—Comprendí que la vida se nos puede escapar como agua entre las manos, uno está tan feliz con los suyos y de la nada, la muerte toca la puerta. Y no abrimos porque no la queremos dejar entrar; cerramos hasta las ventanas y cuando creemos que se fue, ella está aquí... Siempre estuvo aquí—, le digo a R que perdida su mirada en el horizonte se encontraba. Le da un trago enorme a su cerveza.
—Comprendí que no puedo detenerla, ni odiarla porque sé que tocará mi turno de algún día irme con ella—. Digo mientras un relampago a lo lejos destella el nocturno cielo de verano.



















