“¿Que cómo es él? ¡Dios! Espero no cansarlos, abrumarlos o que piensen que estoy exagerando pero seré lo más objetiva que se pueda. Él es un sueño, un pedacito de utopía que te hace sentir que hay bonitas realidades. Es el tipo de persona… No, creo que es la única persona que puede reconfortarte sin que sepas que lo está haciendo. Es imposible no encariñarse con él, sabe el momento oportuno para sacar una sonrisa o una risa. Tiene una sonrisa preciosa, digna de escribirle epigramas y canciones. Una sonrisa que ilumina, que da luz, que fulgura paz y mata angustias, que derrite cualquier barrera de cordura. Tiene unos ojos divinos, digo divinos porque parece que tienen brujería pues al mirarlos es imposible no perder la compostura, unos ojos que están como para escribirles miles de libros por todo lo que transmiten, sus ojos queman, incluso al verlos detenidamente me doy cuenta de la chispa que hay en ellos y que, con sólo leerme, arden. Su voz está compuesta de eufonías, me paralizo al sólo escucharla, sabe que matices darle a cada expresión, sin embargo, me gusta más cuando la usa para decir mi nombre el cual pronuncia como si fuera una plegaria, algo para sostenerse y no caer. Sus manos… ¡Dios, sus manos! Piezas perfectas que saben dónde y cómo tocarme, que saben ser prudentes y arrebatadoras, manos irremediablemente seductoras fundadoras de mis delirios. Su cuerpo, bueno su cuerpo es basto pero no me importa cuán proporcionado o bonito sea, me importa lo que me transmite y lo que me hace sentir. Pero hay algo suyo que me encanta, que hizo que me enamorara de él… Su mente, porque es creativo y soñador, inteligente y determinante, flexible e idealista; y lo más importante, sabe como hacer volar su imaginación. Como leen, él es maravilloso, no es perfecto porque no quiero a un títere o a un príncipe, pero es a mi medida, es lo que necesito, es a quien quiero. Él es quien me recuerda como vivir y me acompaña en la travesía.”