Creo que nadie lo entendería, y quizás por eso ya no me esfuerzo en contarlo. Ha sido difícil, como nada en la vida, no tiene comparación. Quisiera gritarlo, quisiera tanto soltar el nudo que me oprime, y no lo hago porque nadie me escucha; siento que mi voz salta a un vacío en el que rebota de vuelta, es inútil, estoy tragándome este delirio sola; siento que nadie es más mi amigo, todos simplemente se están cubriendo los oídos cada vez que lo intento, solo saben decir: «Estoy aquí», sin estarlo, y «Te entiendo», ¡Pero no me entienden! Aquellos lugares en los que fuí feliz y a los que presuntamente abandoné, existen solamente en mi memoria, y en una realidad distinta y distante que me observa desde lejos desconociéndome. No hay pasos para volver a rehacer la vida hacia atrás, ni siquiera algo de lo que pueda sostenerme para avanzar entre la tiniebla de la incertidumbre. Me miran exigiendo que despierte, una existencia por la cual debo luchar me reclama, y yo sencillamente no tengo fuerzas para retomar el hilo y continuar. El susurro de un amor mentiroso me atormenta, sigo ansiando aquél beso en el parque, y llorando cada una de sus despedidas. Nadie nunca me enseñó cómo vencer mi propio infierno, creo que nada en el mundo te prepara para pelearte contigo mismo.















