Te dije que te amaba,
y tú con mis sentimientos jugabas,
de ti te hablaba,
y más te alejabas.
Te convertiste en mi mayor anhelo,
en el suspiro de cada mañana,
sabes que eres todo lo que quiero,
y aun así me hiciste esperar cada semana.
Tuve que apreciarte desde lejos,
y recorrer por miles de cortejos,
me miré por miles de espejos,
mientras la luna me daba uno de sus secretos.
Eres un sabor prohibido,
un dulce veneno,
quiero contigo hacer algo atrevido,
pero no me gusta tocar lo ajeno.
Esos toques tuyos me llenaban de emoción,
pero proponías frenos y tensión,
me sometías a demasiada presión,
y era tanta que no podía ocultar mi expresión.
Si tan solo supieras la verdad,
si supieras que con tus labios
me quiero enredar,
si vieras que aprovecho cada oportunidad,
y aun así no lo puedes notar.
Rompiste mi corazón por diversión,
pero mi corazón otra cosa halló,
así que prefiero quedarme con esa versión
que con aquella que alguna vez falló.
¿Cuántas veces he dicho que te amo?
¿Cuántas veces te arrastré hacia mis brazos?
¿Cuántas veces soportaste mis reclamos?
Si tan solo supieras que cada golpe tuyo era un flechazo…
dime,
¿acaso algo habría cambiado?
Soñé con besos que no eran míos,
y no logro aceptar que tu cariño sea compartido,
podría tener miles de amoríos,
pero ninguno de ellos se compararía a lo vivido contigo.
No eres miel ajena,
tampoco eres mi más cruel condena,
eres sed ajena,
una que poco a poco me envenena.
Debiste dejarme tirada en la arena,
sin embargo, aun en ella,
mis ojos por ti anhelan,
porque eres mi más brillante estrella.
Pero aun en el deseo,
aun en la tensión,
seguirás siendo mi etéreo,
mi más dulce perdición.
Porque, sed ajena,
calmas mi sed con tu atención,
y entre más lejos te encuentras,
más ruego sentir tu calor.