Si he experimentado un año desafiante, seguro diría que ha sido el 2019. He soltado más que nunca y me he tropezado más que nunca. Perdí más que nunca o quizá gané demasiado, aún no llega la revelación. Fue un año estrepitoso de sacudidas violentas, besos a ninguna parte y despedidas obligatorias sin anunciar. Desencuentros de un sólo día. Aviones y carreteras. Fluir. Caer y caer y llegar tan abajo que el cielo parece una ilusión. Hipoglucemias que te tiran, moretones y golpes constantes. Romperse. Reconstruirse. Perder para encontrar. Cada vez menos tú y cada vez más yo, y eso me va dejando sin dramas... Quizá sanar con paciencia...quizá mejorar de a poco. Quizá repararse a cada paso. Que cuando te giras para ver un montón de sensaciones encontradas, lo único que puedes creer es que aún nos queda soñar. Y si para eso hemos tenido que lidiar con golpes a lo largo de un año, los he recibido con fundamento porque me queda la esperanza... Que si bien no soy de propósitos, soy muy de promesas, y esas sí que las cumplo aunque me tome un montón de vueltas al reloj cumplirlas...aquí nadie ha dicho que todo está perdido...
Clara Ajc


















