"El cielo no es más alto que vos"
Marzo 28

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"El cielo no es más alto que vos"
Marzo 28
Camisa gris
Me di cuenta que a pesar de todo, te sigo buscando. Sigo intentando encontrar tu sombra en algún vaso de cerveza con mucha espuma.
Buscandote en cada esquina con un escalon, en los ojos verdes de la calle, en cada risa contagiosa que escucho por casualidad.
Y cada vez que escribo un poema, sin darme cuenta estoy procurando verte al final de cada renglón, en cada s con forma de cinco.
Creo que vi a alguien con una camisa gris. ¿Podrías haber sido vos?
Llevaba una sonrisa limpia y la voz entonada. Quizás pasaste por mi lado y no te vi, tan concentrada en encontrarte en las ventanas de un colectivo que doblaba.
A veces siento que no sos vos a quien busco, sino los momentos que vivimos juntos, los recuerdos que quedaron impregnados en ciertas cosas.
Como esa vez que vimos en el reflejo de un charcho al cielo arder en nubes borrosas.
No te busco parado cerca de una mancha de agua después de la lluvia.
Busco ver el cielo con la misma intensidad que lo vi esa tarde, cuando parecía que el mundo se prendía fuego mientras vos sostenias mis manos.
De carne somos.
Y de carne estamos hechos, de huesos huecos, de sangre que hierve y se enfría bajo nuestra piel, sin que apenas sepamos que esta se mueve.
Estamos hechos de sonidos, de silencios, de gemidos y chillidos. De palabras innombrables y gestos cautelosos.
Hechos de historias y de pesares, de propios errores y penas, de heridas abiertas y viejas cicatrices. De canciones sin nombre y sensaciones perdidas, de pensamientos hostiles, de rasguños del tiempo.
Cubiertos por una suave coraza se encuentran nuestros pensamientos, nuestros recuerdos, todo aquello que sentimos y anhelamos, lo que amamos y lo que perdimos; todo lo que nos hace quienes somos y quienes fuimos. Nuestro lejano pasado, el eterno presente y un atisbo del futuro que hemos forjado.
El odio, la felicidad, la codicia y el anhelo, el desprecio, la admiracion; y ese sentimieto sin nombre que todos llevamos y no sabemos que es, ese que nos arranca gritos y lagrimas, ese que nos deshace y nos regresa, como si fuese un simple suspiro, como si el solo encontrarlo significara la vida misma, el sentir que nuestro corazón palpita.
Ese, ese mismo, el que se oculta y mueve sus hilos bajo un armazón de huesos. Y aunque odiemos que exista, ahí esta, construyendonos. Al igual que ese sentimiento que nos obliga a espiar un cuaderno intimo; ese que nos hace enamorarnos por la calle; ese que nos asusta por las noches haciéndonos creer que algo se esta moviendo; esos que nos hacen humanos.
Y es por eso que somos de carne, que nos sostienen los huesos, que nos hierve la sangre. Porque somos humanos, somos estúpidos e irracionales, porque creemos ser los reyes del mundo, cuando somos un simple bicho que la tierra escupió, desnudos e indefensos, feos y con la piel descubierta, sin garras o alas; armados con un poco de suerte y la fe en que lo que hacemos es lo correcto, con la certeza de saber cuando termina el día y cuando comienza una vida.
Por eso no somos ni de hierro ni de piedra, porque no soportamos el frío o el tornado, porque a pesar de que no comprendemos como funcionamos queremos conocer otros planetas, nos matamos por sangre negra y piedras de colores, por ver quien llega más lejos en crear cosas inútiles y pesadas que poco a poco nos van separando.
Nos fundimos y contradecimos.
Nos cercamos y destrozamos.
¿Qué más podríamos ser sino humanos?
Llorar
Hoy tengo ganas de llorar.
De llorar por algo, de llorar por nada. De llorar por el aire que se agota o las personas que mueren a cada minuto.
Quiero llorar por ti, por mi, por lo que no fue. Por lo que no conseguí y lo que quizás pase.
Llorar de emoción, llorar de tristeza, llorar por llorar.
Quiero llorar para que se alivie mi pecho, quiero llorar solo por sentir las mejillas húmedas.
Simplemente llorar, quiero ver si las cosas cambian en algo. Quiero llorar para ver si me siento mejor.
Y quizás no me alivie, y quizás solo sea una perdida de tiempo. Pero quiero llorar.
Quiero llorar porque es lo que siento, aun sin saber el porque, siento que algo me obliga.
No me siento ni triste, ni contenta. Ni me duele algo o gane un premio.
Y es eso justamente. El no saber como me siento, el no entender ni como, ni porque, ni donde, ni cuando. Solo llorar.
El no encontrarle un nombre a esta emoción, el simple hecho de estar confundida. De no entenderme, ni reconocerme. Solo llorar.
Y llorar por el ayer, el hoy y quizás el mañana. Por no aceptar un caramelo cuando puede o no haberle dado un fuerte abrazo a alguien, sin haber sabido que fuese el ultimo. Por querer crecer y encontrarme, por querer volver a ser chica y ver a mi abuelo. Por cumplir una meta olvidada o por reencontrar un amigo.
