Muchos días sin tenerte conmigo
Muchos días sin tenerte conmigo,
y el silencio se ha vuelto mi castigo;
cada noche pregunta por tu abrigo,
mientras llora mi pobre corazón mendigo.
Han pasado los soles y las lunas,
entre sombras, recuerdos y fortunas
que perdí cuando cerraste la puerta,
dejando mi esperanza casi muerta.
El reloj sigue andando indiferente,
pero el tiempo no cura lo que siente;
cada hora repite tu nombre despacio,
como un eco perdido en el espacio.
Ya no sé si fue el destino o la suerte
quien decidió sembrar esta mala muerte;
porque vivo respirando todavía,
pero el alma contigo se me iría.
Extraño la dulzura de tu risa,
la calma que llegaba sin prisa;
extraño tu mirada tan serena,
que hoy se volvió mi más profunda pena.
Las estrellas ya no tienen brillo,
la luna perdió todo su sencillo;
hasta el viento dejó de susurrarme
porque sabe que no vas a buscarme.
He intentado borrar tus huellas,
esconderlas debajo de las estrellas;
pero el corazón es desobediente,
y te llama en secreto eternamente.
Qué difícil querer lo que no puede,
cuando el alma jamás retrocede;
cuando ama sin pedir recompensa,
aunque viva muriendo en la condena.
No se puede arrancar un sentimiento
como quien deja atrás un pensamiento;
el amor se convierte en cicatriz,
que florece aun después de ser infeliz.
Hay abrazos que nunca sucedieron,
y aun así para siempre nos dolieron;
hay palabras que nunca pronunciamos,
pero en silencio siempre las gritamos.
Yo te encuentro en la lluvia y en el viento,
en el frío, la noche y el lamento;
en la música triste de un piano,
y en el vacío inmenso de mi mano.
Dicen que todo pasa con los años,
que se olvidan los besos y los daños;
pero nadie ha vivido mi tormenta,
ni la ausencia que el pecho me alimenta.
Si supieras las veces que he llorado,
con el nombre tuyo entre los labios;
si supieras cuántas madrugadas
han nacido de lágrimas calladas.
No te culpo por seguir tu camino,
ni reclamo al caprichoso destino;
solo duele aceptar que lo más bello
fue un sueño que jamás llegó a ser nuestro.
Y aquí sigo, vencido por tu ausencia,
abrazando recuerdos con paciencia;
esperando un milagro que no llega,
aunque el corazón nunca se niega.
Porque existen amores imposibles,
tan profundos, tan puros, tan sensibles;
que no mueren aunque el tiempo los hiera,
porque viven donde nadie los espera.
Muchos días sin tenerte conmigo,
y aún converso con tu viejo abrigo;
como si en sus hilos permaneciera
la promesa de una primavera.
Tal vez un día deje de esperarte,
o aprenda finalmente a olvidarte;
pero mientras mi pecho siga vivo,
llevaré tu recuerdo aquí cautivo.
Y si un día preguntas por mi suerte,
diles que aprendí a sonreír con la muerte;
que viví amando aquello que no fue,
y aun perdiéndolo todo... te amé.
Porque hay amores que jamás se olvidan,
aunque el destino los divida;
y hay corazones que siguen latiendo,
aunque lleven toda una vida muriendo.












