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El misterioso vuelo 502 y la nube que detuvo el tiempo
Todo mundo conoce algunas historias que cuentan cómo algunas personas, en determinado momento de sus vidas, tuvieron una especie de anomalía temporal o en algunos relatos más elaborados, un episodio espacio-temporal.
En ocasiones se trata de saltos en el tiempo, otras veces de pausas en las que el tiempo pareciera no haber avanzado. En mucho de los casos, estas experiencias van precedidas por extraños fenómenos meteorológicos en los que los protagonistas se ven involucrados.
Esta historia tuvo lugar el día 31 de enero del año 1978, en los cielos grises y nublados de Euskadi. El vuelo 502 de aerolíneas Aviaco, con un modelo Caravelle 10-R, bajo el mando del piloto Carlos García Bermúdez, surcaba los cielos para cubrir el trayecto entre Valencia (España) y Bilbao. Cuando se aproximaba al aeropuerto de Bilbao en la localidad de Sondika, un espeso y opaco cúmulo de nubes se situaba a un kilómetro de altura.
Desde torre de control se le notificó al personal a bordo del 502 que debían modificar su plan original de vuelo y dirigirse al aeropuerto de Santander, situado a unos 100 kilómetros de distancia y con mejores condiciones meteorológicas para el aterrizaje. García modificó la trayectoria de la aeronave y subió hasta los 10 km para dirigirse a Santander donde, si todo iba según lo planeado, tocarían tierra en un tiempo estimado de 15 minutos. Sin embargo, en aquel preciso momento, algo inexplicable apareció frente a ellos.
La tripulación a bordo fue testigo de cómo una nube gigantesca se formaba a partir de la nada, era lenticular, enorme y tan resplandeciente que los hombres en la cabina tuvieron que ponerse sus gafas de sol para poder ver con normalidad.
Se adentraron a la nube a aproximadamente 35 kilómetros del aeropuerto de Bilbao y en cuestión de nada, todo el instrumental electrónico parecía estar fallando. Perdieron la comunicación con tierra y los esfuerzos tanto del copiloto como del operador de radio para restablecer el canal de comunicación con las torres de control en Bilbao o en Santander fueron inútiles. El panel de dirección en el avión comenzó a alertar que estaban volando en dirección opuesta, es decir, que iban en una trayectoria contraria a la que realmente estaban. Las brújulas del avión dejaron de funcionar al mismo tiempo que el horizonte artificial del avión mostraba que la aeronave se desplazaba al revés.
Durante siete minutos, el episodio fue totalmente angustiante para García que, con sus más de 11,500 horas de vuelo en aviones comerciales, jamás había tenido que enfrentarse a algo similar.
Al pasar la nube todo retornó a la completa normalidad, todos los indicadores mostraban parámetros normales, con el excepción del registro de millas recorridas que sorprendentemente registraba la misma distancia recorrida al momento en que entraban en la nube, como si durante aquellos siete minutos el avión no hubiera recorrido ninguna distancia.
El Caravelle marcado con el vuelo 502 aterrizó algunos minutos después sin problema alguno en la pista del aeropuerto de Santander, y una vez en tierra la tripulación informó lo sucedido. Ya en destino descubrieron que desde la modificación original del plan de vuelo en Bilbao y hasta que aterrizaron en Santander, habían transcurrido 32 minutos, 17 minutos más de lo que estaba programado. Nunca pudieron encontrar una explicación lógica a esos minutos perdidos.
Quizá aquella nube era una especie de portal espacio-temporal que engulló a la aeronave retrasando el tiempo de algún modo inexplicable. El caso fue sometido a análisis, tomando en cuenta que quizá el avión estuvo en algún tipo de campo de electricidad estática, pero todas las explicaciones fueron agotadas. Este hecho pasó a la historia como una de las rarezas más increíble que los pilotos españoles han tenido que enfrentar en su historia.
Restos humanos en la Mansión Embrujada de Disneyland
Sin duda uno de los lugares más aterradores de todo el recorrido es la Mansión Embrujaday si le añadimos el hecho de que en el lugar hay restos humanos reales, la cosa se pone un poquito peor.
David Koenig, fue un empleado del parque por muchos años y decidió escribir sobre las cosas que suceden ahí y que no nos cuentan, por ejemplo que muchas personas quieren que sus cenizas sean esparcidas en el parque, específicamente en la Mansión Embrujada.
Eran tantas las personas que querían esto, que el parque tuvo que hacer oficial el hecho de que está prohibido esparcir restos humanos ahí, es por eso que mucha gente ya ni pide permiso y lo hace a escondidas.
Chequeen el video:
https://www.youtube.com/watch?v=VSax1GUugJM
La banca del lago
La tarde era hermosa y nada que hubiera visto Rafael a sus 81 primaveras se le podía comparar. Se preguntaba cómo era que aquel atardecer podía contener tantos colores. El cielo plagado de nubes en el horizonte se teñía con una gama de rosas, naranjas, purpuras y azules. El agua del lago estaba tranquila y mientras reflejaba los mismos colores de las nubes, los transformaba al mecerse con suavidad. La brisa era tibia y se sentía como una caricia materna, como cuando su madre le aseaba el infantil rostro que mostraba a sus tiernos ocho años y se limitaba a pasar tan solo un par de veces sus cálidas manos para no despertar a su amado hijo, pero no sabía que él ya estaba despierto y tan sólo fingía por simple picardía. En verdad no recordaba ningún otro atardecer igual a ese. Se preguntaba qué era lo que estaba haciendo la diferencia y habría muerto de un infarto junto con una sonrisa en el rostro de haber sabido que todo era a causa de que Dios estaba a escasos dos metros de él, sentado en una humilde banca de madera, con una sonrisa, mirando el lago y esperando a ver, después de lo que a él le parecía una eternidad, a uno de sus hijos.
Rafael aspiró hondo y se detuvo a ver la puesta de sol. Pensó que tal vez podría sentarse en la banca junto al sujeto de pantalón de vestir, camisa beige arremangada y tirantes color pardo. Iniciar una conversación con él; tal vez charlar sobre el amor hacia los hijos, que parecía duplicarse con los nietos y que no sabía qué esperar cuando conociera a su primer bisnieto, que ya estaba en camino. Tal vez su corazón no soportaría amar tanto a un nuevo retoño, pero antes de que pudiera terminar de preparar su dialogo, se dio cuenta de que ya había un sujeto de botas gastadas, vaqueros percudidos y chaqueta de cuero sentado donde pretendía sentarse él. Rafael se encogió de hombros, metió las manos en las bolsas del pantalón y siguió contemplando el espectáculo que sólo Dios podía proveer. Comenzaba a recordar el tiempo en que su padre le enseñaba a pescar en ese mismo lago haciendo énfasis en que cualquiera que alimentara a un hombre le daría de comer por un día, pero si lo enseñaba a pescar le daría de comer toda la vida. A medio recuerdo una idea lo asaltó: No podía recordar el rostro de las dos personas sentadas en la banca. Sólo recordaba qué era lo que llevaban puesto, pero no más. Tal vez habría sido algo irrelevante para cualquier persona, pero no para Rafael, que pintaba rostros en sus ratos libres (que en ese momento eran bastantes) y que además había nacido con memoria fotográfica heredada de su tío abuelo Don Manuel. Recordaba qué llevaban puesto y que el sujeto de vaqueros gastados y chaqueta de cuero debía de ser un rompecorazones, pero nada más. Los miró de nuevo, ahí sentados, platicando en un idioma incomprensible y con la sensación de que algunas veces no movían los labios. Concentró toda su capacidad de retención en ellos y cuando creyó que tenía suficiente como para pintar un retrato en otra tarde de primavera regresó la vista al lago, pero al mirar esas tranquilas aguas violáceas, su mente, una vez más, no pudo recordar sus rostros. Una sensación de mareo y desorientación lo abordó. Trató de sentirse furioso o frustrado, pero tampoco lo consiguió. Por tercera vez miró hacia la banca y esta vez, aunque no sabía en qué lengua hablaban, pudo entender lo que decían:
- Dejemos las formalidades y vallamos al grano –Dijo con tono humilde el sujeto apuesto de la chaqueta de cuero -. ¿Por qué hoy, por qué así después de tanto tiempo?
- Te amo, al igual que amo a todos mis hijos y aunque siempre has actuado de maneras misteriosas, mi amor por ti no disminuirá –Dijo el “hombre” de tirantes pardo al tiempo que subía una de sus piernas en la banca para darle la espalda a Rafael o hablar de una manera más íntima con el sujeto apuesto -, pero antes de que las cosas se pongan mal, debo advertirte que estás muy cerca de rebasar los límites y tal vez todo esto se solucione ahora.
- Yo también te amo padre, pero sabes que tengo que hacerlo. No soy distinto de las personas que hay en derredor nuestro. También estoy buscando respuestas y tú no las das. ¿Quién eres?… ¿Quién te creó?… ¿Para qué nos creaste a nosotros y a ellos?
- Sólo te voy a pedir que no sigas. Déjalos cumplir su ciclo. No intervengas más. Me ha dolido cada ser al que has privado de su vida. Cada mundo con el que has arrasado.
- Yo no los arrastro hacia mí, son ellos los que vienen. Yo no jalo de los gatillos o presiono los botones de aniquilación mundial, ellos solos lo hacen. Yo no los estoy matando, se matan entre ellos.
- Sabes que no es así. Tus hermanos, con los que caíste, ya están actuando. Se están manifestando en ésta y muchas otras realidades. No voy a dejar que eso pase, aunque tenga que jugar tu juego.
