Rompe la profecía.
Que se equivoquen los astros que dictaron mi destino.
Rómpele el ciclo al "nunca".
Sé el huracán que cambie mi estación eterna.

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@clonazzzepunk
Rompe la profecía.
Que se equivoquen los astros que dictaron mi destino.
Rómpele el ciclo al "nunca".
Sé el huracán que cambie mi estación eterna.
A veces siento que todas mis heridas forman una constelación, fría y brillante, en la cima de mi universo. Pero otras veces, cuando la luna no mira, sangran mis estrellas y heridas de gravedad convierten mi tristeza en polvo de estrella fugas.
Flores De Paso (4/4)
Y cuando el lirio se deshizo en polvo de otoño,
junio abrió sus puertas de par en par
y llegó la peonía.
No fue el rayo que parte la noche,
fue la primera claridad
que se cuela por la rendija del alba.
No llegó con la prisa del que huye,
llegó con el paso de quien sabe
que lo verdadero no irrumpe,
se posa.
Echó raíces donde solo había hiedra
y musgo de espera.
Hizo del barro de mi jardín
su mapa, su casa, su promesa.
Y aunque vinieron lluvias
que ningún cielo anunció,
y vientos que
doblaron nuestros pétalos,
en noches tan frías
que el alma dudó de su propia primavera,
cuando el techo de nubes
parecía cerrarse para siempre,
encontramos la hendidura exacta,
la grieta diminuta,
por donde la luz volvía a entrar
como quien vuelve a casa.
No es un amor que incendia...
es un amor que permanece.
No nació en el fulgor de un relámpago,
sino en la lenta costura del tiempo,
pétalo a pétalo,
día tras día,
con hilos de llanto y de risa,
de silencios que cobijan
y palabras que sostienen,
con manos que aprendieron
a encontrarse en las otras
sin aferrarse,
sin herirse,
sin dejar de florecer en dos.
Aún no sé si será la última flor
de esta tierra mía.
Pero cada junio,
cuando abre sus brazos al sol
y despliega su nombre en el aire,
me recuerda que hay amores
que no llegan para irse,
llegan para quedarse
en la memoria de la tierra,
como la humedad que nunca
termina de irse del todo,
como el surco que guarda
la forma de lo que un día
decidió echar raíz
y no soltar.
ㅤ esto es para ti,
ㅤ por si la brisa
ㅤ te lo lleva, quiero
ㅤ que sepas que te amo,
ㅤ más allá de un texto,
ㅤ más allá del viento.
ㅤ Más allá de lo que
ㅤ alguna vez pude sentír.
Flores De Paso (3/4)
Sin darme cuenta, el tiempo se vistió de ocre...
Y octubre tocó la puerta.
El viento trajo el olor de la tierra que despierta
a su propia muerte,
y un aroma que no supe nombrar
hasta que tuvo nombre de huella
su pie en mi umbral.
Llegó como el rayo que no anuncia su caída,
pero con la certeza de quien sabe
que su fuego no es para quedarse,
sino para marcar.
No entró con pétalos,
entró con raíces prestadas,
con la grieta de quien busca llenar
su propia sequía en el agua ajena.
Fue la lluvia que no invité,
la que cayó con nombre de cielo
y cuerpo de tempestad.
Me enseñó que algunos brazos
son látigos que aprendieron a abrazar,
y que hay miel que quema
cuando se queda demasiado tiempo
en la lengua.
Me enseñó que el hilo que ata
a veces es un nudo
que se hace pasar por lazo.
Que hay promesas que pesan
más que cadenas.
Y que aflojar la mano
no es perder,
es recordar que uno respira.
Aprendí que el amor no debe ser peso,
que la semilla no echa raíz
en tierra que arde,
que el otoño es un parpadeo
y que yo no soy el huerto
donde otros siembran su sed.
Aprendí a deshacer veranos con la yema de los dedos,
a cerrar ventanas sin asomarme al adiós,
a saber que la fidelidad no es quedarse
cuando quedarse es desaparecer.
Hoy el lirio se ha ido.
Pero su sombra pesa menos
que su nombre.
Y en la cuenca de mi pecho,
donde dolió su ausencia,
ha brotado una raíz
yo.
Y esa, ni el viento más áspero
la arranca de su tierra.
Flores De Paso (2/4)
Y cuando el girasol encontró su hogar,
marzo me regaló una rosa roja.
No pedía permanencia,
solo ser vista mientras durara su estación.
Fue un amor sin promesas,
pero con los pétalos contados.
No hubo futuro,
solo el vértigo de sabernos
un capítulo sin final escrito.
Me enseñó que hay fuegos
que no están hechos para durar,
sino para calentar una noche de primavera
y dejar cicatrices que no duelen,
solo recuerdan.
Que a veces el amor no es un jardín,
es una flor en un vaso de agua,
bella, intensa,
y con el tiempo justo.
