feria escolar.
(( @clover-miles ))
Mantuvo un semblante rigido, a pesar de los cuidados en Chicago, el roce de la ropa y una que otra flexion lo obligaba a recordar que aun estaba herido. Aun asi no tardo un dia en volver a Serval. Se habia quitado las banditas del rostro, al menos en esa zona la cicatrizacion era mas rapida y Lucy, una increible y encantadora anciana mutante de Chicago lo pudo curar antes de volver, o al menos lo intento. Los ruidos, tipicos de la feria al apenas ingresar al lugar, cosa que le tardo horas al no poder usar su teletransportacion, pero al menos no se esforzaba en suprimir su primera mutacion, aun le parecian lejanos y las vibraciones lo contrario. La respiracion aun le pesaba y su mirada parecia somnolienta aunque solo intentaba no externalizar lo atornillante del dolor de cabeza. Resoplaba cada vez, pero la punzada en el estomago era por cada cabello rojizo que veia bailar en el viento de esa tarde. Hasta que reconocio uno. —¡CLOVER! — alzo la mano, esperando que vea la conexion entre su mano y su grito, aventurandose con unos pasos hacia ella.—hey…
La pelirroja se encontraba disfrutando del que seria su cuarto algodón de azúcar, que a diferencia e los demás era de un color azulado, mientras se debatía si debería quedarse allí para seguir disfrutando de la deliciosa comida o si debería ponerse su camiseta e ir a disfrutar el juego que se estaba dando a cabo en toda la universidad. Dándole otra mordida al algodón entre sus manos le dio una mirada al cielo despejado que se encontraba sobre su cabeza mientras movía su cuerpo a la par de una canción que provenía de alguno de los puestos que la rodeaban decidió que lo ideal seria otra ronda de dulces para poder ir a la guerra de agua con todas sus energías renovadas. Al escuchar como alguien gritaba su nombre dio una media vuelta un tanto exagerado, como cada movimiento proveniente de ella, con una amplia sonrisa en sus labios listo para soltar un saludo alegre de vuelta cuando sus ojos se encontraron con los de él. Por unos momentos se quedo paralizada en su lugar, con el algodón de azúcar en una de sus manos, la otra en el aire en forma de saludo, y el rostro completamente en shock al ver que el mejor amigo de su mejor amigo, el “archinémesis” de su otro mejor amigo, el novio de su mejor amigo, Theo Sevilla se encontraba a tan solo unas personas de ella, saludándola como si se tratara como cualquier otro día, como si se hubieran visto hacia apenas una semanas y no meses como realmente lo haba sido. La imagen de su mejor amiga sentada en su cama con sus ojos verdosos vidriosos a causa de las lagrimas que intentaba reprimir mientras pasaban de su laptop a su teléfono en la espera de alguna noticia por parte de aquel imbécil que siquiera había tenido la dignidad de comunicarse con ella por meses y que con ello la había sumido en la preocupación, paso ante sus ojos y sintiendo como una ola de rabia recorría todo su cuerpo dejo que la sonrisa en su rostro desapareciera, el algodón que tenia en mano cayera al suelo, completamente olvidado, y una mirada decidida se posara en sus ojos para comenzar a caminar hacia él castaño. Cuando estaba a tan solo un paso de chocar con él levantar su brazo derecho impulsándolo hacia atrás, lista para darle una buena bofetada cuando repentinamente todos los recuerdos de los entrenamiento que había tenido con Mel, sus familiares y sus entrenadores mezclados con los de su mejor amiga con aquella mirada de dolor en sus ojos invadieran su mente e hizo que a medio camino del rostro de su objetivo cerrara su puño, y aterrizara con todas sus fuerzas sobre la quijada de Theo. Por unos momentos el lugar pareció quedarse en completo silencio, ella con una mirada extraña dirigida a la distancia, la gente a su alrededor conteniendo el aliento y con sus ojos posados sobre ellos expectantes de saber que sucedería a continuación cuando finalmente un grito de sorpresa y dolor escapo de los labios de la pelirroja al sentir como una puntada de dolor se apoderaba de su mano y rápidamente se encogió sobre si, acunando su brazo sobre su pecho mientras soltaba una sarta de maldiciones en todos los idiomas que sabia y le regalaba una mirada para nada amistosa al infeliz enfrente de ella.

















