Entre Padre e Hijo | KookV
4. Los besos de papá (Pt 1)
Jungkook quería matar a alguien, preferentemente a su queridísima y muy irritante compañera, Chaerin. Con su peor cara y un tic en la mejilla, levantó su rostro de la pila de papeles que debía controlar. Pila que, dicho sea de paso, parecía aumentar más de lo que disminuía.
—¿A ti te parece bien traer una mujer diferente cada semana?— La sirvienta se apoyó sobre el escritorio, su cabello teñido para tapar las canas le caían sobre el rostro y Jungkook sólo pudo suspirar, sacando paciencia de donde no había para no mandarla al garete por interrumpirlo en el estudio.
—¿Cuál es el problema ahora?— Cuestionó con su voz expresando lo irritado que estaba. No quería estorbos en su trabajo, lo había dejado claro un sin fin de veces frente a sus trabajadores. Chaerin no debía ser la excepción. Chaerin no debería estar frente a él, con la vena en su cuello palpitando y la rabia pintada en sus ojos.
Jungkook sabía de sobra que ella le iba a recriminar algo.
—Es una terrible imagen para tu hijo, Jungkook, deberías pensar… — Y ahí estaba la tontería. No pudo controlar el blanquear sus ojos ante ella y dejar escapar un bufido de su boca.
—Tengo treinta años, Chaerin— Aclaró, porque la mujer parecía no entender que su actitud de madre protectora sobraba mucho—Y Taehyung está rozando los siete, es bastante capaz de entender que necesito tener contacto con personas de mi edad— La obviedad escapándose en el tono de sus palabras y las ganas de mandarla bien lejos iban en aumento.
—¿Qué es lo que te pasa? Habías hecho un avance con tu hijo y ahora, mírate, eres un desastre— Chaerin tiró su cabello hacia atrás antes de masajear su frente con los ojos cerrados y un ceño fruncido bastante prominente. ¿Acaso ella tenía el derecho a ser la frustrada? ¿Era una broma?
—¿No te parece suficiente? Todo lo que haces es controlar mi vida, soy un hombre, Chaerin, un adulto, no te necesito corrigiéndome cada paso que hago— Cada palabra remarcada con la molestia que Jungkook no se preocupó en ocultar. Años al lado de ella le habían enseñado a ser transparente si quería callarla cuando decía tonterías.
Lamentablemente, Jungkook no sabía diferenciar tonterías de seriedades.
—Eres un hombre que es incapaz de si quiera abrazar a su hijo— Ella no dudó en cruzarse de brazos, su voz tembló en algún momento de la frase y Jungkook se recosto contra su silla. Era una guerra, y Chaerin parecía que iba a rendirse antes de que siquiera empezara.
—No lo entenderías— Retrucó. Y era totalmente cierto, ella no entendería lo que había pasado hacía años, lo qué el había sentido y “sentía” todavía en su cuerpo cuando su hijo lo tocaba. Nadie podría hacerlo —Él no tiene problemas con ello, soy un buen padre— Agregó, sus últimas palabras siendo más un consuelo para sí mismo que para convencerla. Sabía que no la convencería.
Él no era un buen padre de todos modos. No podía serlo, los recuerdos eran un claro ejemplo.
—¿Y el contacto físico? ¿El cariño? Las palabras son vacías, antes podías darle cientos de besos, ¿Acaso piensas en cómo se siente él cuando sus compañeros… — No, Jungkook no quería oírlo, y una mierda. Ella tenía que cerrar la boca en ese preciso instante, él se la cerraría.
—¡¿Quieres dejarme tranquilo, mierda?!— Vociferó, un puñetazo estrellándose con fuerza contra el escritorio de madera. El silencio cayó pesado, junto con el sobresalto de la mujer y sus ojos abiertos de par en par. Jungkook estaba seguro de que los latidos de ambos corazones acelerados se podrían oír si se prestaba mucha atención.
Chaerin relajó su postura, con su mirada indulgente y Jungkook vio algo de tristeza en su rostro. Tragó, porque la culpa golpeó fuerte en su cuerpo y su puño se relajó, dejando descansar la mano sobre el escritorio.
—Bien, haz lo que quieras— Susurró Chaerin, dándole un último vistazo a Jungkook antes de abrir la puerta y salir de ella con un suave portazo.
Jungkook cerró los ojos y exhaló.
Taehyung se aferró a su mochila, caminando con pasos exageradamente largos para su cuerpo mientras volvía hacia su casa con su Tía. Bueno, él le decía tía, pero Sehun le había dicho que no era hermana de su papá.
A él no le importaba, él la quería mucho.
Y hablando de querer…
—Chaerin— Habló, deteniendo su andar extravagante para ponerse a la par de la mujer.
—¿Pasa algo, Tae? — La mano de Chaerin se apoyó en su hombro, como una caricia dulce y comprensiva, haciendolo sonreír. Ella lo escuchaba, al menos.
No debía tener miedo de preguntarle las cosas que no entendía. ¿No?
—¿Por qué papá le da tantos besos a las señoras que vienen a casa?— Soltó, con sus ojitos viajando por el cielo algo nublado y los edificios tan altos de su ciudad.
Su tía se mantuvo en silencio unos segundos, pudo sentir que ella intentó hablar un par de veces antes de que un suspiro saliera de su boca y finalmente le diera la respuesta.
—Porque las quiere— Explicó, titubeando, antes de agregar en un susurro—O algo así.
A Taehyung el rompecabezas se le armó sólo. No le gustó, y frunció el ceño.
—Entonces ¿No me quiere?— Cuestionó, deteniéndose bruscamente para mirar a su tía al rostro.
Ella se detuvo metros más adelante, volviéndose con una sonrisa algo extraña, era rara en su rostro. Ella no solía sonreír así.
—Sí lo hace, pero es diferente, de otra manera— Justificó la mujer, teniéndole su mano a Taehyung para que este la tomara y siguiesen con su camino a casa. El niño la agarró con recelo, haciendo un mueca lo bastante inconforme como para que su tía suspirara.
—¿Por qué?— Preguntó, deteniéndose al borde de la calle para mirar a ambos lados.
—Eso te lo tendría que explicar tu papá— Chaerin avanzó tirando de su brazo para cruzar la calle rápidamente. Taehyung la siguió saltando de línea blanca en línea blanca.
—Pero papá no tiene tiempo para explicarme— Insistió cuando subieron a la vereda. Su tía se giró, con una mirada de advertencia en su rostro que hizo a Taehyung bajar la suya.
Él ya entendía cuando iba demasiado lejos.
—Taehyung— Lo regañó, arqueado una de sus cejas. El niño respiró profundamente, tratando de enterrar sus dudas en la caja de arena de su cabeza. Luego le preguntaría a su papá.
Levantó su mirada con una sonrisa muy cuadrada y muy bonita.
—Está bien— Está bien, cedió.
Voy a morir














