En 1870, al cabo de cinco años de guerra, los países invasores terminaron de arrasar el Paraguay. El Paraguay fue exterminado en nombre de la libertad de comercio y entre sus ruinas humeantes no sobrevivió casi nadie, no sobrevivió casi nada. Pero sí sobrevivió lo más importante: Entre tanta muerte, sobrevivió el nacimiento. Y en el nacimiento estaba la lengua guaraní, la certeza de que la palabra es sagrada, porque en guaraní “nyehé” significa palabra y también significa alma y, por lo tanto, quién miente la palabra traiciona el alma. Según cuenta la más vieja de las tradiciones en esas tierras, desde el fondo de un cedro resonó por primera vez la lengua que llamaba a los paraguayos. Ellos no existían. Nacieron de la palabra que los nombró.
Eduardo Galeano. La fundación del lenguaje.














