Hubo un tiempo cuando no tenía cable TV (se puede decir que todavía no tengo, pero hay opciones más atractivas llamadas internet). El canal 11 o 3 del IPN solía tener en su programación funciones de cine pasada la medianoche. Eran presentaciones temáticas. Podrían ser lunes de western o film noir. Martes de nouvelle vague o miércoles musical, ¿por que no?. Durante una etapa importante de la vida, fue mi escuela de cine. También había ciclos dedicados al género de terror, clásico. Blanco y negro. En alguna medianoche random, NIGHT OF THE LIVING DEAD apareció. Había crecido con el horror como seguramente muchos, Halloween y Nightmare on Elm Street en el sub-consciente. La saga Scream si son mas de mi generación. Creo que desarrollé una inmunidad a la violencia gráfica gracias a la exposición temprana. Después de todo, se convirtió en mi genero favorito, ¿No?. NIGHT OF THE LIVING DEAD me llegó en un momento importante, en esa transición de adolescente a mayor de edad, de espectador casual a cinefilo que comenzaba a exigirle mas a su cine. La movie de George A. Romero me enseñó que el horror podía ser arte, mas que un espectro saltando de la oscuridad o un asesino con destornillador. El zombie podrá ser un ente devorador de carne imparable pero no hay peor atrocidad para el hombre que nosotros mismos, los vivos. Obra de gran genio que trasciende las épocas, para bien y para mal. Para bien, tenemos un legado audiovisual (que bien puede extenderse en toda su saga OF THE DEAD y piezas selectas de su filmografía) pero malamente también significa que no hemos aprendido la lección. Hasta entonces, el cinema de Romero siempre será ultra-relevante.

















