Las puertas de llegadas internacionales se alzan ante mi de un cristal esmerilado que me impide verte.
Te espero pacientemente ante ellas esperando cumplir con tus expectativas que con los días se han creado.
Estaba tan absorta en mis pensamientos que no te vi acercarte y colocarte frente a mi, más alto de mi mirada.
Tan guapo como imaginaba, alto y con un estilo que me encanta. Llevabas unas botas de esas tipo militar, jeans azules oscuros, una camiseta negra muy sencilla y una chaqueta de mezclilla que iba a juego. De tu hombro colgaba una maleta de gimnasio negra. Tu rostro resplandeciente y tu barba y cabello negro oscuro pulcro y peinado. Me llamas por mi nombre con esa voz que tanto ansiaba escuchar.
"Wait. Close your eyes", te digo cuando me doy cuenta que realmente eres tú. Me miras un poco desconcertado pero no dices nada y obecedes.
Levanto el letrero, que tras una noche en vela se me ocurrió que sería divertido llevar un cartel de cartón donde escribiese "Baby" como muestra de nuestras conversaciones que nos llevaron a este momento.
El letrero era pequeño, como del tamaño de una hoja carta con las letras grabadas en tinta negra a mi pulso.
Lo levanto a la altura de mi pecho y te digo que ya puedes abrir los ojos.
Los abres lentamente, aún un poco desconcentrados, y cuando encuentran aquellas letras y te evocan el recuerdo que buscaba, sonríes. Con una sonrisa tan sincera que te ilumina el rostro y se refleja en mi propia sonrisa.
Me dices "oh, baby, you have no idea how much I waited for this moment".
En ese momento, como por una fuerza ajena a nosotros, como la atracción involuntaria de unos imanes, nos acercamos el uno al otro y me besas en los labios. Al inicio, despacio y suave, que pronto se transforma a una pasión conducida por el deseo contenido tras largas horas y kilómetros que nos distanciaban. Me tomas de la cintura con una mano y la mejilla con la otra acercándome a ti. Mis manos te buscan y encuentran tu pecho en donde se acomodan sobre las líneas de tus músculos.
Por un momento todo lo que hay a nuestro alrededor, el constante flujo de gente de un aeropuerto que va a viene con un destino que alcanzar, parece difuminarse hasta ser irreconocible con la única nitidez siendo tu y yo. Nuestro espacio y nuestro momento.
Nos separamos lentamente. Me miras a los ojos con un nuevo brillo y sonríes, a lo que correspondo con la misma intensidad.
Nos tomamos de la mano y te encamino hacia el estaciotamiento. Me cuentas acerca de tu viaje y lo emocionado que estás de conocer mi país, mi comida y mi alma.
Ya tengo los lugares planeados a los que me gustaría que fuéramos, los restaurantes que deseo que conozcas y los museos que son imperdibles.
Oh baby, este es el inicio de mi fantasía; más tengo otra que sólo te la reservo a ti.