Simplemente un motivo. Y no lloro. Porque a pesar de todo ningún motivo me es suficiente, no siento que valga llorar, pero sin embargo lo necesito.
Y puede que el reprimir esto me este destruyendo por dentro, pero no lloro.
Me siento hasta inútil por no poder resignarme a unas simples lágrimas, pero mis ojos no me lo permiten y por mas lucha que doy, no sueltan ni una salada gota.
Y, así, espero. Un motivo. Un algo. Un alguien. Un porque.
Y hasta que no llegue, seguire escribiendo los motivos por los que pude haber llorado en un momento y no lo hice, por orgullo. El cual, quizás, ahora, no me deje ver el verdadero motivo por el que siento esto.
Y a pesar de todo, solo siento que quiero llorar.
¿Qué fuimos?
Fuiste pólvora y detonante.
Fui un vacío y la galaxia más grande.
Fuiste lo que me derrumbó y el lugar más suave donde caer.
Fui el ratón en la jaula y quien la puso.
Fuiste el lobo hambriento y el valiente leñador.
Fui la crisis y el cielo despejado.
Fuimos todo y nada para el otro.
Fuimos el grano de polvo insípido y un mar de sensaciones.
Fuimos lo que no hay y el último recurso.
Fuimos un huracán y la casa que se salvo.
Fuimos la plaza arruinada y los chicos que van a jugar ahí todavía.
Fuimos las conversaciones hasta la madrugada y el cansansio de un mal día.
Fuimos ese poema incompleto y la lapicera que no llego a copiar todo.
Fuimos infinitos y nos consumimos en un suspiro.
Sonrojo
Ayer me di cuenta que ya no me sonrojo.
Siento que una parte de mi murió y se volvió gris al renacer.
Extraño la sensación del calor en la cara, de no saber bien como tomar lo que acaba de pasar.
Creo que me sonrojaba porque eran cosas nuevas, que quería sentir pero no sabia como.
Ya viví tantas de esas cosas, me aburri de otras e incluso llegue a odiarlas.
Quizás ya no me sonrojo porque necesito experimentar algo nuevo.
Quizás no tengo que cambiar las cosas, sino las personas.
O quizás solo tengo que cambiarme a mí.
Sonrojarse nunca me gusto, sentía que alguien descubría algo de mi, que yo no quería mostrar, y lo transformaba en algo hermoso.
Y me daba miedo, porque mi interior nunca fue un jardín de flores, se parecía, más bien, a un campo de guerra en sus últimos momentos.
Por todos lados estaban partes mías que mate para poder sobrevivir, por luchar por un ideal o porque quería hacerlo.
Y en algunos huecos, en las trincheras, escondidas como podían, estaban las sobrevivientes de todo.
Aquellas partes que fueron fuertes, que lograron vencer y se ganaron el lugar que tienen.
Y las que fueron tan cobardes que nunca se animaron a salir del agujero en el que ellas mismas se enterraron, y aún están ahí, esperando que algo o alguien las ayude a salir.
Hoy me siento a escribir sobre esto, pensando en todas las cosas que me hacían sonrojar, en que partes murieron con esos gestos y cuales dejaron de sentirlos.
Me gustaría saber quienes eran esas partes que mate, que querían y que podrían haber logrado, si quizás las hubiera escuchado por un rato.
Tal vez me deshice de las equivocadas y esa sea la causa de que ya no me sonrojo.
Solo sé que una parte de mí, que sigue viva, extraña hacerlo.
Amamos
Amamos.
Amamos como necesidad y como un juego.
Amamos porque es normal y porque debemos.
Amamos para no rompernos.
Amamos para experimentar quebrar un cuerpo.
Amamos porque ya conocemos nuestro interior y el suyo parece un bosque sin fin.
Amamos porque si y sin ganas.
Amar esta en la sangre y en las películas de Disney.
Amamos las lindas sonrisas y los corazones desprotegidos.
Amamos el drama y la simpleza de gritar.
Amamos perdernos en un mar de nuestra propia existencia y amamos el encontrar un nuevo universo en otros ojos.
¿Por qué es tan difícil amar?
Amamos los opuestos y nos duele reconocer que no nos entendemos, que nuestros cables mentales son serpientes en una caja.
Nuestro amor es plastilina y se convierte en muros duros y fríos.
Nuestro amor toma la forma del odio que tenemos dentro, la dulzura el de la tristeza y la frustración se torna la sonrisa más brillante.
¿Por qué tiene que ser así?
Amar es todo y nada, es cada palabra que diga y tu propio silencio.
Amar es el mundo que quieras crear, amar puede ser odiar y destruir, puede ser perderse y gritar, preparar un desayuno sin tener hambre, cortar una flor y ponerla dentro de un libro.
Amamos dando y exigiendo.
Amamos con timidez y de la forma más cruda.
Amamos con la eternidad y contando cada segundo.
Amamos como podemos y a lo que podamos.
Tengo miedo de que el mundo se de cuenta que no tengo nada bueno que ofrecerle.
Café con leche nocturno
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Cafe con leche nocturno
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Cafe con leche nocturno
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