No me dolió su marcha,
me dolió no haberla visto
con la luz adecuada.
Porque hay rosas que no se marchitan,
se apagan,
y eso es peor.
Hoy el jardín sigue su curso,
y marzo ya no me asusta.
Solo me recuerda
que hay encuentros que no necesitan ser eternos
para dejar huella.
Flores De Paso (1/4)
Hubo un girasol en mi jardín.
Alto, dorado, fiel a su estrella.
Me enseñó que dos personas
pueden amar la misma luz
y, aun así, al alba,
girar hacia horizontes distintos.
No todo lo que florece
está hecho para echar raíces juntas.
No todo lo que brilla
es un faro que guía de vuelta.
A veces el sol es uno,
pero el horizonte es inmenso,
y cada tallo busca su propio mapa
en el viento.
Aprendí a soltar su semilla,
a no pedirle que mire hacia mi casa,
a entender que su oro no era mío,
solo un préstamo de agosto.
Hoy el jardín sigue abierto
con una mancha clara de tierra
donde él estuvo.
Y en mi pecho, una pregunta
que ya no duele:
¿qué otra luz me espera
si aprendo a mirar sin dueño?
Presta atención a quien nota tus ojos tristes.
Esta jaula alguna vez fue suficiente.
Quiero huir.
Agarrar mis cosas y perderme en el horizonte,
o dejarlo todo y ser nada,
porque estas cadenas pesan más que mis huesos,
mi libertad ya no tiene color,
y yo hace tiempo que dejé de reconocerme en el espejo.
No hay noche en que no elija volver a ti.
Amado mío,
a veces creo que habitas en los rincones de mí
que yo misma ignoro,
que tu mirada sabe lo que mi alma aún no se atreve a nombrar.
Perdona este desorden que soy,
esta geografía de sombras y grietas,
pero incluso entre los escombros de mis días
hay una mano que busca la tuya,
un gesto que intenta ofrecerte lo mejor del fuego que me queda.
Porque bailo para ti,
aunque el suelo tiemble,
aunque el ritmo sea incierto.
Y en lo oscuro de mí,
hay una luz que aprende tus canciones,
que se curva y se eleva solo al compás de tu voz.
Si le abriera mi corazón y le contara cada dolor que he cargado, sé que no me volvería la espalda. Se conectaría conmigo, porque reconocería en mi sufrimiento el suyo propio, y me daría ese apoyo que tanto deseó para ella.
Estoy cansada de las recaídas, cansada de no ver más allá de las nubes que doblegan mis pensamientos.
Hoy, en la fragilidad del sueño, tus labios dejaron caer un te amo tan sutil como el primer rayo de luz. Y bastó eso. Bastó para que mi corazón, que ya creía haber olvidado el camino, regresara al instante exacto en que todo comenzó. Volví a sentir aquella marea, aquel vértigo, aquella certeza.
Y supe que no era un nuevo amor, sino el mismo de siempre, intacto, esperándote.
Porque mi amor no tiene otro dueño. Es tuyo.
Siempre lo fue.
A veces, en ese limbo donde el insomnio roza la vigilia, me detengo a interrogar la sombra de lo que pudiste haber sido.
No fuiste el alma que creí descifrar en otros tiempos, ni el baluarte donde reposaron mis esperanzas. ¿Qué vislumbré en ti, si fuiste la marea que deshizo mis naves y me devolvió, sin remisión, al abismo?
Depuse mis enseñas más de una vez a tus pies, aún aferrada a la ilusión de una paz posible. Pero allí donde yo tendía puentes, tú sólo dejabas cenizas; donde yo ofrecía treguas, tú inscribías derrotas.
Hoy lo sé: jamás libramos la misma guerra. Mientras yo recogía los escombros y trataba de imponer un orden a la ruina, tú desplegabas una batalla sin cuartel contra todo lo que osara cruzarte en tu ímpetu.
Confundí mis heridas con juramentos; tú confundiste mi paciencia con vasallaje. Y así quedé, entre murallas desplomadas, viendo cómo el polvo reclamaba lentamente lo que un día se alzó con soberbia en sus cimientos.
Qué extraño designio.
La lid había terminado mucho antes de que yo abriera los ojos. Los estandartes yacían rotos, los ecos de la contienda se desvanecían en la niebla y el humo ascendía, lento, hacia la indiferencia del cielo.
Cuando al fin el horizonte recobró su nitidez, no hallé vencedores ni vencidos.
Sólo la ceniza.
Y en la ceniza, una sola pregunta, intacta, como única heredera del naufragio:
¿Qué pudiste haber sido?
Porque aún ahora, entre los vestigios de esa ciudad imposible que levantamos sin cimientos, me es difícil discernir cuánto de sus ruinas te pertenece y cuánto fue sólo invención mía, fraguada en la penumbra de lo que quise creer.