David Bowie, chico cósmico, te has lanzado al espacio; chico de colores y rayos, estoy mirándote, estás adornado con todos tus brillos y disfraces, hay un coro despidiéndote mientras te alzas y cruzas el puente que te llevará a tu planeta, una vida más ligera, sin más de lo de siempre. Me gustaría que me vieras, ¿puedes ver desde allá, mi niña pena? Te digo adiós, hasta otra, lloro y sonrío porque caíste aquí con profecías y sorpresas detrás del oído, entendimiento en la boca; tú que tuviste el corazón que pudo, en algún momento, verlo todo en pureza, en su desnudo. Has conquistado la vida, entendiste la magia, la dimensión ignorada y la lengua extraña. Por sobre todo, nos enseñaste, abriste tantos caminos a la fuerza, diciéndonos a gritos ¡acéptense y hagan arte! Te abrazo con cariño, afecto e infinito agradecimiento, puesto que me has dado miles de momentos, espíritu que se quema y buena poesía. Tú que viste lo que nadie pudo ver, tú, bendito, que hiciste lo que nadie se atrevió y volcaste tu vida a lo que siempre amaste y nunca te traicionó: la música. Tú, que siempre desafiaste e incluso ganaste a la muerte, que esperaste el día con paciencia y aún así nos dejaste un último regalo, un preciado mensaje: que en el dolor sea la pasión, que en la inminente muerte sea la fuerza de espíritu, la fuerza senadora de la creación. Hoy te has ido de aquí y algo se quebró para siempre, al mundo lo atravesó una sombra oscura, tu marcha arrancó algo preciado del alma, un sentimiento hermoso marchó para siempre, un padre despidiéndose de casa. No sé si recuerdas la primera vez que tú y yo nos encontramos, ese primer reencuentro donde lloré un buen rato: la tierra es azul y no hay nada que pueda hacer. Ya no estás y no hay nada que pueda hacer. Una sensación terrible, quererte tanto y tomar esta pérdida aunque no me pertenezca, la confusión en los ojos, pero me diste tanto de ti y mucho de mí se ha ido contigo. Porque no puedo desprenderme del anhelo de tu ida, del deseo de que vuelvas para decírtelo a tus ojos vivos, pero estás descansando, estás descansando de una vida. Y aunque te has ido sigues repartido por aquí, en cada melodía y fotografía, sigues aquí mismo como vivo, sonriente, rebelde, siempre adelantado. Adiós querido Bowie, nos vemos algún día, yo te seguiré escuchando, recordando los momentos de baile en la cocina, los cantos histéricos, entrecortados, en cualquier lado. Abrazos eternos que me unan contigo allí donde estés, a tu estrella negra, a tu constante vida después de la muerte.