Milagrosamente ese día Ginevra no estaba hecha una rabia y lucía una bonita sonrisa, era de las pocas veces que se veía feliz, ¿A qué se debía el cambio radical? Ni siquiera ella tenía idea, solamente había decidido no ser una jodida neurótica por lo que restaba el día; milagrosamente no había tenido una discusión, pelea o un “encuentro” como ella los llamaba.
Una hora antes de su receso había tenido entrenamiento de natación, aquélla clase extracurricular le había brindado la relajación que las series de televisión, pastelillos bajos en grasa y los té que tanto consumía no le brindaban. Por ésta misma razón su cabello lucía más rojo que de costumbre y llevaba su blusa ceñida al cuerpo debido a su traje de baño húmedo (hecho que la incomodaba pero podía soportar) y claro unos shorts suaves que hacían juego.
Todo ocurrió tan rápido que tardó un par de minutos en procesarlo, primero le habían lanzado una gama de silbidos para después escuchar piropos vulgares a su persona.
“Respira, eres muchísimo mejor que todos estos idiotas”
Repitió una y otra vez como un mantra, se sentía como un náufrago aferrándose al único pedazo de madera que era la delgada línea entre la vida y la muerte; solo que esta vez en lugar de vivir o morir era mantenerse serena o sumirse en la asquerosa rabia. Casi logró volver a la comodidad que le daba felicidad pero entonces sintió que uno de aquellos chicos había tenido el atrevimiento de tocarle el trasero.