Rafael sintió que la sangre se le agolpaba en las sienes y sus ojos estuvieron a punto de salírsele de las cuencas. Había quedado claro que las dos personas sentadas a dos metros de él eran nada más y nada menos que Dios y el mismísimo diablo. Como si sus piernas tuvieran vida propia comenzaron a retroceder y fue entonces que el sujeto de la chamarra de cuero le dedicó una mirada de desprecio por encima del hombro, del que Rafael creía era Dios. Por un segundo miró esos ojos, ojos que jamás olvidaría, pues parecían dos pequeños cristales que dejaban ver en su interior y ahí sólo había fuego. Gritos, locura y mucho fuego. La cabeza del hombre de tirantes buscó interponerse entre ellos dos y cuando al fin lo logró, Rafael pudo salir corriendo de ahí. Había sentido miedo, suficiente como para manchar sus pantalones o quedarse congelado sin saber qué hacer, pero sus pies sabían con certeza qué era lo siguiente. Huir.
Les dio la espalda y salió corriendo al tiempo que escuchaba la lengua ilegible en la que hablaba Dios al diablo. No miró atrás en ningún momento. Cuando llegó a la esquina ya estaba sin aliento y encontró la puerta del local de Laura abierto. Lo llenó de alivio ver a un gran grupo de personas comiendo en el lugar. Se sentó en una mesa para dos y esperó a que Laura lo atendiera, como era su costumbre.
- ¡Don Rafa! –Dijo Laura algo asustada –. ¿Está usted bien? Está muy pálido y agitado.
- Niña… -Pensó en lo siguiente que diría y se vio en un asilo por el resto de sus miserables años -.No te preocupes, sólo trae un bolillo y un vaso con agua.
Rafael no le dijo nada a nadie, por lo menos antes que a mí; su primer bisnieto. La historia es sorprendente y cuando me la contó yo tenía apenas 12 años, pero la recuerdo con claridad y la acepté como una verdad. Sobre todo por la manera en la que su mirada se perdía al describir los ojos del diablo. No sé por qué me lo dijo a mí, pero tal vez tenga que ver con su segundo y último encuentro con lo sobrenatural.
Dijo que tiempo después. Una noche, mientras dormía, una luz penetró en su habitación. Era como si un botón hubiera encendido el sol. Se levantó de la cama y miró por la ventana. La luz era intensa, pero no lastimaba los ojos y todo estaba perfectamente iluminado. Cuando regresó la vista al cuarto ya había alguien de pie junto a la puerta. No era el hombre de tirantes color pardo y con alivio vio que tampoco era el sujeto de botas, vaqueros y chaqueta de cuero. No me contó con exactitud qué fue lo que le dijo, pero se presentó como un mensajero del señor. Le reveló que la conversación que presenció aquél día en el lago no fue casualidad. Al parecer sí tenía un gran propósito en el plan del creador, pero sea cual sea dicho propósito, hasta hoy sólo ha sido contarme la historia a mí. Hoy mi Bisabuelo, Rafael, cumple 10 años de muerto y cada que paso por esa vieja banca de madera frente al lago, pienso que es un privilegio sentarme donde mi padre eterno y su antagonista tuvieron una épica conversación. Aún lo recuerdo cada detalle de la historia que me contó. Al parecer heredé de él la memoria fotográfica. Puedo recordar la sonrisa que se le dibujaba al pensar en un Dios que ama hasta al más brabucón de sus hijos, pero también recuerdo el pánico con el que describía esos ojos de cristal que mostraban llamas ardiendo en el interior del diablo, pero en realidad, lo que me preocupa a mí, es eso último que dijo el creador antes de que Rafael comenzara su escape, esa sentencia amarga “aunque tenga que jugar tu juego”. Me agrada pensar que se refería a enviar a sus ángeles a la tierra para encaminar a personas a la gloria eterna, pero también pienso que tal vez sea otra cosa; tal vez sea como comenzar a jugar sucio, igual que el otro. En ese caso ¿Qué nos espera, a la humanidad, cuando dos entidades superiores mantienen una lucha de egos?
——
Por: Kris Durden
Facebook: Kris Durden Oficial
Twitter: @KrisDurden
Website: www.krisdurden.com
Perros Negros del infierno
Es domingo y hace un frio paralizante, un grupo de fieles están sentados en las bancas de la iglesia, las puertas que estaban cerradas para evitar el helado viento se abren de par en par, haciendo un estruendo enorme. El viento helado acaricia la nuca de los feligreses. El padre, que daba el sermón, se calla y mira incrédulo hacia la puerta.
Todos siguen la mirada del sacerdote y tan tenebrosa como sorprendente hace su aparición un enorme perro negro de ojos rojos, exhalando un hedor insoportable. Camina por entre las personas con toda la paciencia del mundo, causando nauseas debido a su intensa pestilencia. Los huele y continúa su caminata, parece que está buscando a alguien, y de repente sale a una velocidad increíble por donde entró. Las puertas se cierran.
Parece el guion de una película de terror, ¿verdad? Pero créanme, el hecho fue real y está documentado. La anécdota se encuentra en el manuscrito francés Annales regni Francorum que data del siglo VIII. En este documento se da fe de una repentina oscuridad que envolvió una iglesia durante una misa a la que se presentó un perro que soltaba chispas por los ojos para inspeccionar el santuario, como si estuviera buscando a alguien o algo, hasta que desapareció en un abrir y cerrar de ojos.
Otro caso, también en una iglesia, se documentó el 4 de agosto de 1577 en la localidad de Wroxham, cerca de Norwich, Inglaterra. Durante una tormenta, un perro enorme irrumpió en una iglesia. Sus ojos centelleaban y su hedor era a putrefacción. Al entrar en el recinto, el perro se echó a correr tras dos personas, que se incendiaron hasta la muerte, una tercera que intentó ayudarles resultó con graves quemaduras.
También existe un caso (no documentado) de un agricultor que se dirigía a casa por la noche. Durante su recorrido se encontró de frente con una manada de perros muy veloces. El hombre que controlaba a estos perros dijo ser un cazador y que su caza había sido muy exitosa. Ofreció una parte al agricultor que, sin pensarlo dos veces, aceptó. El misterioso hombre se fue tan rápido como había llegado. Al llegar a casa, el agricultor se dispuso a desenvolver al animal que resultó ser su hijo muerto.
Demonios con aspecto de Perros Negros tienen un papel protagonista en el folclore de Inglaterra, donde se les conoce popularmente como Barghest, aunque los Perros Negros han sido vistos por todo el mundo a lo largo de los siglos.
De hecho no solo se trata de una leyenda inglesa. En muchos países de Europa, como Alemania, Holanda y algunos otros, la leyenda también es ampliamente contada. Según los relatos, estos perros son grandes y negros o rojos debido a la sangre que brota de su cuerpo lleno de heridas. Poseen una fuerza y velocidad inconcebible. Algunos dicen que los ojos son rojos y brillantes, otros que los ojos son centellantes y que sueltan fuego.
Los motivos de su existencia son diversos. Unos suponen que vienen a buscar almas perdidas que vagan por el mundo. También creen que vienen a llevarse al inferno a personas que están próximas a morir, evitando que vaguen por el mundo posteriormente. Otros más creen que vienen en búsqueda de las almas de aquellas personas que hicieron pacto con el diablo, cuya vigencia del acuerdo llegó a su fin. Quizá por eso, muchas veces estos perros son vistos en los sepelios o en los cruces.
Un animal de mala fama.
Dentro de la mitología preislámica existen tres representaciones interesantes del perro como un ser sobrenatural. Primero como un fiel compañero del hombre, en una leyenda él es creado por Dios para proteger a Adán y Eva de los animales que fueron convocados por Satanás para atacarlos. En otra, es hecho a partir del mismo barro que Adán, tanto así que la palabra sag (dog) deriva del término she-yak (el tercero, un tercero) que indica el sentido de humanidad del animal. Pero en otro mito surge como resultado del pecado.
En el antiguo Egipto el dios Anubis, guardián y guía del otro mundo, es representado por un chacal o por un hombre con cabeza de chacal. En la mitología griega la diosa Hécate tiene como “mascota” a un perro de tres cabezas, como Cerbero, el guardián de los portales del Tártaro.
Observaciones en sitios arqueológicos indican que el hombre primitivo usaba al perro para destruir cuerpos. Eso se debió haber relacionado con la idea de que el perro también estaba devorando el alma del muerto. Para los parsis de la India y los escoceses de las islas Orcadas, hacer que los perros comieran la carne de los muertos formaba parte de los ritos funerarios. Con los romanos, aquellos muertos que no tenían importancia ni como para merecer un entierro, eran arrojados a los perros.
Por eso, con el paso del tiempo el perro, principalmente de color negro, pasó a tener una percepción muy negativa en la sociedad. Existe un hadiz en el que Mahoma manda a matar a todos los perros que fueran totalmente negros. Y con el desarrollo del cristianismo, estos animales empezaron a ser asociados cada vez más con el pecado, la prostitución, el mal y las tinieblas.
El monstruo.
En la tradición anglosajona se presentan en varios nombres que siempre son asociados con la oscuridad. Siempre se les describe como perros enormes totalmente negros o rojos como la sangre, con grandes ojos rojos incandescentes o de un amarillo anaranjado como las llamas, con un fuerte hedor a azufre y pelo erizado. Generalmente se les ve por sitios solitarios como senderos, encrucijadas, sitios prehistóricos, iglesias abandonadas, cementerios y necrópolis. Están dotados de habilidades increíbles, como una fuerza y velocidad por encima de lo normal, pueden atravesar objetos sólidos, desaparecer, prenderse en fuego y algunas veces incluso pueden hablar.
En las leyendas generalmente se les relaciona con el infierno, como guardianes de sus caminos o como emisarios que pueden aparecer y llevar almas condenadas hasta ese lugar. Las leyendas que hablan de estos perros demoniacos dicen que si alguien llega a verlos directamente a los ojos, seguramente morirá.
