Conocer/amar gente en tiempos de Tinder
Es raro como podemos (o creemos) conectar con otros a través de las redes y distintas aplicaciones sociales. Llevar esa “solicitud de amistad”, “match”, a un encuentro normal; frontal y en vivo: en la vía púbica. Una plaza, la playa, un bar, una casa. La intención (incluso la tensión) se siente en el ambiente. Y si hablamos de apps de citas, esta implicito el siguiente acto. A veces sí, a veces no.
En mi caso, lo está. Y 2 de 3 se llevaron a cabo.
Pero antes de eso, casi siempre antes, puede ser después, la conversación, el “romper el hielo”, es lo que ayuda a analizar las actitudes y conductas del otro.
Primero, cómo es, cómo luce, ¿se viste bien?, ¿huele bien?. Segundo, ¿habla bien?, ¿qué sabe decir?. (El “¿estudia/trabaja?”por lo general se da en la charla virtual). ¿Qué sabe del mundo que puede que yo conozca, o desconozca? Y es ese el tema que me interesa. Qué sabe que yo no sepa o sepa poco, y pueda ayudarme a nutrir mi conocimiento.
Es interesante como por una red, donde el sexo es una posibilidad altamente latente, entras en temas que pensas que olvidaste (y/o, otra vez, desconocías).
Con el último chico, encantador, no sé realmente que hace esa persona en una app tan sucia, surgió mi deseo de escribir,cursilerías en su mayoría, pero de retomar una temática que la habíaa dejado pasar, hasta sentirme segura de lo que quiero contar y de quienes quiero que la vea.