Estoy en Cancún, México. Escribiendo esto acostada en la cama del hotel con una persona en otra cama a la par. Contar esta historia suena hasta extraño. Ajeno. Raro. Pero hay mucha paz también, en lo extraño y lo ajeno. Quién lo diría… salí el jueves y llegando del aeropuerto de Costa Rica sonó Nodal… ajá, lo que llevabas tatuado en tu brazo. Sonó amé… “si te olvido nunca olvides que te amé…” Así empecé este viaje.
Un viaje que quizás hubiera querido hacer con él. Pero no pudo ser. Uno de los muchos que hablamos de hacer algún día… y que nunca pasó.
Te extraño, quizás más de lo que quiero aceptar. Quizás intento olvidarte con lo ocupada que es mi vida. Para no aceptar que estabas en todo. Aunque yo sabía que te tenía que soltar, lo que no nos dejó ser, fue el miedo. Miedo que ahora me envuelve en todo. En lo que quedó en lo que quiero construir… porque eras mi persona segura, aunque nunca lo acepté, aunque al día de hoy, lo niego incluso.
Me salió un recuerdo de hoy hace un año, donde me decías justamente que nuestra forma de decirnos que nos amábamos era muy distinta, muy de cada uno. Y joder, que tenías razón.
Yo nunca te dije que te amaba, no así, no tan abiertamente. Y no sé si realmente nunca lo dije porque genuinamente nunca lo definí como amor, pero claro que lo era, era un amor muy diferente al que estamos acostumbrados.
Ni siquiera podría decir que es el tipo de amor que anhelo o quiero para mi vida. Porque mi amor no se ve así. No el que yo quisiera proyectar en la pareja que tenga a la par. O en mis amigos, en general.
Tengo una persona a la par, en otra cama, que lo único que vino a darme en este viaje fue paz. Solamente paz. Pude dejarme no existir, no pensar, solo ser… respirar y existir.
Y qué necesario. Pero, y ahora? Qué tengo que hacer? Qué sigue después de esto?
Me siento abrumada, porque solo basta con ver todas las grietas desde este lugar de paz, para saber que hay mucho por hacer. Y no estoy segura de que estoy dando los pasos correctos para lograr salir viva de esto.
No quiero repetir historias. No quiero darle mi corazón a quien no lo merece. No quiero ser más la victima de una historia que ni siquiera me pertenece. No quiero ver el mundo desde las gradas más.
Quiero jugar, pero jugar desde la experiencia y con la certeza de que puedo hacer las cosas mejores.
No sé que viene, pero tengo miedo, y dicen que entre más miedo nos dé… más debemos de aventarnos!