Algunas veces los perros negros también tienen cabeza y patas de otros animales, o humanas, otras ocasiones se les ha visto mutilados. Perros sin cabeza ya han sido vistos en Dartmoor, Shropshire, Devon, Sussex, Cumbria y Norfolk. Perros de dos cabezas son avistados ocasionalmente en diversos sitios.
El registro más antiguo de su aparición data de 1127, cuando dos padres divisaron a unos cazadores montados en animales totalmente negros que eran una mezcla extraña entre caballos y cabras, seguidos por una manada de perros negros con horripilantes y enormes ojos brillantes. El peor relato data de 1157, cuando se suscitaron ataques de estas criaturas durante dos misas. En ambos lugares hubo muertos y rastros de arañazos en las puertas de las iglesias.
Leonarda Cianciulli, la jabonera de Correggio
Leonarda Cianciulli nació en la ciudad de Montella, Italia el 14 de abril de 1894. Tuvo una vida difícil, cuando era muy joven intentó suicidarse en dos ocasiones. En 1917 contrajo matrimonio con Raffaele Pansardi, sus padres no aprobaron el matrimonio y según Leonarda, su madre la maldijo por esto. Y aunque la maldición de su madre no fuera más que una leyenda, para Leonarda no resultó así.
Su matrimonio fue un completo tormento, comenzando con su marido Raffaele que abandonó la oficina de registro donde laborara y se hizo alcohólico. La pareja se mudó en 1921 a Lauria, donde Cianciulli fue imputada por cargos de fraude y encarcelada en 1927, una vez que cumplió su sentencia y quedó en libertad, el matrimonio volvió a cambiar de residencia, esta vez a Lacedonia. Ahí, su hogar fue destruido por un terremoto en 1930, por lo que tuvo que moverse nuevamente, esta vez a Correggio, el lugar donde Leonarda adquirió su imagen de mujer agradable, madre cariñosa y excelente vecina.
De los diecisiete embarazos que tuvo durante su matrimonio, Leonarda perdió a tres hijos debido a abortos espontáneos, diez más fallecieron cuando eran muy pequeños. Motivada por estos trágicos sucesos, se convirtió en una madre sobreprotectora de sus cuatro hijos restantes.
Cianciulli era una mujer que creía en las supersticiones y sus temores fueron avivados por qué alguna vez un adivinó le advirtió que se casaría y tendría hijos, pero que todos terminarían muertos. Cianciulli también dijo haber visto a otro gitano que practicaba la lectura de mano, este hombre le dijo que la veía en su futuro como una anciana presa en un asilo criminal. La superstición de Cianciulli parece haber influido mucho en su vida, pues la mujer hizo todo lo posible para que ese futuro se cumpliera.
En 1939, cuando supo que Giuseppe, su hijo favorito, se quería enlistar en el ejército italiano para pelear en la Segunda Guerra Mundial, decidió que su obligación era protegerlo a toda costa. Quizá influenciada por la maldición de su madre y por la declaración del adivino, Leonarda concluyó que esa seguridad para su hijo requería de algunos sacrificios humanos que rompieran su mala suerte a través de un ritual. En esta época comenzaron los asesinatos, cuando puso la mira en tres mujeres en la mediana edad de su vecindario. Algunos informes señalan que Leonarda se había autoproclamado como adivina, y que algunas de estas mujeres la visitaban para buscar ayuda; otros dicen que simplemente eran amigas suyas en búsqueda de algún consejo. Pero en su mente, Cianciulli dio inicio a un plan para asesinar a estas tres mujeres.
La primera víctima de Leonarda fue una mujer llamada Faustina Setti, una solterona de toda la vida, persuadida bajo la promesa de un buen partido en la ciudad de Pola. Leonarda le pidió que no dijera a nadie sobre el tema y también la persuadió de escribir cartas y postales a amigos y familiares; mismas que serían enviadas cuando llegara a Pola, todo esto no era más que para decirles que se encontraba bien.
El día de la partida, Leonarda preparó una copa de vino con un somnífero y se la dio a Setti. Una vez que la mujer perdió la conciencia la mató de un solo hachazo y la arrastro hasta un armario. Ahí la descuartizó en nueve partes. Según las propias palabras de Leonarda:
“Coloqué los trozos en una olla, usé siete kilogramos de soda caustica, la misma que usaba para hacer jabón, lo mezclé hasta disolver, era una papilla espesa, oscura que vertí en varios recipientes y después arrojé a una fosa séptica. Había guardado toda la sangre en una vasija, esperé hasta que se coaguló, la metí al horno, la molí y mezclé con harina, azúcar, huevo, chocolate y mantequilla para hacer unas deliciosas galletas para el té. Hice un montón de galletas crujientes que después serví a mis visitas, aunque Giuseppe y yo también comimos”.
Algunos informes también señalan que Cianciulli llegó a recibir unas 30,000 liras de Setti como pago por sus servicios.
Francesca Soavi y Virginia Cacioppo fueron la segunda y tercera víctima. Para ambas, Leonarda utilizó el pretexto de que conocía a personas importantes y que les podía conseguir buenos empleos. Para las dos mujeres utilizó el mismo modus operandi, las citó el día de su partida, las drogó, las asesino, las disolvió y convirtió su sangre en diversos alimentos.
Hasta la fecha no se sabe si Leonarda llegó a hacer algún tipo de ritual para librarse de la maldición de su madre. Pero una cosa es cierta, parece que ninguna de sus acciones funcionó. La policía descubrió sus crímenes y Leonarda Cianciulli fue condenada a 30 años de cárcel y a otros 3 años en un asilo criminal, tal y como había predicho el gitano.
“… jamás nos imaginamos de lo que era capaz, ella aparentaba ser una tranquila señora fabricante de jabón casero de la comunidad local, pero solo aparentaba…” Declaró un vecino de esta asesina serial.
Con apenas tres víctimas, Leonarda Cianciulli se considera una de las asesinas más frías y calculadoras de la historia. Una mujer sombría y macabra, una verdadera dama de la muerte.
El Chullachaqui - Leyenda Peruana.
El Chullachaqui es un enano o un demonio del rainforest cuyo nombre proviene de los términos quechuas para "disímil" (Chulla) y "pie" (Chaqui), esto es “los pies disímiles.” Según la leyenda de Iquitos, este enano del bosque tiene la habilidad para transformarse en cualquier otra persona que él desea para engañar visitantes o las personas locales viviendo en la selva. Él puede aparecer como un miembro de la familia o un amigo, conduciéndoselos hacia caminos equivocados, yendo más profundo y más profundo en la selva y luego dejándolos allí, perdiós. Para un niño, el Chullachaqui muchas veces aparecerá como otro niño u otro compañero de juego. En este disfraz, el Chullachaqui malvado tratará de atraer con engaño al niño en el bosque para ponerse perdido. La única forma para descubrir la identidad verdadera de Chullachaqui es mirar a sus pies, como uno de sus pies es deformado. Consecuentemente, él tratará de esconder sus pies. Estando descubierto, el Chullachaqui escapará en la selva.
Según esta leyenda de Iquitos, un muchacho fue con sus padres para la selva para recoger leña. Los padres dejaron el niño solo por un momento para recoger algo de leña y él jugaba en un espacio abierto cuando él vio qué apareció ser otro niño de la misma edad en un árbol distante. El niño en el árbol le llamó por señas para venir, pero el niño no salió del espacio abierto, prestando atención a la advertencia de sus padres que no deambular por fuera en el bosque. Cuando los padres del niño regresaron, el niño contó a sus padres sobre el niño en el árbol. Los padres supieron que nadie vivió en el área y fue en busca del niño en el árbol, sino no encontró ninguna cosa, justamente las huellas extrañas que pareció haber estado hecha por un enano con un pie deformado.
Cuentos de terror en México. ¿Cómo darle la vuelta al cliché? Entrevista con Bernardo Esquinca
Bernardo Esquinca
“Creo como escritor que el poder más sublime que tiene el lenguaje es invocar lo imposible, por lo tanto, abjuro totalmente de la realidad”.
Mar Negro, la nueva colección de cuentos de Bernardo Esquinca, acaba de ser publicada por Almadía y el libro representa un experimento cuyos resultados comprueban que la literatura fantástica mexicana va cada vez mejor.
El mismo Esquinca considera que Mar Negro forma parte de una triada que incluyeDemonia y Los niños de paja. Juntos, conforman una propuesta que nos hacía mucha falta en las publicaciones actuales.
Las obsesiones más interesantes de Esquinca merodean las páginas de un libro cinematográfico. Las imágenes del escritor se han vuelto muy dinámicas y la tensión es una constante que agradecemos. Mar Negro es uno de los mejores libros de terror que nos han entregado en muchos años.
Lo verdaderamente afortunado de este libro es que tiene el poder de visitar criaturas y lugares que la cultura de masas ha repetido hasta el cansancio, pero logrando personajes originales y propuestas que, a pesar de coquetear con terrores cósmicos e inconmensurables, aterrizan sorprendentemente en nuestra vida diaria: Esquinca logró recordarnos que el terror es uno de los más viejos habitantes del universo y se alimenta siempre de nosotros.
La cultura de masas ha logrado crear el espejismo de que los zombis, vampiros, retornados, fantasmas, puertas dimensionales y esquizofrénicos de mente luminosa no podían decirnos nada nuevo, sin embargo, son plumas como las de Esquinca las que han intuido siempre que lo magnífico de estas criaturas no es la forma, sino el discurso: si hace cientos de años nos hemos obsesionado con estos seres es porque tienen un poder comunicativo enorme y sólo unos cuantos pueden arriesgarse a explorar los sinuosos caminos de los terrores primordiales para volver con una historia nueva.
