Hoy es el día. Hace 45 años a las 21:00 venía al mundo «miniyo». El parto no fue lo más complicado para mi madre sino los años de adolescenc
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Hoy es el día. Hace 45 años a las 21:00 venía al mundo «miniyo». El parto no fue lo más complicado para mi madre sino los años de adolescenc
Hola, adiós
¿Alguna vez te ha pasado que alguien te hace esta pregunta?: "¿Por qué te quejas de tu trabajo si ganas mucho dinero?" Y es cierto, el sueldo permite llevar una vida cómoda. El problema son los momentos que te pierdes.
Esos días importantes: una cita médica cuando tu mujer está embarazada, los cumpleaños de tus hijos, la boda de un amigo, el primer día en la guardería, el primer diente que se le cae a tu hija, la operación rutinaria de tu madre, o incluso la oportunidad de despedirte de tu padre el día que falleció porque estabas en medio del océano.
Nada de eso tiene precio. No hay dinero en el mundo que lo compense.
Pero nunca, nunca cuestiones el trabajo de alguien que trabaja en el mar, sin importar el sector. Piensa en lo que esa persona ha sacrificado. Esa persona extraña a sus hijos y su familia más de lo que cualquiera puede imaginar. Esa persona, por muy fuerte que parezca, llora a escondidas el día que se va al barco. Llora a escondidas cuando está en alta mar y hay un problema grave en casa.
Esa persona se siente derrotada después de una guardia interminable, trabajando siete días a la semana durante dos o tres meses seguidos.
Créeme, con mi enfermedad, la vida me ha enseñado a valorar lo que tengo, y el dinero pasa a un segundo plano. Y aún así, lo extraño todo.
Extraño algo. Extraño tomar un vuelo para embarcar. Extraño hacer la maleta. Extraño ese olor a salitre que me ha acompañado desde niño, cuando mi padre regresaba a casa con su maleta impregnando el olor del mar por toda la casa.
Pero si hay algo bueno en trabajar en el mar, algo más valioso que todo el dinero del mundo, es ese momento en que vuelves a casa y estás con tus seres queridos.
La banda sonora de mi vida
Ayer, rebuscando entre cajas y bolsas mientras hacía limpieza, me encontré con un viejo iPod. Si no recuerdo mal, todo encaja alrededor de 2006. Era un año de Fito y Fitipaldis, Nena Daconte, Quique González… Pereza lo petaba, Bunbury y Vegas con El tiempo de las cerezas, entre muchos más.
Estoy a la espera de encontrar un cable para poder encender mi viejo iPod, eso sí, si funciona. Podría apostar a que no faltan REM, Extremoduro, Queen, Héroes del Silencio, Bunbury, Platero y Tú, Los Rodríguez, Calamaro, Ariel Rot... Ni qué decir tiene que los Beatles me han acompañado desde los 13 años. Apuesto también a que habrá algo de The Cranberries, con la peculiar voz de Dolores O’Riordan. Rock argentino que siempre me ha encantado: Soda Stereo, Charly García, Spinetta, Ataque 77, Bersuit Vergarabat... Así podría estar horas nombrando artistas de mi agrado.
Ah, por cierto, mi disco favorito: Achtung Baby de U2. Aún recuerdo cuando me robaron en mi viejo Saxo VTS. Se llevaron la radio… y ese CD. Menos mal que alguien se apiadó de mí y me lo regaló de nuevo.
Antes del iPod estaban los CD, y antes los cassettes. Aún recuerdo lo útil que era un bolígrafo Bic para rebobinarlos.
Eran épocas en las que te comprabas un CD y te escuchabas los 12 o 13 temas de pe a pa. Te sabías las letras de las 13 canciones (excepto Calamaro, que te sacaba un triple CD con 50 canciones). Hoy en día tenemos Spotify, Apple Music, Tidal, etc. No puedo negar que toda evolución es buena, pero ahora... ¿quién se escucha las 10 canciones del nuevo álbum de un artista?
Echo de menos lo analógico: el sonido de un tocadiscos, el auricular con cable conectado al discman.
Al final, todo vale y hay que adaptarse a los nuevos tiempos. Lo importante es escuchar una buena canción en el momento adecuado.
La banda sonora de mi vida
Ayer, rebuscando entre cajas y bolsas mientras hacía limpieza, me encontré con un viejo iPod. Si no recuerdo mal, todo encaja alrededor de 2006. Era un año de Fito y Fitipaldis, Nena Daconte, Quique González… Pereza lo petaba, Bunbury y Vegas con El tiempo de las cerezas, entre muchos más.
