Había pasado casi toda la tarde sentado en una banca observando a una chica que llevaba casi el mismo tiempo que él en el parque del pueblo, mientras ésta cantaba. Le había llamado la atención la manera en la que lo hacía con tanta pasión, y su voz sonaba tan dulce que había logrado que se olvidara por un rato de todos los problemas. Cuando por fin se animó a levantarse, se dirigió a la muchacha con la intención de felicitarla por su increíble talento. “Hey.” Le saludó de vuelta, un poco sorprendido por la energía que mostraba. “Wow. Tienes una voz increíble.” Dijo, esbozando una sonrisa.
❝ Oh, ¡que dulce de tu parte! Gracias. ❞ contestó con sincera felicidad. Cada vez que alguien le gustaba oírla cantar, Bailey tenía más esperanzas de que alguna vez fuera capaz de hacer del canto su carrera profesional. Aunque era difícil considerando que vivía en un pueblo casi inexistente. Observó al joven por unos segundos intentando reconocerlo pero falló, cosa que le extrañó. Fair Falls era extremadamente pequeño, todos se conocían con todos y Bailey trabajaba en una de las cafeterías del lugar de tarde y por las noches cantaba. ❝ No creo haberte visto antes por aquí, ¿eres nuevo en el pueblo? ❞










