El derecho a saber cuándo se vulneran los derechos
Hoy, 10 de diciembre, se celebra el Día de los Derechos Humanos, en conmemoración de la Declaración Universal de Derechos Humanos, aprobada el mismo día de diciembre del año 1948, hace nada más y nada menos que 68 años.
Estos 68 años me darían para escribir, por desgracia, 68000 páginas acerca de todos y cada uno de los derechos que fueron proclamados por la ONU en 1948 y que siguen siendo vulnerados a día de hoy, pero he querido centrarme en uno en concreto, y no solamente porque este blog verse sobre comunicación, sino porque considero que este derecho es el que da voz a todos los demás. Sí, estoy refiriéndome a la libertad de información.
Quiero destacar especialmente la labor de una organización que lleva más de 30 años luchando en defensa de la libertad de información: Reporteros Sin Fronteras, fundada en 1985 en Montpellier.
He aquí un ejemplo de su publicidad gráfica, un anuncio que se compone, sencillamente, de una imagen de Putin con las manos pixeladas, y un claim de cinco palabras junto al logotipo del anunciante. El claim “Censorship tells the wrong story” (“la censura cuenta la historia errónea”) junto a la imagen pixelada de Putin, pretende transmitir que la censura puede dar lugar a interpretaciones erróneas por parte del receptor, al modificarse u omitirse parte del contenido original.
Han pasado 68 años desde la Declaración Universal de los Derechos Humanos y la censura sigue siendo una realidad evidente, pero quedan muchos más años por delante y no debemos olvidar que, como expuso la RSF, “La libertad de expresión y de información es la primera de las libertades. No se puede luchar contra la masacre de civiles o la plaga de los niños soldados, defender los derechos de las mujeres o preservar el medioambiente si los periodistas no son libres de informar sobre los hechos, de denunciar los abusos y de interpelar la consciencia general”.
No olvidemos, ni hoy ni nunca, que el periodismo libre e independiente es el único que resulta verdaderamente útil en un sistema democrático. Yo, al menos, no quiero seguir viviendo en un mundo que es ciego, sordo y mudo.












