( margo. )
La doncella se quedó estupefacta ante el accionar del conductor, quien no mostró rasgo de humanidad en ningún momento y mucho menos cuando huyó. Aún así las palabras del rubio la trajeron de nuevo a la realidad, provocando que se acercara con rapidez para ser capaz de brindar alguna ayuda—. Lo siento, sólo me superó lo bestia del estúpido del auto, dios mío —masculló al tiempo que negaba con la cabeza. Sus orbes azules seguían clavadas en el pequeño animal herido, temerosa siquiera de tocarlo—. Hay un veterinario a unas cinco cuadras, pero por tonta no me he tomado la molestia de recordar el número ¿Crees poder llevarlo a tiempo? Pobrecito…
Conocía de vista a una de las doncellas del palacio, sin embargo, no recordaba haber intercambiado palabra alguna con ella— Es un animal, por Dios. No iban a llevarlo preso por detenerse y ayudarlo. —negó, la frustración podía ser detectada en cada sílaba pronunciada, mas su gesto continuaba intacto, rozando la indiferencia— ¿Cinco? Sí, supongo, pero si me acompaña sería de gran ayuda. Estoy algo desorientado y... las mujeres tienen mejor memoria en cuanto a medicamentos se trata. —o así creía él. Una mirada rápida bastó para examinar el pequeño cuerpo canino, su ceño fruncido se apaciguó al notar que las heridas no resultaron demasiado graves— Bueno, al menos va a sobrevivir.














