Me dan mucho miedo mis nuevas esperanzas. Mejor dicho me da mucho miedo que no se cumplan mis nuevos deseos. Porque temo que mi desilusión y decepción, puedan ahogarme en un pozo sin fondo.
Tengo la extraña sensación de que haga lo que haga, nunca soy bastante bueno para nadie. Que todos nos centramos en los momentos malos que tenemos. Cuando me miran sólo ven a una persona dolida y enfadada con el mundo, cuando no es así. Soy mucho más que eso. Puedo asegurar que mi amor es mucho más poderoso y auténtico que mi pena, mi dolor y mi ira. También soy dolor y enfado, pero eso es tan solo una pequeña parte. Porque si te parases a conocerme realmente, sabrías que la oscuridad aparece en mi reclamando la luz. Esa luz que aparece cada vez más débil en todo lo que nos rodea. Y ojalá no me diese cuenta de tantas malas acciones, malos juicios, malas decisiones, malos modales, … Tal vez así sería la persona perfecta y estable que la gente espera de mi.
Tenemos la mala costumbre de generalizar nuestra opinión sobre alguien en base a situaciones concretas. Pero es un error muy grande, que a todos nos pasa, puesto que veo como los buenos actos no se valoran como deberían. Y digo más, mucha gente no sabe ver ya donde se encuentran. Muchos de nuestros pequeños actos dicen mucho de cada uno de nosotros. Pero resultan ser la nada para demasiada gente.
Por mucho orgullo que sientas por conseguir cosas para ti, en el fondo sabes que eso no sirve para la verdadera felicidad. Que siempre te sentirás vacío si no amas a quien lo merece, ni te amas a ti mismo. Y para amarse a uno mismo hay que vivir amando lo que haces. Hay que descubrir lo que nos llena el corazón. Hay que aceptar y entender nuestra sombra. Lidiar con todos esos males que viven en tu interior, saber por qué están, por qué salen a flote. Y yo ya lo entiendo, y también los quiero. Porque son aliados que me protegen de los ataques de los que andan perdidos en sus dilemas, incoherencias, hipocresías, embrollos.
No quisiera ser consciente de tanta maldad que nos rodea. No quisiera sentir en el fondo de mi ser, esa necesidad de expresar mi protesta ante tanta injusticia, tanta calamidad, tanta avaricia, tanta vanidad, tanto y tanto que se traduce en dolor dentro de mi alma. Una maldad que nos encierra en un pensamiento estático, inquebrantable. Haciéndonos creer que tenemos la razón en cuestiones que no dependen de un individuo, sino de aquello que surge entre las personas. Porque uno solo no es nadie, si no siente empatía hacia los demás. Porque somos seres nacidos para estar en compañía, para luchar por un ambiente y una comunidad, donde aparezca la luz como guía y ley suprema. Porque sólo así podremos lograr estar bien con uno mismo. Cuando logremos que todo lo que nos rodea también se encuentre bien. Dicho de otro modo, sin bienestar colectivo, no habrá bienestar individual. No quiero dar a entedender, que tenga que ser exclusivamente en este orden. Lo más lógico es empezar por mejorarse uno mismo, pero tampoco debemos dejar de lado a los que nos importan. Aunque esto también depende mucho de tu entorno. De la tolerancia, de la comprensión, de la actitud y de saber cuándo tu gente es receptiva al cambio o no. Debe ser algo conjunto, que podamos pasar de un lado a otro, de lo colectivo a lo individual, y viceversa. Siempre intentando conseguir ese bienestar que suele llamarse equilibrio. Cuando no podemos lograrlo, seguramente sea culpa de uno mismo, de un entorno toxico, o de ambas cosas. En este caso, lo mejor es buscar personas y lugares afines a nosotros. Interacciones de energías que resuenan en frecuencias parecidas. Eso es lo ideal. Y este es mi mayor sueño, mi mayor logro: convivir en una comunidad paciente, pacífica, tolerante, amable, comprensiva y consciente de que todas las acciones deben ir encaminadas, a proteger y descubrir la luz, el amor y la auténtica felicidad.