— Oh, lastima, igual te molestaré y te recordaré que debes seguir al dÃa. Nadie lo imaginó, menos yo, pero aquà me tienes. Pues tus amigas parecen tener razón. Ya sé, cada vez que sonrÃas, te pagaré con algo, cualquier cosa… Solo hazlo.— Soltó una carcajada y la miró desafiante.— Lo haré siempre que lo desee, Tessa.
¿Qué? ¿El punto aquà es molestar, cierto? —negó con una ligera sonrisa— Genial, ¿qué te parece un millón de pesos? Mi sonrisa vale oro... —bromeó, para luego soltar una carcajada sin lograr evitarlo— Ya quiero ver con que me pagarás. —Encarnó una ceja observándolo de igual manera— Cada vez que me guiñes te golpearé, tenlo por seguro.Â










