Personas
Hay personas tóxicas. Que consumen como lo haces tú con los cigarros de medio día. Que queman como el sol de verano. Que desgastan como las vías del tranvía hacen con tus oídos cuando reposas enfrente de su camino a lamentarte con tu alma gemela. Que derriten como el café hirviendo a tres inocentes cubitos de hielo.
Hay personas adictivas. Como cada calada amarga que sabe a gloria bendita. Como sentir que los rayos visten de pecas la piel. Como la música chirriante que cubre un vagón de pasajeros mientras ríes de nervios ante la atenta mirada compasiva. Como la siempre insuficiente azúcar del café ya templado.
Hay personas destructivas. Que presionan el pecho para que cuando salgas corriendo, te asfixies, y no te alejes. Que arden la piel desnuda expuesta a la rabia de Julio. Que gritan en tu cabeza para que no te des cuenta de que una oportunidad está en la vía de enfrente, y desvías la atención al silencio de tu entristecido oyente. Que te quitan el sueño, más o menos frío. Con o sin hielo.














