No soy un poeta, pero sin querer ella me obliga a desempolvar mi distorsionada imaginación y me dice “Escríbele al mundo, pero no olvides, que yo soy ese mundo”.
Cojo las riendas de mi mente y empiezo a dibujar su silueta, y no puedo evitar sonreír al formar sus piernas, siempre las recuerdo con ese calor que me caracteriza y ese sabor que me enloquecía y es que no puedo negarlo, darle la forma que yo quiero, es la forma de su perfección.
Debo de dibujar ese triángulo de bermudas, ese monte de venus que desfigura mis deseos, es de imaginarme, obligatoriamente, su sabor, su forma, es la puerta a la inevitable locura y sé que moriría una y otra vez por pertenecer a esa insania de amor.
Giro a tu alrededor y observo el canon de la belleza, la atracción de miradas cazadoras, grande y hermoso, en tu posterior, la división de tus columnas provoca toda clase de halagos inexistentes y frescos listos para describir lo especial y atractivo que puede llegar a ser.
“Ten cuidado, respeta la distorsión de tu mundo” de manera curiosa, la Reina me susurra al oído, pero no puedo dejar de reír cuando paso a través de su cintura, la revolución de su cuerpo, donde tienes autoridad y donde guías sus pasos. La llave a su confianza, pero la desconfianza de su cabeza, eres perfecta, aunque sé que jamás lo creerás.
Montañas de placer! Mis lunares favoritos que diviso en esos escotes, me encanta imaginarte apuntándome al rostro, más aun cuando conoces mi debilidad y me permites retroceder y ser ese bebe que solo busca consuelo, en esos pechos, en esos viajes, lo amoldo como tú lo quieres, porque sé que así quieres, porque sé que te gusta, porque sé que sonríes.
Salto a tu cuello, como un vampiro sediento y tengo que hacerlo, pues me obligas a inspirarme, a motivarme, a recordar la sal que caía a través de él, la prueba a la afirmación de que eres aceptado a inundarla de placer. La conexión entre el instinto y la razón.
He llegado a tu rostro y he cogido los mejores lienzos para dibujarlo, “solo déjate llevar, sé que lo haces bien...” y tú lo sabes, no puedo dejar de pensar en las curvas de tus labios, el dibujo que formas cuando me acaricias y la melodía que brota cuando me susurras al oído, solo basta un beso para volver a nacer, llenar y colocar las piezas en su lugar dentro de mí, cura o enfermedad, no importa, un ósculo es la solución a todo el remolino en mi interior.
No olvido tu mirada, perfecta y poderosa, que sumisa al más valiente y vuelve caballero hasta al más indecente, enamoradiza, posesiva y brutal, puedes disparar balas de amor o de dolor, ella lo decide, de una mirada, te derrite el alma.
Me encanta acariciar tu cabello, las cortinas que cubren tu belleza, largo y apacible que deja esa esencia por donde pasa y se atreve a bailar con el viento, inevitable, no pasas desapercibida.
Esa eres Tú, pura inspiración, cruda y seca, sin rimas, remedos ni retoques, pero hecha con el corazón, un tornado de pasiones, deseos y sonrisas, una deidad con símbolos en el cielo de mi mente, quien más que tu incondicional para describirte, no importa si las piezas han caído, yo las recojo y formo tu trono, en mis cuatro paredes has dejado tu todo y mi mirada logra copiarte en cada esquina de mi realidad.
Soy ese tatuaje que se ha dibujado en tu corazón, soy común y a la vez diferente para Ti, yo soy el sujeto de tu verbo, hasta que decidas apaciguar esta droga, seguirás siendo inspiración de reyes, porque el verdadero ser te vive, te dibuja, te escribe y te valora sin necesidad de copiar lo que ya existe.
Incondicionalmente siempre será un placer acompañarte y a la vez placenteramente soy incondicional para Ti.