Flores De Paso (1/4)
Hubo un girasol en mi jardín.
Alto, dorado, fiel a su estrella.
Me enseñó que dos personas
pueden amar la misma luz
y, aun así, al alba,
girar hacia horizontes distintos.
No todo lo que florece
está hecho para echar raíces juntas.
No todo lo que brilla
es un faro que guía de vuelta.
A veces el sol es uno,
pero el horizonte es inmenso,
y cada tallo busca su propio mapa
en el viento.
Aprendí a soltar su semilla,
a no pedirle que mire hacia mi casa,
a entender que su oro no era mío,
solo un préstamo de abril.
Hoy el jardín sigue abierto
con una mancha clara de tierra
donde él estuvo.
Y en mi pecho, una pregunta
que ya no duele:
¿qué otra luz me espera
si aprendo a mirar sin dueño?










