Condenado por la expectativa
Uno de aquellos días de arduo de trabajo en el computador, entre correos y videollamadas, decidí darme un pequeño “break”.
Dejé el escritorio y me dirigí a explorar el refrigerador de la casa en la que me hospedaba. Mi semblante se iluminó el encontrarme un frasco de crema de cacahuate y otro de mermelada de fresa. No dudé en tomarlos al tiempo que me apresuré a sacar dos rebanadas de pan y las coloqué en el tostador.
Esos dos minutos parecieron eternos, pues decidí esperar la expulsión de mis rebanadas tostadas de pie y justo al lado. Como era de esperarse, aún sabiendo que sucedería, me sorprendió el sonido lo suficiente como para ocasionar un ligero movimiento mis hombros. Sin perder tiempo, tomé ambas rebanadas con las llemas de mis dedos consiguiendo quemarme sin gravedad, a consecuencia de mi falta de paciencia y exceso de antojo.
Comencé esparciendo la mermelada en una de las rebanadas procurando cubrir totalmente la superficie, para luego tomar en un solo movimiento cuanta crema de cacahuate le cupiera en la cuchara y esparcirla en la rebanada que complementaría mi anhelado “snack”.
Buscando convertir la primera mordida en un momento cuidadosamente construido, tomé mi creación y me encaminé al “backyard”. Ya en posición, contemple el sol entre las nubes, el clima se me antojaba bastante cálido, acompañado de un soplo de viento que aminoraba la sensación de calor.
Sin más rodeos tomé con ambas manos ese sándwich, lo llevé a mi boca y con una gran mordida degusté el primer bocado...
1 segundo
2 segundos
3 segundos
Algo no estaba bien.. El sabor no se pareció a lo que esperaba.
Consideré retirar el bocado de mi boca que asumiendo el riesgo terminé tragando. Acto seguido: desarmé el sándwich para probar cada ingrediente en lo individual. tras mi análisis de ingredientes mi veredicto fue: Algo no está bien con la mermelada. Así que regresé mis pasos hasta el lugar donde me había encontrado los frascos, y sosteniendo el de la mermelada con mi mano derecha, me di cuenta de que: No, no estaba vencida, y que la mermelada de mi sandwich no era de fresa, era de frambuesa.
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(Para que el título de la entrada haga sentido, tendré que compartirte un dato sobre mi: Tengo dos frutas favoritas, la primera es la naranja y la segunda es la frambuesa)
Así nos pasa en la vida
Nos preparamos con tanta dedicación y esfuerzo para un momento en particular, ya sea el primer trabajo, la pedida de matrimonio, la llegada de un hijo, comprar un vehículo, vivir en cierta casa. Que cuando no llega justo como lo esperábamos, no solo aparece la desilusión, a ella la acompaña la resignación. Este estado de ánimo que nos impide ver que cuando se cierran unas puerta se abren otras. Podría parecer ingenuo comparar la historia del sandwich, con la vida misma, sin embargo insisto en que no es muy distinto. Una vez que supe que la mermelada estaba hecha de frambuesa lo disfruté como no tienes idea, pues me encanta ese sabor. Lo irónico es que no lo pude disfrutar desde un inicio, solo porque me tomó por sorpresa.
No digo que renuncies a tu sueños y a lo que esperas de la vida, pero si te invito a disfrutar aquello que sucede aún cuando no lo esperabas. Cuántas veces no has escuchado de personas que corrieron de su trabajo solo para terminar en uno mejor. Cuando los quiebres no deseados, llegan por sorpresa es probable que la primera reacción sea querer escupirlos. En ocasiones detrás de esa decepción se esconde tu sabor favorito y para disfrutarlo hace falta abrazar la incertidumbre.
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