr persuadir el público objetivo sobre la conveniencia de realizar una acción específica.
Para que nuestras presentaciones sean efectivas, es posible seguir algunos consejos o recomendaciones:
Planifica tu presentación. Detrás de una presentación efectiva siempre debe existir una planificación meticulosa, es decir el emisor deberá crear un mapa mental de su presentación y definir el objetivo de la misma.
Sé claro y conciso. Exponer una presentación con mucho detalle no es siempre recomendable. El experto en oratoria Jeff Davidson en su libro “The Complete Guide to Public Speaking” establece que 7 minutos es el lapso de atención promedio de un adulto. Si tu presentación es larga o concentra contenidos importantes en una sola sección, intenta distribuirlo mejor porque es probable que el público se aburra y tus ideas no reciban la atención que merecen.
El material visual no debe distraer al público. Los colores que emplees, la cantidad de texto por diapositiva, el tamaño de tipografía y gráficos son factores que impactan al público. Selecciona temas simples, y usa alguna fotografía o imagen para dar dinamismo sin abrumar.
Tus diapositivas son un complemento. Recuerda que el contenido visual es solamente un complemento de la presentación oral. No te conviertas en un mero lector de tus diapositivas. Un buen discurso se apoya en gráficos, esquemas y foto; funciona mejor que párrafos y párrafos de texto monótono.
Nunca olvides al público. No hay que darle la espalda al público ni mirar hacia otro lado mientras estamos hablando. La presentación de cada diapositiva debe hacerse de frente al auditorio entablando un diálogo directo con la audiencia.
Mantén un tono fresco y amigable. El tono de la presentación no debe ser frío o técnico. De esta manera lograremos más empatía con la audiencia. Analiza el texto a comunicar, buscando términos que puedan entorpecer el discurso para reemplazarlos por otros más sencillos. Elige frases cortas y precisas, especialmente al momento de comenzar y cerrar la presentación.
Evita hablar rápido. Busca un ritmo en la alocución que mantenga atento a los receptos y al mismo tiempo les permita entender cada punto del mensaje.
Utiliza ejemplos concretos. Es de vital importancia darle vida al contenido de la presentación. Para eso utiliza ejemplos, no es recomendable quedarse en contenido teóricos. Consulta a la audiencia cuando sea apropiado, para conocer sus opiniones o experiencias sobre el punto que están tratando. De esta forma se los involucra en la presentación y se los hace partícipes de la misma.
Convenio entre el Colegio de Economistas del Guayas y BLB Capacitación y Consultoría
Con el fin de facilitar el intercambio de experiencias académicas a través de las diferentes actividades organizadas por el Colegio de Economistas del Guayas y BLB Capacitación y Consultoría, se firmó el 11 de junio del presente año el Convenio de Cooperación entre ambas partes.
A partir de la suscripción del presente Convenio los socios del Colegio de Economistas del Guayas y familiares podrán participar de la programación académica que ofrecemos gozando del 15% de descuento en todos los programas y planes de crédito preferenciales. Además, se prevé un mejoramiento continuo de la calidad de la oferta académica mediante el intercambio oportuno de profesionales para impartir cátedra en diferentes Seminarios Ejecutivos, Seminarios In Company, Congresos Internacionales y Consultorías.
El presente Convenio se establece para un plazo de DOS AÑOS, pudiendo ser renovado por mutuo acuerdo entre las partes.