El terror de Mar Negro nos hace sucumbir otra vez a los miedos que nos visitan siempre, no sólo al miedo a lo insólito o lo desconocido (miedo ancestral), sino, sobre todo, lo terrible de lo desconocido de todos los días, lo insólito invocado por los misterios que estamos condenados a vivir y repetir hasta la muerte: el amor, la soledad, la venganza, la obsesión y la locura.
Si tuviera que dar una razón para leer este libro, sería simplemente por la emoción que da poder leer un cuento de zombis o muñecas poseídas y no sentir que ya lo vimos todo. Este libro seduce al lector con viejos cantos y los atrapa en un universo que lo amenaza pero que no querrá abandonar.
El autor mismo nos concedió amablemente una entrevista porque no podíamos quedarnos con las ganas de charlar un rato con él sobre estas obsesiones. Las opiniones y anécdotas de este escritor joven que se ha entregado de lleno a la literatura fantástica son muy valiosas para todos aquellos interesados en leer (y escribir) historias de terror.
¿Nos puedes contar con tus propias palabras, de qué va este libro?
Sí, es parte de una trilogía: Los niños de paja, Demonia y ahora Mar Negro y aunque voy a seguir haciendo relatos de terror, lo que estoy haciendo ahora, ya va por otro camino.
Aquí sí está la presencia de la Ciudad de México, la urbe, etc., pero sí siento que, como bien lo dices, Demonia es más denso; Mar negro es menos denso, es otra exploración. Siempre me propongo llegarle al lector, pero no en el sentido de número de lectores, sino comunicarme con el lector. A lo mejor es parte de un proceso (no me gustaría decir que de maduración, que suena muy chaqueto), aunque sí espero con cada cuento ir mejorando mi técnica porque mis obsesiones están ahí y soy fiel a ellas como señalas.
No es que me lo haya propuesto así pero espero haber logrado que Mar negro, que cierra esta teología, sea un libro más pulido y más fácil de asimilar en su lectura primera aunque siempre me gusta dejar muchos misterios y enigmas, para que, cuando el lector cierre el libro, se quede pensando en ellos.
Zombis, vampiros, muñecas. ¿Cómo visitar el cliché y no morir en el intento?
El terror está construido de clichés, el problema es cómo los revitalizas y eso sí es más consciente de mi parte. Me digo que, si voy a hablar de vampiros o zombis o muñecas poseídas o del 68 (que es un tema muy tratado), le tengo que dar mi impronta, mi sello peculiar.
En el caso concreto de los vampiros, que ya está muy choteado con las sagas juveniles y estos vampiros totalmente edulcorados o de poster, a mí lo que me interesa de Mar Negroes hablar de las supersticiones por ejemplo, porque creo que la literatura de terror no debe hablar de terrores actuales sino de terrores eternos; si voy a hablar de vampiros, lo que me interesa es lo que hay detrás del mito de vampiro que es la superstición y eso es tan antiguo como el hombre, yo soy un hombre supersticioso. El vampiro representa un temor que viene de ritos completos para evitar que los muertos se levantaran y chuparan la sangre de los vivos. Ese mito tan poderoso es lo que me interesa, no otras interpretaciones más actuales.
Si voy a hablar de muñecas embrujadas debo partir de una serie de convenciones pero la historia del protagonista es lo interesante, sus traumas y su historia, y es ahí en donde puedo meter mi propio sello (aquí, en concreto, el relato dentro del relato).
Las criaturas son apenas el punto de partida, el autor nos habla sobre el cuento “La noche de Tlatelolco: luego de la matanza, uno de los estudiantes caídos, vuelve a este mundo para desatar una pandemia zombi.
El cuento del 68 (“La otra noche de Tlatelolco”) es una idea antigua en mi cabeza. Es muy interesante cómo ciertas ideas pueden ejecutarse más rápido y hay ciertas historias que necesitan de más tiempo para desarrollarse y poder plasmarlas en la página.
Hace años, se me había ocurrido algo tipo La liga extraordinaria de Alan Moore pero con el Santo, Zobek, Blue Demon y otros héroes que iban a combatir a los zombis que se generaban en la matanza de Tlatelolco, que además se perpetuó sobre ruinas prehispánicas y pues el poder mágico de la sangre y el pasado precolombino eran otras de mis obsesiones.
Pensé que podía ser una novela gráfica incluso, pero pues nada, no pasó, quedó eso latente, pero me gustaba mucho la idea de presentar a los estudiantes que, al ser masacrados y con el poder de la sangre y de las ruinas, podían revivir como zombis para cobrar venganza; era una ucronía se trataba de pensar en este hecho histórico y darle otro giro, creando una Historia paralela. Me encantaba pensar que esa terrible masacre y la manera tan injusta como fueron cortadas esas vidas pudieran vengarse gracias a los zombis. Es un hecho obscenamente impune y me gustaba tener, en la ficción, la posibilidad de la venganza, así que se desata una epidemia de zombis.
Me gustó el reto de abordar el cliché del zombi. Además, me parece clave de este relato que yo soy generación post 68, no crecí como generaciones anteriores a la mía que sí vivieron esa represión, eso los ha marcado y ha marcado su literatura y los obsesiona de manera muy lógica; soy una generación apolítica creo que eso es cierto, no tenemos una figura totémica tampoco como unos tenían a Octavio Paz y antes a Alfonso Reyes, mi generación se liga más a lo Pop y sin embargo es una tema que, aunque no hayas crecido con él, te cautiva por todo lo que ya sabemos; muchos escritores debe sentir la tentación de abordar el tema como cualquier otro por eso es un reto hablar de zombis y el 68.
Un coleccionista de muñecas poseídas: la historia dentro de la historia. Bernardo Esquinca nos habla de “Sueña Conmigo”, en donde el protagonista es un coleccionista de muñecas embrujadas y cuya historia se desarrolla a la par de los expedientes de algunas de las muñecas que conforman su colección.
Mira, este cuento en particular (“Sueña Conmigo”), me gusta, no en el sentido de que me parezca bueno, sino que le tengo cariño porque la idea surgió de un recorte del periódico Universal, una nota que hablaba de muñecas embrujadas que son ubicables en colecciones. En una de esas historias, se contaba que la muñeca, en las noches, le decía a su dueño “muere conmigo” y no sé si no me acordé de la frase exacta pero lo dejé comosueña conmigo que me recordaba además eso de “In dreams I walk with you” en Blue Velvetde Lynch, la canción la canta un ente maligno y se me hace una idea muy poderosa.
También el cuento se prestó para abordar la figura del coleccionista, se me hace un obseso y yo soy una persona de obsesiones. Me interesa explorarlo porque no colecciono nada. Y esto que creo que es un sello de mi literatura –meter cuentos en otras historias–, me dejó contar la historia de este coleccionista y, a la vez, contar las otras historias de algunas de sus muñecas y me gustó como artefacto narrativo.
Me puse a investigar de muñecas antiguas, hice mi pequeña investigación que también me dio el tono, entonces lo disfruté mucho, sobre todo el proceso de las cajas chinas o muñecas rusas fue muy gozoso. De lo que no tenía idea era de que el último relato sería la resolución de la historia del coleccionista así que así le di la vuelta al cliché (incluso la tipografía de los relatos son diferentes, una tipografía como de cuento infantil).
Un cuento de amarres: el autor nos habla de una historia cruel sobre una mujer que realiza un amarre para que su amado esté siempre con ella. Las consecuencias dejan al lector con un peculiar sabor de boca que está entre lo cómico y lo trágico.
Me gusta cómo lo defines porque de entrada, creo que es el cuento más cruel que he escrito, es muy cruel lo que le pasa a la protagonista pero tiene este final como grotesco y eso está muy relacionado con lo cómico: para enfrentar estos horrores hace falta quitarles la solemnidad, así que ella queda condenada a una cuestión que puede ser como ridícula.
Me da mucho miedo la idea de los amarres, más allá de si crees o no que se puedan ejecutar esos hechizos en la vida real, lo perturbador es pensar que hay personas que quieren obligar a su objeto del deseo a estar con ellos aunque la persona no lo quiera, eso me parece algo muy denso, un terror muy cabrón, que alguien te quiera tener como zombi aunque no te guste esa persona. ¿Qué nos dice eso del ser humano o de las muchas personas que acuden a lo de los amarres? Esa es la idea principal detrás de este relato y al final termina como la ejecución de esta idea de que a la protagonista le cuesta llevar a cabo el ritual.
La clave de la literatura de terror, aunque hable de cosas imposibles o fantásticas, como los amarres, es que termina hablando de cosas reales y finalmente es esta búsqueda amorosa, a veces fracasada, que acá está bajo el tamiz del zombi, lo que nos sirve para hablar de la vida de todos los días.
El tema de la Ciudad de México como el monstruo que nadie puede domar.
Es una exploración que me gusta mucho y que alcanza su clima en este libro: el pasado de la Ciudad y cómo sigue afectando el presente, cómo nos influye y que todo lo que ocupó un lugar, nunca termina de irse.
Las presencias arquitectónicas o fantasmales, estas energías que están ahí y que de algún modo desatan su influjo sobre nosotros. Ciertamente esto (también en mis novelas) se ha ido construyendo como un discurso de cómo veo la ciudad a través de la reinvención de lo fantástico, pero creo que, lo más relevante, es que que ya no soy incapaz de verlo de otra manera, yo ya no puedo ver a la Ciudad de México y al Centro Histórico de otra manera, sino a través del tamiz de lo siniestro, de la presencia del pasado, ya soy incapaz de interpretarla de otro modo, no puedo, me gusta verla así, me gusta tener esa mirada porque además sé que la comparten otras personas, les gusta que, finalmente, la ficción de lo extraño nos cause un asombro que deberíamos sentir más seguido.
Conspiraciones y el hombre en la luna: el autor nos habla de uno de sus cuentos más personales, la historia de un esquizofrénico que se comunica telepáticamente con Neil Amstrong y descubre una horrible conspiración.
