Nos hemos dejado engañar con eso de que la felicidad solo se alcanza en compañía, provocando un miedo constante a la soledad, un miedo constante a nosotros mismos; Es esta ideología, la que por tanto tiempo nos ha llevado a cometer el gravísimo error de conformarnos con relaciones que nada tienen que ver con el concepto de amar, relaciones, insensatas, nocivas, egoístas, creyendo que con el simple hecho de tener a alguien a nuestro lado, podremos llenar los vacíos que sentimos.
Lo cierto es que para poder llenar los huecos, no necesitas de nadie más, precisas solo regalarte un tiempo a solas para sanar las heridas, rescatar tu esencia, reconstruir tu felicidad, un tiempo a solas para reunir el valor necesario para tomar decisiones pensando solo en ti, no por egoísmo, ni soberbia, sino por la simple convicción de llevar las riendas de tu vida.
Necesitas un tiempo a solas, para convencerte de que no necesitas a nadie más para sentirte pleno, para descubrir de lo que eres capaz, descubrir tus pasiones, tus sueños, incluso tus debilidades; cantar, bailar, pintar, leer, básicamente vivir.
Ese tiempo a solas, para sentirte pleno, para descubrir tu estilo, para ser como te dé la gana de ser, para elegir la ropa que te gusta, con la que te sientas cómodo y con la que te sientas realmente tú, ya no por agradarle a nadie más; un tiempo que servirá para convencer a tu mente de que no hay nadie en el mundo que pueda hacerte más feliz que tú mismo, y cuando al fin hayas entendido esto, cuando al fin te encuentres solo pudiendo sentir calma, entonces y solo entonces te descubrirás listo si es que así lo decides para compartir tu vida y tu tiempo con alguien más, con alguien que sea como tú, con alguien que tampoco tenga miedo a la soledad…