hestia.
— Extraño mi camiseta —comentó, pues durante los hechizos de la noche de celebración en Las Tres Escobas, la intercambió con alguna persona, que ahora no recordaba. Era de sus prendas favoritas—. Me pregunto donde estará —suspiró con tristeza, y cuando movió un tanto su mano vendada (rota por golpear a Edgar en la cara mientras era controlada), realizó una mueca de dolor.
— Yo extraño mi dignidad y no me ves quejándome de eso — Respondió con un tono secó, realmente extrañaba su dignidad y que su secreto lo supiera solamente ella, juraba que si se enteraba quien la había encontrado probablemente lo tiraría de la cima de un edificio.