Mira, ese cuento (“Mar de la tranquilidad, océano de las tormentas”), también está entre mis preferidos, no porque me parezca bueno sino porque toca una parte muy íntima de mi familia, tengo un primo que es esquizofrénico y ese primo dice que se comunica vía telepática con Neil Amstrong; más allá del drama que significa una persona enferma en la familia, se me hizo una cosa alucinante, además, a este primo tenía muchos años sin verlo, vive en su casa, no sale, pero eso me lo contó un hermano que sí convivió mucho con él.
Eso me llevó a leer un libro maravilloso que se llama Lunáticos de un periodista que se da a la tarea de entrevistar a los doce astronautas que pisaron la luna, sólo los que la pisaron porque no todos los que fueron la pisaron. Según lo que analiza este hombre, todos tienen un aura trágica, me pareció un tema delirante: conectar esta idea de la enfermedad mental, los secretos en las familias y el alunizaje.
Más allá de revelar el behind the scenes del cuento creo que sirve para ejemplificar cómo funciona mi cabeza y cómo distintas ideas se conjugan: esa cosa tan concreta y personal con mis lecturas de los hombres que pisaron la luna, estas entrevistas con los astronautas, más mi propio alucine de inventarme una conspiración cósmica, por eso es de mis favoritos, es muy personal.
Literatura de terror mexicana del siglo XXI: ¿qué hace falta?
Está cambiando el panorama, es muy cierto lo que dices, ha habido un prejuicio en general hacia los mal llamados subgéneros. Creo que sólo hay literatura buena o mala pero de los mal llamados subgéneros (el policiaco, ciencia ficción, fantástico y terror) como bien dice Bef, el terror es el patito feo.
En México concretamente hay mucho prejuicio hacia los géneros fantásticos porque, al parecer, la academia o la critica, piensan que es literatura chafa; grandes autores como puedes ver en Ciudad Fantasma han abordado el género y lo han hecho al máximo nivel.
Es un camino muy largo de derrumbar, lo bueno es que las nuevas generaciones de escritores no tienen prejuicios y se lanzan al género. Tiene salud la literatura fantástica, está Chimal, está Bernardo Fernández y además hay un público ávido de esta literatura con el toque mexicano, si bien es cierto que nos llega mucho desde hace años desde el ámbito anglosajón, la gente también quiere leer cómo interpretan los autores mexicanos la literatura fantástica; afortunadamente empieza a haber un cambio porque las editoriales se están dando cuenta de que hay un público y esto vende así que se están poniendo las pilas
Independientemente de los críticos o la academia, la gente consume esta literatura. Tan es así que podemos ver el ejemplo de la editorial Porrúa, que es una editorial clásica, de grandes clásicos quiero decir, muy digna y que ha hecho una labor muy importante. Esta editorial ya se dio cuenta de este cambio y tiene su colección de zombis, una de vampiros y una edición perfectamente anotada de cuentos de Lovecraft. Tú ves las notas y están muy bien hechas. Almadía desde hace tiempo se abrió a esto… hay lectores, saben lo que les gusta y quieren consumir lo que les gusta.
Viene lo mejor, porque escritores hay, lo están haciendo bien y los editores también, incluso hay una revista digital como Penumbria, dedicada al género fantástico.
¿Por dónde empezar a leer a Bernardo Esquinca?
Tal vez, si alguien quisiera leerme por primera vez, le diría que empezara por Los niños de paja porque es un libro más corto y en el que está mi génesis como escritor, en concreto como cuentista de terror, y ya después pueden pasar a Demonia y llegar a las historias que me gustaría creer que son más maduras, las de Mar Negro. Finalmente, podrían pasar a las novelas.
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Ya pueden comprar el libro de Bernardo Esquinca en librerías.
Fuente: Sopitas.com
Profesora de química es detenida… tenía un lote de metanfetaminas en casa
Mientras a muchos jóvenes series como Breaking Bad les han mostrado que saber de ciencias es bastante cool, y ya hasta más ganitas le echan en la escuela con el fin de volverse expertos de las “ciencias duras”… quienes ya eran portadores de tan poderosos conocimientos se han preguntado ¿y por qué no?
Después de un pitazo, la policía de Texas realizó un cateo en la casa de una aparentemente inofensiva profesora de química… grande –no mucho- fue la sorpresa de las autoridades, cuando en el interior del domicilio de Walter White Haivan Bui encontraron un lote de metanfetaminas, marihuana y medicamentos de receta.
Además de su guardadito de drogas, la profesora tenía posesión de una sustancia conocida como gamma-hidroxibutírico (GHB), la cual es usada como droga sicotrópica sedante. Al momento de su detención, Bui tenía una receta de cómo utilizar el GHB.
Por si todo lo anterior no fuera suficiente para enfrentar a la justicia, la profesora también tenía una escopeta… por lo que ella, como su esposo, enfrentará cargos por posesión ilegal de armas.
Como hay lugares donde nunca pasa nada emocionante, en cuanto se supo de la detención de Bui se corrió la voz por toda la Oak Ridge High –escuela donde trabajó la ahora detenida-… sobre todo porque la institución se enorgullece de encontrarse en una zona “libre de drogas y armas”.
Doña Bui es acusada de tener la intención de fabricar sustancias controladas… aunque podría quedar en libertad, antes tendrá que aflojar 50 mil dólares de fianza… nada más que la dejen hacer sus respectivas entregas y verán como paga eso y más.
Música de sobremesa
Juancer el Bastardo era el chico encargado de deshacerse de los cuerpos de alguna mafia en la que ni siquiera él tenía ni idea quién era el jefe, pero la paga era tan buena, y ellos eran tan discretos, que no le interesaba saber quiénes eran o qué habían hecho esos infelices antes de llegar a él convertidos en carnes frías. Comenzó con este negocio, y ahora mal hábito, cuando era joven y necesitaba un poco de dinero para salir de las deudas que se había echado encima por maquilar en grande su primer disco de RAP; un éxito en el norte y centro del país, pero Juancer no había sabido administrar las ganancias y estaba en quiebra.
Por esa época, Black Leeroy se había acercado a él durante una borrachera en camerinos y de alguna forma, Juancer terminó acompañándolo al sitio más oscuro y aterrador que hasta entonces había visitado, para arrojar a uno de los cuerpos en una de las múltiples fosas comunes que habituaba Leeroy. Ese fin de semana de alcohol, mujeres, drogas y RAP lo pagó Leeroy con el dinero de ese trabajito. Cuando el fin de semana terminó, Juancer no estaba tan convencido, pero vio la posibilidad de hacer un poco de dinero fácil, por un periodo corto de tiempo. Trabajaría para Leeroy y no tendría que involucrarse con nadie más, era muy seguro. Leeroy aceptó. Juancer pensó que sólo sería mientras pagaba las deudas que venía arrastrando e incrementando durante 5 meses. Terminó de pagar sus deudas mucho antes de lo que había planeado y decidió que quería armar un estudio en casa, tal vez un par de trabajos más, tal vez un par de borracheras más. Las pequeñas borracheras se hicieron grandes borracheras y entre más grandes, más costosas. Entre más frecuentes, más difíciles de dejar.
Habían pasado 8 o tal vez 10 años, no estaba muy seguro. Ya no hacía los tratos con Leeroy, sino con el jefe y llevaba un estilo de vida que el RAP aún no podía costear. Había un vaso old fashion con una bola de hielo y whiskey sobre la mesa, sudaba un poco y eso lo hacía una delicia al tacto. Miró por la ventana y ahí estaba, imponente y llena de vida. La ciudad de México, sumergida en un show de luces que no pararían hasta el amanecer. Aún no llegaba ya típico Tsuru blanco. Caminó tambaleándose hasta la mesa, tomó el trago y partió a paso torpe rumbo a la habitación. Las vio tiradas en la cama, una tenía un liguero negro y la otra unas pantis blancas, joviales, muy naturales. Sonrío y luego bailó un poco consigo mismo. Colocó el vaso vacío en la mesa con el afán de llenarlo una vez más, pero una llamada lo interrumpió. – Ya llegó su taxi señor – dijo una voz sin tacto y colgó el teléfono. Juancer regresó a la ventana y miró una vez más, vio que el Tsuru ya estaba aparcado en la oscuridad, justo bajo la tétrica y seca jacaranda. Tomó sus pantalones, que de alguna forma habían llegado al sofá, trató de ponérselos, pero cayó un par de veces, rio a carcajadas y luego se levantó, sacudió un poco su gorra y con un movimiento, que Juancer recordaba hacía a Frank Sinatra, se la puso. Regresó a su paso de vals con rumbo a la salida, tras la puerta lo esperaba una sudadera negra de capucha amplia. Se la puso hábilmente. Salió del departamento y cerró la puerta. Casi de inmediato volvió a entrar, fue a la nevera y tomó un seis de Jack Daniel´s, sonrió y cerró la puerta de la nevera con el pie.
Abrió la puerta del carro, se sentó y buscó las llaves, sonrío de nuevo y bajó del carro, metió la mano bajo la salpicadera delantera izquierda, ahí estaban, como siempre. Subió al Tsuru y una vez más algo lo perturbó, miró fijamente hacia la guantera, acercó la mano y al abrirla encontró una Colt M1911 semi-automática de acción simple, alimentada por cargador y operada por retroceso directo de calibre 45 ACP, Juancer la conocía como “escuadra 45”. Una ligera sonrisa se dibujó con calma en su rostro.
Surcó la ciudad mientras degustaba otra Jack Daniel’s. Luces, carros y rostros, por todos lados veía personas y pensaba que tal vez algún día llevaría a alguno de ellos en la cajuela del Tsuru., como lo hacía ahora.
