De todos los chicos que alguna vez me enamoré.
El último. Lo recuerdo muy bien... O será que no. Pues recuerdo, su tez blanca, su cabello castaño, y su tamaño anormal a los demás. No recuerdo con exactitud su cara, pero les puedo asegurar que lindo es.
Unas semanas después, comentaban en los pasillos. El chico lindo, es el siguiente. Y pensé dentro de mi. "Tiene que ser él, por favor, al fin alguien lindo vendrá aquí.". Y paso el tiempo y nada cambio. Un día, específicamente un miércoles, llegó.
Ahí estaba el, tan lindo como solo puede ser el. Bien vestido. Camisa blanca, bien planchada, pantalón azul marino, un tanto pegado, pero de una manera que el sabía que le quedaba bien. Zapatos de vestir. Pelo corto, bien peinado. El sabe que lindo es. El mismo me lo confesó. "Tuve a alguien que quería, pero por querer ser exclusivamente de todas; sigo siendo de las demás".
Y aquí estoy yo, pensando en alguien que es más para mí. Que horror pensar así. Debería decir que nadie es más que yo y que el interior es lo mejor. Pero no, ahí está ella. Dorabella, hasta su nombre tiene que ser diferentemente excepcional. Si, tengo que admitir. Linda es y ni con todo el veneno del mundo eso cambiará. Lo dijo el otro chico nuevo que hasta pensé que podría gustarle y pues sorpresa. Ella es más. Es linda de cara, lindo cuerpo y personalindad. Aún que no lo crean. La verdad ni yo, no la conozco tanto pero supogo que si, ella es espectacular. Es como la fulana de ese libro tan asombroso de John Green, solo el puede hacer parecer a una snob en la mejor mujer del mundo. Si, ella era una Margoth Roth de esas que no saben por qué estan con ese tipo de hombre. Pero con el se casan. Lamento esto para todos los hombres heterosexuales que me estén leyendo. Pero así de simple es. Imagínate para nosotros. Renunciando a todo teniendo nada.



















