Ser punk en el oriente de Venezuela era duro, alejado de lo que ya estaba muy visto en la capital, salir cada día a la calle era una ruleta rusa, la violencia era pan de cada día. cada cosa que tuviese que ver con el punk era un desafío, y aún así con nuestros aciertos y errores hicimos bastante, grabamos nuestros propios discos, editamos nuestro propio material, hacíamos nuestros propios conciertos apartados del aparato “cultural” del estado (muy potente en ese entonces), hicimos jornadas y encuentros punk/anarquistas, fanzines, programas de radio, acciones varias, y mucho más. Nos tomábamos la autogestión muy enserio (aún lo hago, a título personal), éramos pocos pero supongo que éramos los que éramos, Extraño esa época, tanta energía y tantas ganas de aprender y conocer cosas nuevas.