Al fin llego a un lugar muy alejado y de poco alumbrado, aparcó el carro cerca de la bodega. Anteriormente enterraba los cuerpos en lugares muy apartados y despoblados, en el estado de México, pero perdía muchas horas en el camino y se fastidiaba llegando sobrio al lugar, así que decidió rentar una bodega solitaria en una zona industrial. Cada fábrica, en cualquier dirección, estaba por lo menos a un kilómetro y medio de distancia. Esto incluía un matadero al Oeste, así que era perfecto para disimular los olores. Abrió la cajuela y miró el habitual bulto blanco, pero esta vez había algo raro, algo que lo perturbó profundamente. El bulto dejaba ver unos nike Air Force One de bota, color blanco. Tuvo la impresión de que la persona bajo la sabana era uno de sus conocidos. Le vino a la mente Black Leeroy. Recordó la última vez que intercambiaron servicios por dinero, charlaron un poco, se sirvieron unos tragos y mientras brindaban, bastardo derramó un poco de alcohol sobre el costoso tenis de Leeroy, los miró con detenimiento y admiración. Juancer había soñado con esos tenis desde que era niño y ahora que tenía el dinero para comprarlos, ya había olvidado que los quería. Se disculpó, pero Leeroy no le dio importancia y la fiesta continuó.
Ahora tenía miedo de que Leeroy fuera el pobre infeliz bajo la sábana y de ser así, él podría ser el siguiente. Acercó su mano empalidecida y sudorosa, tomó una punta de la sábana y pensó que tal vez debería de hacerlo como las mujeres depilaban sus piernas. En un movimiento rápido lo descubrió. El rostro que encontró en su vida lo había visto. Una carcajada sonó por todo el lugar, movió la cabeza negándolo todo. Regresó al carro y tomó un Jack Daniel’s.
Con mucho esfuerzo sacó la mitad del cuerpo de la cajuela, tiró una vez más y la cabeza del infeliz azotó dura y seca contra el concreto. Lo arrastró con indiferencia desgarrando la oscuridad con una linterna de mano. Llegó hasta una tapa en el suelo, parecía la de una cisterna, quitó el candado, se puso un pañuelo en la cara, y levantó la tapa oxidada. Retrocedió un poco ante la peste que provenía del hoyo. Apuntó la luz dentro y vio que sus nenas corrían de un lado a otro deseosas de alimento, algunas eran tan grandes que parecían conejos, ya no quedaba nada del último sujeto que arrojó ahí, las ratas lo habían devorado por completo. Quitó la sabana del cuerpo y la dejó a un lado, colocó el cuerpo en la orilla y bailó un poco más para ellas. Con el talón rodó el cuerpo dentro y las ratas chillaron casi de una manera eufórica. Juancer siguió bailando; izquierda y derecha, una y otra vez, pero cuando pasó por encima de la sábana, sus pies se enredaron en ella y perdió el equilibrio. Cayó de cara en el oscuro agujero y por un momento no supo en dónde estaba, o quiso negarse a lo que en realidad sabía, pero entonces sintió un agudo y penetrante dolor en la mano, levantó el brazo y lo vio cubierto de ratas, se incorporó, se sacudió todo el cuerpo y saltó lo más alto que pudo hacia el único lugar por donde entraba la luz. Estaba demasiado alto. Tras un grito prolongado y furioso reinó el silencio. Juancer no dejó de sentirse orgulloso de sus nenas y dedicó sus últimos pensamientos a desear haber caído muerto ahí dentro.
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Por Kris Durden
El monje de Pontefract
En 1970 uno de los casos más famosos de fantasmas en Europa sucedió enPontefract, en Inglaterra. El ente en cuestión se hizo conocido como el Poltergeist de Pontefract o, para los más cercanos, Monje de Pontefract. El fantasma era, en teoría, el espíritu de un sacerdote muerto en el siglo XVI.
Uno de los relatos sobre el fantasma vino de la familia Pritchars, conformada por Joe y Jean y sus hijos Philip y Diane. Los cuatro afirmaban que eran atormentados por un fantasma que comenzaron a llamar Fred. Según los relatos de la familia, Fred acostumbraba a lanzar objetos, enfriar el ambiente y dejar charcos en el suelo. Además, Fred robaba sándwiches de jamón y dejaba las manijas de las puertas de la casa pegajosas.
Fred tenía otra costumbre: llevaba huevos entre las habitaciones y, obvio, los lanzaba solo para ensuciar. Hasta allí parece que Fred era un Gasparin rebelde pero, de hecho, era mucho más malvado.
Uno de los incidentes más oscuros que involucró al fantasma Fred fue cuando, de la nada, tomó a Diane, que tenía 12 años, del cuello y la llevo al segundo piso. El cuello de la niña llegó a quedar marcado. Como si no fuera suficiente, Fred intentó estrangular a la pequeña con cables eléctricos.
La casa fue visitada por los oficiales de policías, psíquicos e incluso por el propio alcalde de la ciudad. El sitio fue considerado paranormal por algunos investigadores. Carol Fieldhouse cree que la historia es verdadera, después de todo, vivía en la casa contigua y afirma haber visto fantasmas rondando la zona de vez en cuando. Ella explica que no sólo vio a Fred, sino que converso con él, y tenía más o menos 1.65 m de altura.
Carol afirmó que el fantasma quería la casa vacía, tal y como está ahora. Según ella, el espíritu dijo que si alguien llegaba a mudarse al lugar, esta persona terminaría por irse en un plazo de 12 meses.
El fantasma de las viudas
Algunos hombres de Tailandia fueron víctimas de un fenómeno conocido comosíndrome de muerte súbita inesperada. Todos ellos murieron mientras dormían, y se dice que quien los mató fueron los espíritus de las viudas, especialmente de aquellas que tuvieron una muerte violenta. El objetivo de estos fantasmas femeninos es matar a los hombres y tomar el alma de los muertos, sus nuevos maridos.
En los años de 1990, en Tailandia se esparció el temor de estas viudas de la muerte y, ya que estos espíritus sólo atacaban a los hombres, muchos sujetos comenzaron adormir maquillados y con las uñas pintadas, en un intento de engañar a los fantasmas.
Otra estrategia, aún más común que la anterior, consistía en esculpir falos de maderay dejar el falso miembro al lado de la cabeza de la posible víctima. Esto también parecía asustar a la viuda fantasma. Los hombres de Ban Thung Nang Oak estaban orgullosos de sus falos de madera, que llegaban a medir casi un metro.
Algunos más temerosos incluso llegaron a hacer espantapájaros con miembros gigantes, algunos grabados con mensajes como “cazador de viudas fantasmas”. En una villa los rumores decían que las viudas ya tenían suficientes almas masculinas y que empezarían a matar mujeres, para tener variedad.
La verdad sobre las muertes: las autopsias realizadas a los hombres que habían muerto dormidos revelaron que presentaban señales de desnutrición, después de todo, muchos de ellos sólo se alimentaban con arroz dulce, lo que les causaba una gran producción de insulina y la falta de muchos otros nutrientes.
De película: falsos custodios roban casi 10 millones de pesos a un banco en el DF Tal vez inspirados en las películas hollywoodenses, tres sujetos decidieron llevar a cabo el plan perfecto del robo a un banco en México. Los hechos ocurrieron esta madrugada cuando tres individuos acudieron a una sucursal de BBVA Bancomer en la calle Corregidora, del Centro de la Ciudad de México, a perpetrar su odisea. Con uniformes similares a los que usan los empleados de la compañía Tecnoval, tres abusados sujetos vestidos con chaleco antibalas, escopetas y logos de la empresa de traslado de valores, bajaron de una camioneta y se ostentaron frente al cajero principal del banco como custodios para retirar el dinero del banco y llevárselo a su casa sin el uso de violencia. El empleado pillado revisó en la lista que los bancos tienen si los sujetos se encontraban registrados y tras corroborar que sí, les dio el acceso a la bóveda para que campantemente se llevaran 9 millones 900 mil pesos. Pero…¡¡¡sorpresa!!!, resulta ser que 20 minutos después se presentaron los “custodios originales” de Tecnoval a realizar el retiro del efectivo y pues nada, el gerente les informó que ya habían pasado por el mismo y entonces se descubrió el robo. La camioneta que usaron los “custodios de película” fue encontrada abandonada por la policía del DF, mientras que la Procuraduría de Justicia ya inició una investigación por fraude en contra del banco, debido a que no se hizo uso de la violencia, por lo que descartan el robo, en primera instancia.
Creepypasta - Levitación
Morris Hobster fue mi mejor amigo por aquellos años en los que la sociedad condenaba estoicamente la actitud tan impetuosa y dinámica de la juventud. No puedo decir que éramos rebeldes, porque no era así: simplemente, teníamos otras ideologías más profundas y el bello don de la curiosidad.
Es que así éramos Morris y yo: nos encantaba experimentar cosas nuevas como a cualquier joven de nuestra etapa. Era normal que todos se comportasen así, ¿no? La verdad es que nunca pude comprender por qué nuestros padres y demás familiares se escandalizaban ante nuestras filosofías, actos y cuestiones. En realidad nos daba igual lo que creyeran acerca de nuestra mentalidad tan abierta e ilimitada, siempre dispuesta a conocer más cosas sobre la realidad que nos rodeaba. Y es que mi amigo y yo éramos de aquellos que gustaban de buscar nuevas expectativas y definiciones de la existencia que llevábamos, leyendo por aquí, tomando fotos por acá, y luego compartiéndolas entre los dos; sacábamos conclusiones desde nuestro punto de vista y más tarde buscábamos información sobre los resultados a los que habíamos llegado. Definitivamente, no me puedo quejar de mi juventud, pues disfruté tanto como jamás lo he hecho.
