Polo, un buscador de aquellos
“Esas historias con las que me había encontrado y que habían sido como un rumor que me ayudaba a escribir; ahora eran un estruendo que me impedía escuchar mi propia voz. En los últimos meses, había oído demasiado y había visto cosas que hubiera preferido no ver”
Hace cuatro o cinco años, prologué un libro y en un acto de generosidad de la autora, me concedieron una solapa para presentarme. Resulta curioso, Tanto escribir sobre otros, a veces nos aleja de nuestra propia descripción. No recuerdo mucho de lo dicho aquella vez, solamente que en un acto de sincericidio, escribí que trabajaba en un canal de televisión pero que hubiese preferido hacer un programa como el de Fabián Polosecki.
Polsecki, más conocido como Polo, al menos en Argentina, es el mejor exponente del periodismo gonzo, al menos en estas latitudes. Polo se metía en cada nota con una habilidad envidiable y lograba resultados que al día de hoy, me conmueven ante tanta chavacanería televisiva imperante.
El otro lado y El visitante, los dos programas de Polo, ponían sobre relieve historias que estaban casi ocultas en las calles de Buenos Aires. Putas, chorros, suicidas, vagabundos; fueron enfocados por Polo en un canal estatal y en pleno apogeo del menemismo, mucho antes de que algunos programas los convirtieran en parte de un reality show continuado y sin sentido.
Polo siempre iba mas allá, pero fundamentalmente, iba. En una época donde el teléfono, el mail, la inmediatez, nos carcomen los talones; donde la falta de recursos y la precarización, juegan en contra, Polo casi aparece como un artesano de la profesión.
El 3 de diciembre de 1996, Polo, Polito para sus amigos, apagó su propia luz y se tiró debajo de un tren. Tenía apenas 32 años.