Estoy a la espera de encontrar un cable para poder encender mi viejo iPod, eso sí, si funciona. Podría apostar a que no faltan REM, Extremoduro, Queen, Héroes del Silencio, Bunbury, Platero y Tú, Los Rodríguez, Calamaro, Ariel Rot... Ni qué decir tiene que los Beatles me han acompañado desde los 13 años. Apuesto también a que habrá algo de The Cranberries, con la peculiar voz de Dolores O’Riordan. Rock argentino que siempre me ha encantado: Soda Stereo, Charly García, Spinetta, Ataque 77, Bersuit Vergarabat... Así podría estar horas nombrando artistas de mi agrado.
Ah, por cierto, mi disco favorito: Achtung Baby de U2. Aún recuerdo cuando me robaron en mi viejo Saxo VTS. Se llevaron la radio… y ese CD. Menos mal que alguien se apiadó de mí y me lo regaló de nuevo.
Antes del iPod estaban los CD, y antes los cassettes. Aún recuerdo lo útil que era un bolígrafo Bic para rebobinarlos.
Eran épocas en las que te comprabas un CD y te escuchabas los 12 o 13 temas de pe a pa. Te sabías las letras de las 13 canciones (excepto Calamaro, que te sacaba un triple CD con 50 canciones). Hoy en día tenemos Spotify, Apple Music, Tidal, etc. No puedo negar que toda evolución es buena, pero ahora... ¿quién se escucha las 10 canciones del nuevo álbum de un artista?
Echo de menos lo analógico: el sonido de un tocadiscos, el auricular con cable conectado al discman.
Al final, todo vale y hay que adaptarse a los nuevos tiempos. Lo importante es escuchar una buena canción en el momento adecuado.
💬 0 🔁 4 ❤️ 8 · Un rayo de esperanza para los pacientes de Parkinson: Un nuevo tratamiento con nanopartículas · Podría revolucionar la form
¿Alguna vez te ha pasado que alguien te hace esta pregunta?:
⁉️Por qué te quejas de tu trabajo si ganas mucho dinero⁉️
Y es cierto, el sueldo permite llevar una vida cómoda.
El problema son los momentos que te pierdes.
Esos días importantes: una cita médica cuando tu mujer está embarazada, los cumpleaños de tus hijos, la boda de un amigo, el primer día en la guardería, el primer diente que se le cae a tu hija, la operación rutinaria de tu madre, o incluso la oportunidad de despedirte de tu padre el día que fallece porque estás en medio del océano.
Nada de eso tiene precio. No hay dinero en el mundo que lo compense.
Pero nunca, nunca cuestiones el trabajo de alguien que trabaja en el mar, sin importar el sector. Piensa en lo que esa persona ha sacrificado. Esa persona extraña a sus hijos y su familia más de lo que cualquiera puede imaginar. Esa persona, por muy fuerte que parezca, llora a escondidas el día que se va al barco. Llora a escondidas cuando está en alta mar y hay un problema grave en casa.
Esa persona se siente derrotada después de una guardia interminable, trabajando siete días a la semana durante dos o tres meses seguidos.
Créeme, con mi enfermedad, la vida me ha enseñado a valorar lo que tengo, y el dinero pasa a un segundo plano.
Y aún así, lo extraño todo.
Extraño algo. Extraño tomar un vuelo para embarcar. Extraño hacer la maleta. Extraño ese olor a salitre que me ha acompañado desde niño, cuando mi padre regresaba a casa con su maleta impregnando el olor del mar por toda la casa.
Pero si hay algo bueno en trabajar en el mar, algo más valioso que todo el dinero del mundo, es ese momento en que vuelves a casa y estás con lis tuyos.
Arde Bogotá · COWBOYS DE LA A3 · Song · 2023
Yin & Yang
La armonía se alcanza cuando el yin y el yang están en equilibrio, no cuando uno es superior al otro. Cada uno contiene la semilla del otro, lo que permite la transformación y el movimiento (fuente externa).
La de cosas que pueden pasar en un año… La vida te da un vuelco, te pone del revés, das unas cuantas vueltas y, de pronto, vuelves a estar derechito, como Dios manda, y a tirar pa’lante.
Hace cosa de un año dejé mi trabajo. Casi 20 años dando mil vueltas por esos mundos dejados de Dios (como dice la canción de M-Clan).
El día que dejaba el barco en helicóptero, ya sabía que iba a ser mi último embarque. Empezaba el insomnio, los pequeños tropezones, los despistes en cubierta. Sentía miedo: miedo de estar fuera de casa y que me pasara algo. Sentía que mi aventura había llegado a su fin.
Me ha costado meses asimilar la realidad. El verano pasado, apenas un par de veces me acerqué a la playa. No me apetecía ver a nadie; me encerré en casa.
