Pure sand
A mi me gustó apenas lo vi. Era alto, buenmozo y estaba impecable, con un traje azul oscuro, camisa blanca y corbata celeste. Pude ver que se había dado cuenta de mi sorpresa y fue muy gentil conmigo. Habló pausado y me comentó que tenía algunas dudas y que le habían hablado de mi. Georgina miraba de reojo y sin que me diera cuenta, se fue.
Yo me quedé conversando con Hassim- así se llamaba- y quedamos en tomar un café, algún día, dado que el no venía de Líbano, sino que vivía en Nueva York y que estaba acompañando a una delegación de compatriotas en su visita a los Estados Unidos.
Luego de esa oportunidad, nos cruzamos varias veces y apenas nos saludabamos. Yo enseguida pensé que el interés era todo mío, pero no: el día que culminaba el Congreso, me llamó por teléfono. Me invitó a un date. Y yo, no me hice rogar. El date estaba previsto para un sábado a la noche, en Asia de Cuba, que quedaba en Madison y 34.
Ese día, como era de esperar, me la pasé con dos de mis mejores amigas- haciendo shopping y pensando ideas en cómo vestirme. Yo era pasante - por más que mi título era glamoroso y ganaba como una pasante. Tenía poco dinero y muchas ideas, claro está, y no quería verme mal.
El outfit elegido fue una falda negra por las rodillas, top negro mate, pelo suelto y pendientes muy largos, dorados. Los tacones no eran muy altos, porque el era de mi estatura y no quería que se sintiera mal. Llegué a tiempo y ahí estaba, tomando un vaso de vino blanco. Yo desentoné y pedí Malbec.
Y ahí empezó una historia que hasta ahora nunca conté, porque el con los años se convirtió en un persona pública.







