Ayer conocí a Jesús... No era la persona que me describían en la iglesia, no se parecía al de los cuadros y los yesos, ni mucho menos venía de Nazareth más bien Jesús tenía ese acento que a muchos les incomoda, ese que hace que algunas personas toquen su cartera después de pasar a su lado, que lo odien sin pedirlo o que en algunos genera la más grande de las penas, yo también fui esa persona en la mañana, quien sabe cuantas veces me crucé con él y aceleré mi paso pero de vuelta cuando la lluvia amenazaba con empaparme y me retorcía del dolor fue Jesús quien se acercó a mí y calmó mi dolor durante unos minutos, sus palabras fueron la medicina para mi cara dolorida y mi alma agitada ¿Quién era él que sin conocerme sabía que me aquejaba? ¿Cómo alguien como él puede predicar el amor? no lo sabré. Jesús es una persona llena de amor y de luz, tal vez ayer pasó una noche de frío pero aunque no tenga un techo y sea un nómada más, él conserva la esperanza y la transmite a quienes pasan por su lado y se detienen a conversar. Ayer entendí que Jesús había vuelto, en forma de un hombre joven con la mirada despierta. Ayer entendí que Jesús era como yo. Onyx