Hoy, casi un año después, no estoy dispuesto a volver a pasar por lo mismo. Siento más tranquilidad, más armonía. Me apetece la playa, estar con gente, disfrutar cada minuto con la familia.
Al final, lo que nos queda son los recuerdos de los buenos momentos vividos… y las lecciones aprendidas de los malos.
VIVIR ES LA META
Hace unos días, indagando en una red social, di con un documental que me hizo recapacitar. Cambió por completo mi visión sobre el Parkinson, y lo mejor de todo: me levantó del sofá. Tal cual. Don Alberto Estrada me levantó del sofá.
Digna de ver esta joya de documental se titula ¨Vivir es la meta¨ de ZIMA visuales.
Alberto tiene 42 años y tiene Parkinson. Convive con la enfermedad desde hace 2 años. Él ha sido deportista toda su vida. Es triatleta desde los 15 años, llegó a hacer un Ironman y desde hace unos años también hace carreras de trail.
El tiempo que tenemos de vida es limitado, pero a veces no somos conscientes hasta que recibimos un aviso. Alberto despertó el día que supo su diagnóstico. El tiempo para cumplir sus metas era finito, y no quiere irse de esta vida sin alcanzar todos sus sueños. Uno de los sueños de Alberto Estrada era correr la Ultra Trail 100 Millas Sierras del Bandolero. Una carrera de ultra distancia de 160 kilómetros con más de 12 mil metros de desnivel acumulado que une las localidades de Prado del Rey (Cádiz) y Ronda (Málaga), a través del Parque Natural Sierras de Grazalema y Líbar. Toda una aventura de más de 24 horas que quedan resumidas en este documental, VIVIR ES LA META - CORRIENDO 100 MILLAS CON PARKINSON, en el que conoceremos la importancia del deporte y las actividades que te apasionan para luchar contra los síntomas del Parkinson.
Fuente (Youtube, ZIMA visuales, Documental Vivir es la meta)
o cabe duda de que todos estamos expuestos a situaciones adversas, tanto en la salud como en la vida, pero la forma en que Alberto gestiona todo esto lo hace aún más admirable. Me siento plenamente identificado con él y, aunque pongo empeño en mi vida cotidiana, todavía me falta dar ese paso de levantarme del sofá.
Una de las cosas que no soy capaz de comprender es cómo el Parkinson puede limitar tanto ciertos movimientos, como caminar o realizar tareas diarias. Y, sin embargo, ocurre todo lo contrario con actividades como montar en bicicleta, subir escaleras o correr, aunque sea solo 50 metros. Son momentos en los que uno se siente en total libertad.
Muchos me preguntaréis: si es así, ¿por qué no sales a correr?, ¿por qué no te subes a la bicicleta?, ¿por qué no te pones a subir escaleras? Hasta ahora, os habría respondido: por vagancia, porque no tengo tiempo…
Pero ha sido con este documental donde he encontrado la verdadera respuesta:
Me la ha dado Alberto.
Uno se alegra de ver a personas como Alberto, que pone todo su empeño en hacer que la enfermedad sea más visible y conocida. Además, ayuda a que la gente deje de relacionarla únicamente con los temblores de la "gente mayor". Cada día salen a la luz más casos de jóvenes que, desafortunadamente, reciben este diagnóstico y enfrentan innumerables síntomas. Creedme, el temblor es, por ahora, el menor de mis problemas.
El 11 de abril fue el Día Mundial del Párkinson. Al terminar el día, la mayoría se olvidará hasta el próximo año, pero nosotros seguiremos con nuestras "movidas", y nadie se volverá a acordar hasta que llegue otro 11 de abril. Esa es la realidad.
Si está en mi mano, como lo está en la de Alberto, dar a conocer y hacer más visible esta enfermedad, así lo haré.
Pd: Gracias Alberto, por responder a mi mensaje.
Pa’ Lante
Hay un momento en la vida en el que uno deja de pedir permiso. No es que deje de importar todo de golpe, pero sí cambia el orden de prioridades. En mi caso, el diagnóstico de Parkinson no fue el final de nada, sino más bien un punto de partida. Una sacudida. Una invitación brutal y sincera a empezar a vivir con más conciencia.
Con el tiempo, aprendí que hay cosas que se llevan mejor cuando se sueltan. Y una de ellas es la opinión ajena. ¿Qué van a decir? ¿Qué van a pensar? ¿Qué importa? Nadie más vive en este cuerpo. Nadie más escucha cómo tiembla el silencio en mis manos. Nadie más escribe desde mi lugar. Así que no, no me importa tanto lo que digan los demás.
Que tengan buen viaje los guerreros que son fieles a su pueblo