Escuchar la reafirmación contraria lo deja un poco más tranquilo, sólo un poco, permitiendo que una pequeña sonrisa se forme en sus labios. A pesar de la escandalosa y segura fachada, hay ocasiones (más de las que deja ver) en que las inseguridades de Felix flotan a la superficie, en especial cuando se trata de aquellas personas que podría considerar más cercanas a él. Porque nada dura, y bien lo sabe, el cariño siempre ha sido condicional, y la presencia de las personas nada más que pasajera. No hay razones para que crea que existe una persona que lo pueda hacer diferente. —Pues, traje algo para mí también, si no te molesta comer acompañado,— responde finalmente, levantando los hombros despreocupado, porque Bodhi tenía razón: no era la primera vez que iba a trabajar al taller con una resaca o aún ligeramente ebrio. Dudaba también que fuera la última. La expresión de Felix, inevitablemente, se ensombrece sutilmente con la culpa que aún le daba haber ignorado el mensaje de texto de su amigo. —Lo estás haciendo sonar horrible, Bodhi… No es eso lo que quise decir, de todas formas; en verdad intento estar para ti tanto como puedo,— añade, la sinceridad aflorando en sus facciones de manera absoluta. No era alguien que diera explicaciones, ni que se las debiera a alguien, para empezar. No obstante, sentía que con Bodhi era algo necesario, algo que evitaría que su amigo terminara por alejarse de él. Poco sabe lo que está detrás de ese comportamiento que se le antoja extraño desde hace días, desde aquella fatídica noche en ese mismo apartamento, en que había cruzado los límites entre una amistad y –lo que fuera que ocurrió. No puede ocultar la sorpresa que la verdad que sale de la boca contraria le provoca, incluso parpadeando un par de veces. —No quiero irme… Quiero –quiero pasar tiempo contigo, siento que hace mucho que no hablamos más que un par de minutos,— responde antes de mordisquear su labio inferior, nerviosismo que se comienza a proyectar como obvio en su persona, situación que detesta completamente. —Está bien… No te contaré nada, ¿vale? Sólo que no pensé que te molestara. No era mi intención que te sintieras así,— quisiera decir que sí, que sabe qué es lo que ha cambiado, pero una parte de él se mantiene en negación, incredulidad que no puede controlar y que aumenta con cada segundo que pasa. La confesión es inesperada, aquella que le hace congelarse en donde se encuentra, de frente al menor y con los labios entreabiertos por la sorpresa. —No…— inicia, negando con la cabeza, carraspeando para aclarar su garganta antes de volver a hablar, cayendo en cuenta de algo: —Ah… Como un amigo, ¿no? Ya me lo habías dicho antes,— porque no podía ser de otra forma. Años atrás había mostrado su interés en él, sólo para ser negado por la entonces heterosexualidad del menor. Luego, unas semanas atrás, había sido rechazado de nueva cuenta, ¿qué otra cosa podía esperar?
Acompañó la sonrisa de su amigo esbozando una también, no quería que se sintiera incómodo a su lado nunca ha sido esa su intención y siempre trata que se sienta a gusto cuando están juntos. Entrecerró sus ojos cuando dijo lo siguiente, le acababa de decir que no le molestaba tenerlo a su lado y tampoco le molestaría comer con él. “Claro que no me molesta, incluso es mejor comer acompañado y no solo con Rocco que últimamente viene siendo casi que mi única compañía.” Se rió un poco para sonar tan penoso y a la vez quitarle peso al asunto de que estaba pasando mucho tiempo solo. Hace un par de semanas que se había retraído un poco, solo saliendo al trabajo y luego a su casa. Fue hacía la cocina para buscar dos platos, dejando uno en el lado del rizado y otro en su lugar. “Solo estoy siendo sincero, no me debes nada Felix, no tienes que venir cuando te llamo y menos si estas ocupado.” Las siguientes palabras lo tomaron por sorpresa. “No es necesario que lo hagas.” Le gustaba que casi siempre estuviera a su lado para cualquier cosa, se había vuelto en una persona importante en su vida pero no lo quería obligar a que cargara con sus días malos. Lo miró de reojo, sin todavía poder mirarlo a los ojos. Se sentía tan raro desde que descubrió que en verdad le gustaba su amigo y que probablemente terminaría arruinado su amistad. Ya estaba empezado a notar esto desde su intentó fallido de tener sexo, el cual se encargó de arruinar cuando se alejó. “Entonces quédate conmigo, hoy no tengo que hacer nada.” Pequeña sonrisa adornó el rostro del chico. “Sí, creo que eso es mi culpa, lo siento.” Relamió sus labios. “No te quería alejar, es solo que mi cabeza estaba un poco confundida.” Por no decir que estaba convertida en un lío de pensamientos y sentimientos. No debería molestarle, lo sabía pero no podía evitarlo. “Gracias, supongo.” No sabía cómo responder a eso, le estaba pidiendo que dejar de hacer algo que hacían hace un tiempo. “No me molesta, ahora se sintió raro.” Encogió sus hombros, no sabía cómo explicar lo que había sentido ¿Celos? Claro que estos habían tomado el control de sus palabras y no lo aceptaría. Lo miró enarcando una ceja, extrañado por su no. “SÍ, Felix.” Le confirmó lo que había dicho hace unos segundos atrás, le había costado entender lo que sentía por el mayor y que ahora le dijera eso lo confundía, sin saber cómo reaccionar. “No, no lo digo como amigo.” Le corrigió cuando escuchó eso, ese siempre había sido su error. Su mala comunicación. “Me gustas de la otra forma, Felix.” Estuvo a punto de decir como novio, se retractó al pensar que podía sonar como algo demasiado serio. “Me costó darme cuenta y sé que hice todo confuso la otra noche, es solo que me asusté.” Nunca había tenido el valor de explicarle porque lo había alejado esa vez. “No te quiero perder como amigo y entendería si a ti no te gusto o si te quiere alejar de mí después de haberte dicho esto. Solo quería que lo supieras.”