Si existía una palabra para definir la ideología de Hobster, ésa era extraordinaria. Ni yo poseía tal habilidad para concebir las costumbres cotidianas como un mero escudo ante lo desconocido, ante aquello que el ser humano siempre temió. Él mencionaba constantemente en sus pláticas que el hombre no tenía la más mínima idea de lo que había más allá de sus actos, y que siempre estaba buscando la forma de evadir su decadente e inevitable destino. Sencillamente, Morris era de aquellos jóvenes que, si se lo hubiera propuesto, habría llegado a la cima más encumbrada entre los sabios del mundo. Debo admitir que me sentía muy bien a su lado, pues era el único que lograba comprender mi concepción de la vida e incluso compartíamos puntos de vista iguales que, de no haber sido porque no compartíamos ningún parentesco familiar, podría haber jurado que ese chico era mi «gemelo ideológico», por así decirlo.
Sin embargo, el tiempo, maldito verdugo que inevitablemente te obliga a enlazarte con tu inverosímil destino, quiso que ambos nos separásemos y mi amigo se mudó junto con su familia a otra ciudad. Cuando él fue a comunicarme la desagradable noticia, no pude contener la agonía que estaba experimentando en mis adentros, y juntos nos despedimos con muchas lágrimas; lo que más me dolió de aquel aviso fue que claramente sentí cómo se desgarraba una parte de mi ser y era extraída por algún ser desconocido que deseaba ver mi sufrimiento. No puedo describir con otras palabras lo que padecí en aquel instante en el que mi destino estaba por cambiar, quizá para siempre, o tal vez era sólo una prueba de valor para ambos; pero todavía hoy me pregunto qué había que comprobar con esa separación. Actualmente, mi ilimitada imaginación me permite hacer una especulación sobre aquella circunstancia que decidió todo por nosotros. Tal vez la vida nos vio como una amenaza, algo que podía romper su cuidadosa y bien estructurada coreografía de falsedad y egoísmo. Siendo así, no había lugar para nosotros en este mundo.
Aún recuerdo bien esa sombría tarde en que lo vi irse: su cara transmitía una serenidad impresionante, aunque yo sabía perfectamente que aquello era una máscara que estaba usando para evitar mostrar su dolor ante su familia, la cual era muy severa y conservadora. Su caso familiar no era la excepción por aquellos tiempos: muchos jóvenes de nuestra edad pasaban por la misma experiencia, incluso yo lo vivía; aquel que no tuviera unos padres así podía considerarse afortunado, muy afortunado. Tengo bien plasmada en mi memoria su cara al momento en que el carro encendió con todo aquel maletero encima, casi marcada a fuego su expresión: me estaba comunicando con la mirada que ni la misma distancia nos separaría, y que algún día, en un futuro no muy lejano, volveríamos a vernos. Yo entendí su silencioso lenguaje, y con el mismo idioma le dije que así sería, y que tarde o temprano, estaríamos juntos de nuevo para descubrir más cosas.
Las cosas continuaron su marcha normal, desde el punto de vista de la sociedad que me rodeaba, claro. Pero desde que Hobster se fue, supe que mi vida, a pesar de su creciente monotonía, ya no sería la misma. Me resultaba imposible el concordar con los adultos, quienes aseguraban que las amistades de juventud eran fácilmente olvidadas, y los jóvenes de mi ciudad me daban los ánimos que necesitaba para afrontar a esa terrible ideología a la que llamaban madurez adulta.
¡Qué grande fue mi alegría cuando recibí una carta de Morris! Recuerdo que mi padre acababa de llegar de su trabajo, y siempre tenía por costumbre revisar el buzón antes de llegar a casa. Escuché sus pasos subiendo las escaleras y supuse que pasaría de largo por mi cuarto sin saludarme, como siempre lo hacía; me sorprendió sobremanera que tocara la puerta de mi habitación, pero después comprendí que sólo lo había hecho porque entre las cartas que llegaron, había una para mí. Tengo que admitir que me extrañó demasiado que me enviaran algo, pero así era, mi padre me entregó el sobre y salió de mi cuarto. Me quedé observando la carta por un tiempo: ¡quien me la había escrito era Morris! Imaginen mi emoción cuando la comencé a abrir y descubrí, con total alegría, la pequeña pero fina letra de mi mejor amigo. Sin más tiempo que perder, comencé a leerla:
«Mi muy apreciable e incomparable amigo Randolph Gordon:
No puedo concebir la emoción de este momento en el cual estoy redactando estas líneas, me siento feliz de poder escribirte por primera vez luego de que fuese forzado por mi familia a abandonar el lugar donde pasé los mejores momentos de mi vida, con el amigo que jamás podré olvidar. Te parecerá increíble, pero desde que estoy acá, no logro adaptarme a mi nueva forma de vida: la ciudad en la que vivo ahora es mucho más caótica que la tuya, los jóvenes se apegan ciegamente a las enseñanzas de los adultos y, por desgracia, no ejercen su libre albedrío como debería ser; si los adultos de mi anterior pueblo eran severos y conservadores, estos van más allá de esas erróneas y estúpidas ideologías. No puedes imaginarte la felicidad de mis padres al saber que sus vecinos tienen un hijo “bien educado” que nunca pone en duda la autoridad de sus mayores y que es obediente. Sólo puedo pensar en la debilidad de pensamiento que posee ese pobre muchacho, y no lo culpo, la verdad no puedo hacerlo porque el ambiente en que ha crecido lo moldeó así y así se quedará para su eterna desgracia. Por otro lado, mi familia a cada momento menciona que cuánto hubieran dado porque yo creciera desde un principio en esta maldita ciudad, y están diciéndomelo a cada momento del día. En la escuela soy visto como el “rebelde sin causa” y he tenido choques de personalidad con todos los profesores, incluso con la directora; me han llamado varias veces la atención por defender mis justos derechos y cada vez que me pongo en contra de los pensamientos tan cerrados de mis maestros, mis padres son citados para conversar con ellos, y los exhortan a que me pongan en mi lugar o alguien más lo hará un día. Ellos, como siempre lo has sabido y es costumbre del lugar donde estás, dicen que se avergüenzan de mí; que debería aprender a comportarme como el hombre que soy y que definitivamente tendrán que enseñarme a levitar. No entiendo a qué se refieren con eso, pero sospecho que no es nada bueno. Randolph, sé que te sonará ridículo, porque jamás me escuchaste mencionar algo similar cuando estábamos juntos, pero por primera vez en mi vida tengo miedo, miedo hacia el destino que me depara con esta putrefacta sociedad. ¿De qué tengo pavor? Del modo de ver las cosas de los adultos: son tan ambiguos que se puede esperar cualquier cosa de ellos. Me decidí a escribirte esta carta a escondidas de mis padres, bien sabes que ellos nunca te vieron con buenos ojos porque eres igual a mí en pensamiento, del mismo modo en que tus padres me veían mal a mí. Supongo que algunos patrones de conducta siempre permanecen, y ése es el caso de nuestras familias, ¿no lo crees? Tengo deseos de que vengas a visitarme, quiero verte: no sabes el terror que vivo día con día al saber que la juventud de este lugar en realidad no existe, sólo son adultos en proceso de madurez; me aterra ver que nadie piensa por sí mismo y se apegan como un perro a su dueño a las ideas de los mayores, es simplemente macabro. ¿Hacia dónde va este decadente sistema? No tengo la menor idea, pero he decidido que en cuanto tenga mayoría de edad, me iré de este enfermizo lugar que no hace otra cosa más que reprimirme demasiado. Sé que te veré pronto porque responderás a mi llamado, sabiendo que tú tienes más posibilidades de venir a verme, y tienes conciencia de ello.
Junto con esta carta he anexado un mapa de mi ciudad actual, en él realicé unas señalizaciones para que encuentres mi casa; en el dorso se encuentra mi dirección completa, junto con instrucciones precisas para que no te equivoques de domicilio. Si hago todo esto es porque me urge verte, necesito hablar con una persona que me entienda y me ayude a soportar esta situación. Creo que empiezas a comprender cómo me siento, después de todo, admiro tu habilidad para ser empático, cosa que aquí nadie posee. Amigo mío, quisiera comunicarte más cosas por este medio, pero entiendo que las palabras que deseo compartir contigo no podrían ser escritas. Espero tu próxima venida y recuerda que siempre contarás con un amigo leal en la distancia y en la eternidad, así como yo sé que siempre estarás conmigo en las buenas y en las malas.
Tu mejor e incondicional amigo,
Morris Hobster».
Confieso que en un principio, la carta me llenó de mucha motivación y alegría, pero conforme me fui acercando a su desenlace, me sentí frustrado y a la vez preocupado: no sabía la difícil situación que estaba viviendo Morris, ¡y yo que pensaba que mi vida era terrible! Sin pensármelo dos veces, empecé a idear un plan para que mis padres me llevaran a visitar a mi amigo; les diría que en la carta que me envió me comunicaba que estaba enfermo y que el médico le había recomendado absoluto reposo, por lo cual me escribió y me solicitaba que le llevase algunos libros para su entretenimiento mientras permanecía en cama. Con aquella estrategia en mente, me dirigí al cuarto de mis padres y les dije sobre la supuesta enfermedad que tenía mi amigo, les rogué que fuéramos a verlo y, sorpresivamente, ellos accedieron sin que les insistiera demasiado. Me comentaron que primero tendrían que pedir permiso en el trabajo de mi padre y en mi escuela para ausentarnos, asunto que resolverían al día siguiente. Yo estaba que no cabía en mí de la emoción: ¡iría a ver a Morris después de tanto tiempo!
Al tercer día nos encontrábamos empacando algunas maletas para quedarnos unos días con la familia Hobster, pues mis padres consideraban que resultaría interesante relacionarse más con los progenitores de mi amigo. Salimos rumbo a la ciudad donde Morris se había mudado junto con su familia, y con ayuda del mapa que me envió, logramos dar con la casa sin equivocarnos de dirección.
