heedlevs:
Minimizó las dudas que tenía en ese momento y trató de aferrarse a la seguridad que emanaba del mayor. ¿Cómo podía ser tan frío? A pasos de matar, a pasos de quitarle un familiar del camino. Se refugió en el beso que le ofreció y tomó su mano con suspenso, como si fueran parte de una película. “Espero no extrañarla” dijo, atreviéndose a bromear. “Creo que es hora de llevarle el desayuno” susurró Lucian y soltó solo una mano para acercarse a la tasa de té. Jugó con el agua y miró al mayor en busca de ayuda. “Nunca nos decidimos… ¿lo haremos parecer un accidente o de verdad la enterraremos por ahí?” visualizó en la repisa, dos frascos totalmente letales para la anciana. El azúcar, la que tardaría unas horas en matarla y el veneno de ratas, el que la haría desaparecer rápidamente.
“Lo segundo,” dijo con una seguridad propia de un asesino de sangre fría, y el que sonriera después no hizo más que empeorar su imagen, pero lo decía en serio: a esa mujer nadie la iba a extrañar, así que enterrarla tampoco supondría una búsqueda. O eso creía él. “Vamos,” animó, “tengo el lugar ideal.” Palmeó sus hombros y lo atrapó por la cintura, alentándolo a encaminarse a la habitación de la anciana para llevar a cabo aquel plan del que tanto habían hablado. “Toc toc,” bromeó, golpeteando la puerta de igual manera. Sabía que ver su rostro le alegraba poco y nada, más aún conociendo su relación con Lucian, por lo que imitó el ruido de nueva cuenta y le entregó una expresión soberbia. Si tan solo supiera, pensó.


















