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El timbre de su departamento no dejaba de sonar y por alguna razón el portero automático no funcionaba, se colocó las pantuflas y cerró su bata antes de bajar a ver que sucedía, abrió la puerta principal y trató de parecer una persona decente bajo esa mata de cabello despeinada-¿Qué necesitas a las tres de la mañana?-cuestionó con el ceño fruncido.
“Necesito usar tu teléfono, por favor” fue lo primero que respondió después de que la puerta se abriera y una Zénaïde medio adormilada apareciese allí. “El mío murió y esta es la única casa que conozco por aquí,” le explicó. Claramente se había pasado con el alcohol, también se le había pasado la hora. De no haber sido una emergencia, probablemente no la habría molestado.