Mi corazón saltaba de la indescriptible felicidad que sentía al saber que de nuevo vería a mi gran amigo de toda la vida. Me bajé del auto casi al mismo tiempo que mi padre se estacionaba, corrí hacia la puerta de entrada mientras gritaba el nombre de Morris. La puerta se abrió mientras la señora Hobster me dedicaba una sonrisa que, hasta hoy, no dejo de considerar que poseía una pequeña sombra de felonía. Pregunté por mi amigo, y con el tono más dulce e hipócrita que había escuchado jamás, su madre me contestó que él estaba en su habitación levitando. No sé por qué, pero en ese momento sentí una terrible punzada en el pecho, sobre todo porque Morris me había mencionado que esa palabra acrecentaba su temor con respecto a sus padres y la forma en que ellos la concebían.
Le pregunté a la señora Hobster en dónde estaba el cuarto de mi amigo. Ella seguía manteniendo su falsa sonrisa mientras señalaba hacia las escaleras que conducían al segundo piso, al tiempo que mencionaba que Morris había estado sumamente inquieto por mi llegada, y que ahora se pondría feliz de verme. No había acabado de darme la información cuando corrí con mucha rapidez mientras ascendía hacia la segunda planta de la casa. Cuando llegué a la puerta que supuse que sería la de mi amigo, noté que estaba cerrada, así que toqué al mismo tiempo que le avisaba a Morris que ya había llegado.
Sólo escuché la voz del señor Hobster contestándome que pasara, pues mi amigo estaba en esos momentos muy ocupado levitando; otra vez escuché esa palabra que me retorcía las entrañas. Con mucha lentitud abrí la puerta, pues pensé que Morris estaba quizá reflexionando sobre algo o muy sumido en sus pensamientos para que no me contestase, y además, ¿qué hacía su padre con él en su habitación? Mis pensamientos fueron cortados de tajo mientras observaba, boquiabierto, algo que jamás creí que vería en la vida real: ahí, en medio del cuarto, estaba mi amigo ¡literalmente levitando, tal y como lo habían mencionado sus padres! No lo podía creer, no lo quería creer; empecé a entrar en un estado de shock mientras seguía mirando a mi amigo, en su rostro se dibujaba esa misma expresión que me había dedicado el día que se fue de mi ciudad: serenidad, una tranquilidad infinita y esa particular sonrisa suya que me dedicaba cuando decía que todo iba a salir bien. Continué viéndolo, realmente levitaba, pues sus pies no tocaban el suelo; era increíble, pero cierto.
Recuerdo que escuché decir a su padre que ahora Morris, gracias a la levitación, aprendería a comportarse como un joven de buenos modales y que sería un gran ejemplo para mí de ahora en adelante. La cara del señor Hobster expresaba alegría y orgullo: no podría estar más feliz de su hijo.
Desperté en el hospital general de la ciudad, rodeado de las preocupantes miradas de mis padres. Me dijeron que me había desmayado por la emoción de volver a ver a mi amigo, pero sabía que decían eso para tranquilizarme. Como sólo había sido un desvanecimiento temporal, el médico me dio de alta enseguida. En la sala de espera estaban los padres de mi amigo, felices que mi desmayo no hubiese pasado a mayores. Pregunté una y otra vez por Morris a sus progenitores, y ellos, con una gran sonrisa de satisfacción, sólo se limitaban a decirme que ahora él era un chico muy educado y obediente, y que debería estar orgulloso por ser amigo de un muchacho así. Yo simplemente no podía creerlo; me puse histérico y les grité enfrente de todos los que se encontraban ahí y de mis padres que estaban completamente locos, que su retorcida ideología no conocía límites y que no había ningún motivo para estar feliz por haberlo obligado a convertirse en lo que ahora era. Las personas del hospital se quedaron mirando conmocionados aquella escena, jamás habían visto a un joven alzarle la voz así a sus mayores. Mis padres estaban avergonzados por mi supuesto escándalo y me sacaron a rastras de aquel indiferente lugar; nadie hizo nada para defender mis ideas, nadie, y sé que nadie jamás lo hará, no en esa maldita y putrefacta ciudad.
Debido a mi «indecente» comportamiento, mis padres decidieron regresar a casa esa misma tarde, comunicándome que los padres de Morris no deseaban volver a verme, ya que me consideraban una mala influencia para su hijo. Yo sólo quería despedirme de él por última vez, y decirle que lamentaba no haber llegado antes para salvarlo de su levitación, ¡sólo quería eso! Sentí un terrible dolor en mi pecho mientras nos alejábamos de aquella fatídica y repugnante ciudad. Mis padres, completamente decepcionados de mi forma de expresarme ante los Hobster, me dijeron que también deberían aplicar conmigo esa técnica de la levitación, pues así aprendería a ser un chico correcto y bien portado. Recuerdo que en ese instante comencé a odiar enfermizamente a mis padres, tanto como aborrecía a los de mi mejor amigo.
El tiempo, en su marcha incansable, hizo que ya no le diera motivos a mis padres para que cumplieran aquella terrible amenaza que tenía por objetivo despojarme de mis ideales. En cuanto cumplí la mayoría de edad, abandoné la casa porque no soportaba vivir con aquellos dos seres tan aborrecibles. Me mudé a un pequeño poblado, lejos de mi antiguo hogar. Puedo decir que ahora llevo una vida tranquila, pero no feliz: el recuerdo de la sorprendente levitación de mi amigo me persigue a todos lados. La última vez que lo vi, su cara me volvía a decir que algún día estaríamos juntos para siempre, y jamás lo dudé. Creo en su palabra y siempre seguiré creyendo en ella, a pesar de que él ya no será nunca lo que alguna vez conocí. Pensándolo bien, yo tampoco quiero seguir siendo lo que soy ahora. He leído su carta muchas veces en mis tiempos de soledad para sentirme acompañado, y siempre se ha quedado marcada en mí, tal y como si fuese un tatuaje, aquella palabra que le dio un sentido nuevo a la vida de mi amigo y estaba por formar parte de la mía. Seguramente, si me vieran mis padres, estarían orgullosos de mí. Sin dilación, termino de escribir estas líneas para decirles a todos ustedes que la experiencia de la levitación me servirá para comprender por qué mi amigo tenía esa expresión en su rostro aquél día: era muy pacífica.
Sé que ninguno de ustedes comprenderá el motivo que me lleva a hacer esto, pero sólo quiero saber qué sintió mi amigo cuando su padre lo hizo levitar. Sin más demora, tomo una resistente soga y la amarro bien en el techo de mi casa, me aseguro de que esté bien atada y formo un nudo corredizo en su punta libre. Me colocaré ese lazo alrededor de mi cuello y entonces al fin estaré con mi amigo, al fin comprenderé a sus padres y al fin me sentiré libre para dejar este maldito mundo. Creo que por eso Morris estaba tan relajado mientras levitaba, ahora sentiré esa misma calidez que su familia le hizo sentir al convertirlo en un hombre de bien.
Levitaré, sí, para que mis pies jamás vuelvan a tocar este inmundo suelo…
Leyenda Urbana - La niña perdida
Cuenta la historia que una mujer andaba por la calle de su casa en un día soleado, cuando se encontró con una niña sentada sobre la banqueta, llorando. La mujer se aproximó a la pequeña y entonces supo que estaba perdida, pues le pidió ayuda para volver a casa. Conmovida, ella aceptó llevar a la pequeña, acompañándola hasta la puerta de su casa.
Al llegar a la dirección, la niña le pidió a la mujer que tocara el timbre por ella. Atendiendo la solicitud de inmediato, la mujer apretó el timbre y acabo por recibir un choque muy grande que la hizo desmayar. Horas después despertó sin ropa en una casa vacía, con muchos condones alrededor y sin señales de la niña o de quien la había violado.
Leyenda Urbana - La anciana bondadosa
Tras hacer las compras en un centro comercial, una joven fue hasta su automóvil que estaba estacionado en el exterior. Llegando hasta el vehículo, la mujer vio a una anciana de pie, del lado de la puerta del copiloto. La joven se sentó para conducir y se dio cuenta que el cristal de la ventana del copiloto estaba totalmente roto.
La anciana le explicó que, en realidad, el cristal estaba roto desde hacía un buen tiempo y que por eso ella estaba allí parada, para evitar que alguien intentara robar el vehículo. Agradecida, la joven se ofreció amablemente a llevar a la señora. Mientras manejaba, la chica notó que la mano de la anciana era demasiado masculina y, desconfiada, decidió chocar contra un auto que conducía a baja velocidad delante de ella.
La anciana logró escapar después del accidente, y más tarde la policía descubrió que en el asiento trasero del vehículo alguien había escondido un cuchillo y una cuerda.
Leyenda Urbana - Los vampiros peruanos
Una de las leyendas urbanas más famosas en Perú es sobre algunas criaturas conocidas como pishtacos. Reza la leyenda que estos vampiros vagan por la noche persiguiendo viajeros y personas desobedientes. Las víctimas son capturadas por la cabeza y llevadas a oscuros galpones donde son asesinadas para extraer su grasa corporal con el fin de venderla en el mercado negro.
Esta versión oficial de la historia es frecuentemente cuestionada, ya que, por supuesto, no hay evidencia concreta sobre los asesinos involucrados y, como es de esperarse, es un poco difícil creer que exista un mercado negro dedicado a la compra de grasa humana. Aparte, ¿por qué otros órganos humanos no son vendidos también? Algunos deben valer mucho más que la grasa.
Quienes cuentan la historia defienden la idea de que la grasa humana es vendida a otros vampiros secuestradores, quienes encontraron en este material la fuente de la eterna juventud.